Necio fuera, señora, en tal momento,
rebuscando un concepto pretencioso
digno de honrar sujeto tan glorioso,
esforzar el indócil pensamiento.
Permitid que, de tal martirio exento,
vuele desatinado y caprichoso
para expresar cuán grande, cuán hermoso
es el placer que al escucharos siento.
El ánimo os persigue embebecido,
altérase el aliento acompasado