Concluyo, pues, con decir, que es bien probable de pensar, que los primeros aportaron á Indias por naufragio y tempestad de mar. Mas ofrécese aquí una dificultad, que me da mucho en qué entender, y es, que ya que demos, que hayan venido hombres por mar á tierras tan remotas, y que de ellos se han multiplicado las naciones que vemos; pero de bestias y animales, que cria el nuevo orbe, muchas y grandes, no sé cómo nos demos maña á embarcarlas, y llevarlas por mar á las Indias. La razon porque nos hallamos forzados á decir, que los hombres de las Indias fueron de Europa ó de Asia, es, por no contradecir á la sagrada Escritura, que claramente enseña, que todos los hombres descienden de Adán, y así no podemos dar otro origen á los hombres de Indias. Pues la misma divina Escritura tambien nos dice[104], que todar las bestias y animales de la tierra perecieron, sino las que se reservaron para propagacion de su género, en el arca de Noé. Asi tambien es fuerza reducir la propagacion de todos los animales dichos á los que salieron del arca en los montes de Ararát, donde ella hizo pie: de manera, que como para los hombres, así tambien para las bestias, nos es necesidad buscar camino, por donde hayan pasado del viejo mundo al nuevo. San Agustin tratando esta cuestion[105]: cómo se hallan en algunas Islas lobos, y tigres y otras fieras, que no son de provecho para los hombres, porque de los elefantes, caballos, bueyes, perros y otros animales, de que se sirven los hombres, no tiene embarazo pensar, que por industria de hombres se llevaron por mar con naves, como los vemos hoy dia, que se llevan desde Oriente á Europa, y desde Europa al Perú con navegacion tan larga; pero de los animales, que para nada son de provecho, y antes son de mucho daño, como son lobos, en que forma hayan pasado á las Islas, si es verdad, como lo es, que el diluvio bañó toda la tierra, tratándolo el sobredicho santo y doctísimo varon, procura librarse de estas angustias, con decir, que tales bestias pasaron á nado á las Islas, ó alguno por codicia de cazar las llevó, ó fue ordenacion de Dios, que se produjesen de la tierra, al modo que en la primera creacion dijo Dios[106]: Produzca la tierra ánima viviente en su género, jumentos y animales rateros, y fieras del campo, segun sus especies. Mas cierto que si queremos aplicar esta solucion á nuestro propósito, mas enmarañado se nos queda el negocio. Porque comenzando de lo postrero, no es conforme al órden de naturaleza, ni conforme al orden del gobierno que Dios tiene puesto, que animales perfectos como leones, tigres y lobos se engendren de la tierra sin generacion. De ese modo se producen ranas, y ratones, y abispas, y otros animalejos imperfectos. Mas ¿á qué propósito la Escritura tan por menudo dice[107]: Tomarás de todos los animales, y de las aves del Cielo siete y siete, machos y hembras, para que se salve su generacion sobre la tierra, si habia de tener el mundo tales animales despues del diluvio por nuevo modo de produccion sin junta de macho y hembra? y aún queda luego otra cuestion: ¿por qué naciendo de la tierra, conforme á esta opinion, tales animales, no los tienen todas las tierras é Islas, pues ya no se mira el órden natural de multiplicarse, sino sola la liberalidad del Criador? Que hayan pasado algunos animales de aquellos por pretension de tener caza, que era otra respuesta, no lo tengo por cosa increíble, pues vemos mil veces que para sola grandeza suelen Príncipes y Señores tener en sus jaulas leones, osos y otras fieras, mayormente cuando se han traído de tierras muy lejos. Pero esto creerlo de lobos y de zorras, y de otros tales animales bajos y sin provecho, que no tienen cosa notable, sino solo hacer mal á los ganados, y decir que para caza se trajeron por mar, por cierto es cosa muy sin razon. ¿Quién se podrá persuadir, que con navegacion tan infinita, hubo hombres, que pusieron diligencia en llevar al Perú zorras, mayormente las que llaman añas, que es un linage el mas sucio y hediondo de cuantos he visto? ¿Quién dirá, que trajeron leones y tigres? Harto es y aun demasiado, que pudiesen escapar los hombres con las vidas en tan prolijo viage, viniendo con tormenta, como hemos dicho, cuando mas trazar de llevar zorras y lobos, y mantenerlos por mar. Cierto es cosa de burla aun imaginarlo. Pues si vinieron por mar estos animales, solo resta, que hayan pasado á nado. Esto es ser cosa posible y hacedera, cuanto á algunas Islas que distan poco de otras, ó de la tierra firme, no se puede negar la experiencia cierta, con que vemos, que por alguna grave necesidad á veces nadan estos animales dias y noches enteras, y al cabo escapan nadando; pero esto se entiende en golfillos pequeños. Porque nuestro Océano haría burla de semejantes nadadores, pues aun á las aves de gran vuelo les faltan las alas para pasar tan gran abismo. Bien se hallan pájaros, que vuelen más de cien leguas, como los hemos visto navegando diversas veces; pero pasar todo el mar Océano volando es imposible, ó á lo menos muy difícil. Siendo así todo lo dicho, ¿por dónde abriremos camino para pasar fieras y pájaros á las Indias? ¿de qué manera pudieron ir del un mundo al otro? Este discurso que he dicho, es para mí una gran congetura para pensar que el nuevo orbe, que llamamos Indias, no está del todo diviso y apartado del otro orbe. Y por decir mi opinion, tengo para mí dias ha, que la una tierra y la otra en alguna parte se juntan, y continúan, ó á lo menos se avecinan y allegan mucho. Hasta ahora á lo menos no hay certidumbre de lo contrario. Porque al polo Artico, que llaman norte, no está descubierta y sabida toda la longitud de la tierra; y no faltan muchos que afirmen, que sobre la Florida corre la tierra larguísimamente al Septentrion, la cual dicen que llega hasta el mar Scítico, ó hasta el Germánico. Otros añaden, que ha habido nave, que navegando por allí, relató haber visto los bacallaos correr hasta los fines cuasi de Europa. Pues ya sobre el cabo Mendocino en la mar del sur, tampoco se sabe hasta dónde corre la tierra, mas de que todos dicen que es cosa inmensa lo que corre. Volviendo al otro polo del sur, no hay hombre que sepa dónde para la tierra, que está de la otra banda del Estrecho de Magallanes. Una nave del Obispo de Plasencia, que subió del Estrecho, refirió, que siempre habia visto tierra, y lo mismo contaba Hernando Lamero, piloto, que por tormenta pasó dos ó tres grados arriba del Estrecho. Así que ni hay razon en contrario, ni experiencia que deshaga mi imaginacion, ú opinion, de que toda la tierra se junta, y continúa en alguna parte, á lo menos se allega mucho. Si esto es verdad, como en efecto me lo parece, fácil respuesta tiene la duda tan difícil, que habíamos propuesto: cómo pasaron á las Indias los primeros pobladores de ellas, porque se ha de decir, que pasaron, no tanto navegando por mar, como caminando por tierra; y ese camino lo hicieron muy sin pensar, mudando sitios y tierras poco á poco; y unos poblando las ya halladas, otros buscando otras de nuevo, vinieron por discurso de tiempo á henchir las tierras de Indias de tantas naciones, y gentes, y lenguas.

NOTAS:

[104] Genes. 7. vv. 21. 22. 23.

[105] Augus. lib. 16 de Civit. cap. 7.

[106] Genes. 1. v. 24.

[107] Genes. 7. vv. 2. 3.

CAPÍTULO XXI

En qué manera pasaron bestias y ganados á las tierras de Indias.

Ayudan grandemente al parecer ya dicho los indicios que se ofrecen á los que con curiosidad examinan el modo de habitacion de los Indios. Porque donde quiera que se halla Isla muy apartada de tierra firme, y tambien de otras Islas, como es la Bermuda, hállase ser falta de hombres del todo. La razon es porque no navegaban los Antiguos, sino á playas cercanas, y cuasi siempre á vista de tierra. Á esto se alega, que en ninguna tierra de Indias se han hallado navíos grandes, cuales se requieren para pasar golfos grandes. Lo que se halla son balsas, ó piraguas, ó canoas, que todas ellas son menos que chalupas; y de tales embarcaciones solas usaban los Indios, con las cuales no podian engolfarse sin manifiesto y cierto peligro de perecer; y cuando tuvieran navíos bastantes para engolfarse, no sabian de aguja, ni de astrolabio, ni de cuadrante. Si estuvieran diez y ocho dias sin ver tierra, era imposible no perderse, sin saber de sí. Vemos Islas pobladísimas de Indios, y sus navegaciones muy usadas; pero eran las que digo, que podian hacer Indios en canoa ó piraguas, y sin aguja de marear. Cuando los Indios que moraban en Tumbez vieron la primera vez nuestros Españoles que navegaban al Perú, y miraron la grandeza de las velas tendidas y los bajeles tambien grandes, quedaron atónitos: y como nunca pudieron pensar que eran navios, por no haberlos visto jamás de aquella forma y tamaño, dicen que se dieron á entender que debian de ser rocas y peñascos sobre la mar; y como veian que andaban, y no se hundian, estuvieron como fuera de sí de espanto gran rato, hasta que mirando más vieron unos hombres barbudos que andaban por los navíos, los cuales creyeron que debian ser algunos Dioses, ó gente de allá del Cielo. Donde se ve bien, cuan agena cosa era para los Indios usar naves grandes, ni tener noticia de ellas. Hay otra cosa, que en gran manera persuade á la opinion dicha, y es, que aquellos animales que dijimos no ser creíble haberlos embarcado hombres para las Indias, se hallan en lo que es tierra firme, y no se hallan en las Islas, que disten de la tierra firme cuatro jornadas. Yo he hecho diligencia en averiguar esto, pareciéndome que era negocio de gran momento para determinarme en la opinion que he dicho, de que la tierra de Indias, y la de Europa, y Asia y Africa tienen continuacion entre sí, ó á lo menos se llegan mucho en alguna parte. Hay en la América y Perú muchas fieras, como son leones, aunque estos no igualan en grandeza y braveza, y en el mismo color rojo á los famosos leones de Africa; hay tigres muchos, y muy crueles, aunque lo son mas comunmente con Indios, que con Españoles; hay osos, aunque no tantos; hay javalíes; hay zorras innumerables. De todos estos géneros de animales, si quisiéremos buscarlos en la Isla de Cuba, ó en la Española, ó en Jamáíca, ó en la Margarita, ó en la Dominica, no se hallará ninguno. Con esto viene, que las dichas Islas con ser tan grandes y tan fértiles, no tenian antiguamente, cuando á ellas aportaron Españoles, de esotros animales tampoco, que son de provecho; y ahora tienen innumerables manadas de caballos, de bueyes, y vacas, de perros, de puercos; y es en tanto grado, que los ganados de vacas no tienen ya dueños ciertos, por haber tanto multiplicado, que son del primero que las desjarreta en el monte ó campo: lo cual hacen los moradores de aquellas Islas para aprovecharse de los cueros para su mercancía de corambre, dejando la carne por allí, sin comerla. Los perros han en tanto exceso multiplicado, que andan manadas de ellos; y hechos bravos hacen tanto mal al ganado, como si fueran lobos, que es un grave daño de aquellas Islas. No solo carecen de fieras, sino tambien de aves y pájaros en gran parte. Papagayos hay muchos, los cuales tienen gran vuelo, y andan á bandas juntos; tambien tienen otros pájaros, pero pocos, como he dicho. De perdices, no me acuerdo haber visto, ni sabido que las tengan, como las hay en el Perú, y mucho menos los que en el Perú llaman guanacos, y vicuñas, que son como cabras monteses ligerísimas, en cuyos buches se hallan las piedras bezaares, que precian algunos, y son á veces mayores que un huevo de gallina tanto y medio. Tampoco tienen otro género de ganado, que nosotros llamamos ovejas de las Indias, las cuales, demás de la lana y carne, con que visten y mantienen los Indios, sirven tambien de recua y jumentos para llevar cargas; llevan la mitad de la carga de una mula, y son de poco gasto á sus dueños, porque ni han menester herraduras, ni albardas, ni otros aparejos, ni cebada para su comer; todo esto les dió naturaleza sin costa, queriendo favorecer á la pobre gente de los Indios. De todos estos géneros de animales, y de otros muchos, que se dirán en su lugar, abunda la tierra firme de Indias; las Islas de todos carecen, si no son los que han embarcado Españoles. Verdad es, que en algunas Islas vió tigres un hermano nuestro, segun él refería, andando en una peregrinacion y naufragio trabajosísimo; mas preguntando qué tanto estarian de tierra firme aquellas Islas, dijo, que obra de seis ú ocho leguas á lo más, el cual espacio de mar, no hay duda, sino que pueden pasarle á nado los tígres. De estos indicios, y de otros semejantes se puede colegir, que hayan pasado los Indios á poblar aquella tierra, mas por camino de tierra, que de mar; ó si hubo navegacion, que fué no grande, ni dificultosa, porque en efecto debe de continuarse el un orbe con el otro ó á lo menos estar en alguna parte muy cercanos, entre sí.

CAPÍTULO XXII