Éstas son palabras del sabio Alejandro de Humboldt, cuya opinión y autoridad hacen innecesarios cuantos elogios pudiésemos tributar al autor del presente libro.
José Acosta pertenece á la gloriosa raza española del siglo XVI que tanto hizo por el progreso humano y cuyos trabajos han ido cayendo en olvido porque ni sus compatriotas supieron rendir justo tributo á su memoria, ni todos los extranjeros han sido tan imparciales v honradamente sinceros como Humboldt.
La biografía de Acosta puede, desgraciadamente, reducirse á muy pocas líneas. Nació en Medina del Campo, antiguo reino de León, en 1539, ingresó á los catorce años en la Compañía de Jesús, explicando teología en Ocaña, y en 1571 marchó á América como segundo provincial del Perú. Á este viaje se debe el presente libro. Volvió á España en 1587, fué nombrado rector del colegio de Valladolid, del de Salamanca y visitador de Aragón y Andalucía. En 1592 fué á Roma para asistir, con derecho á votar, á la quinta congregación general de su orden celebrada en tiempo de Clemente VIII, siendo general el P. Claudio Aquaviva. En Italia permaneció dos años, y vuelto á la Patria murió, á los sesenta de edad, siendo rector de Salamanca.
Felipe II le honró sobre manera, deleitándose en oirle contar sus viajes, aventuras, observaciones y trabajos. Escribió en latín varias obras: de ellas hacen mención don Nicolás Antonio, la Biblioteca Jesuítica de los padres Alegambe, Ribadeneira y Sotuello, Barnabita, el P. Jouvenci y las Memorias del P. Nicerón.
Feijóo dice en su discurso XIV intitulado Glorias de España: «Inglaterra y Francia ya por la aplicación de sus academias, ya por la curiosidad de sus viajeros, han hecho de algún tiempo á esta parte no leves progresos en la historia natural de la América; pero no nos mostrarán obra alguna, trabajo de un hombre solo, que sea comparable á la Historia Natural de la América, compuesta por el Padre Joseph de Acosta, y celebrada por los eruditos de todas las naciones. He dicho trabajo de un hombre solo, porque en esta materia hay algunas colecciones que abultan mucho y en que el que se llama autor tuvo que hacer poco ó nada, salvo el aunar en un cuerpo materiales que estaban divididos en varios autores. El P. Acosta es original en su género y se le pudiera llamar con propiedad el Plinio del Nuevo Mundo. En cierto modo más hizo que Plinio, pues éste se valió de las especies de muchos escritores que le precedieron, como él mismo confiesa.
El P. Acosta no halló de quien transcribir cosa alguna. Añádese á favor del historiador español el tiento en creer y circunspección al escribir, que faltó al romano.»
El célebre Antonio de León Pinelo dijo que el Padre Acosta compuso su obra aprovechándose de dos manuscritos: la Historia de los indios de Nueva España y las Antiguallas de los indios de Nueva España, ambos de un fraile llamado Diego Durán, natural de Tezcuco, antigua corte de los emperadores mejicanos. Según Pinelo, guardó dichos manuscritos el jesuita Juan de Tovar, y más tarde hizo entrega de ellos al P. Acosta, el cual afirma, sin embargo, que cuenta lo que vió, consideró ú oyó de personas fidedignas, sin mencionar que copiase nada de nadie. No es por otra parte verosímil la acusación, cuando el P. Acosta confiesa llanamente que no todo lo que narra es fruto de su investigación personal, sino también de informes agenos.
Los testimonios citados y un ligero examen del libro bastan para dejar fuera de duda la importancia excepcional de esta obra indispensable á cuantos hombres estudiosos escriben sobre cosas de América, útil á los eruditos, y agradable para toda persona ilustrada.
El Padre Acosta publicó su obra primero en latín y luego en castellano. He aquí la lista completa de las ediciones que de ella se han hecho:
1.ª (latina). De natvra nobi orbis libri dvo, et de promvlgatione evangelii apud barbaros, sive de procuranda indorum salvte, Libri sex. Autore Josepho Acosta, presbytero societatis Jesv. (Escudo de la Compañía de Jesús). Salmanticæ. Apud Guillelmun Foquel. M.D. LXXXIX. Un tomo, 8.º, 10 hojas preliminares, 264 páginas.