De las propiedades del Estrecho de Magallanes.

El Estrecho, como está dicho, está en altura de cincuenta y dos grados escasos al sur; tiene de espacio desde un mar á otro noventa, ó cien leguas, donde mas angosto, será de una legua algo menos; y allí pretendian que el Rey pusiese una fuerza para defender el paso. El fondo en partes es tan profundo, que no se puede sondar, en otras se halla fondo, y en algunas no tiene mas que diez y ocho, y aun en otras no mas de quince brazas. De las cien leguas que tiene de largo de mar á mar, se reconoce claro, que las treinta va entrando por su parte la mar del sur, y va haciendo señal con sus olas; y las otras setenta leguas hace señal la mar del norte con las suyas. Hay empero esta diferencia, que las treinta del sur corre entre peñas altísimas, cuyas cumbres están cubiertas perpetuamente de nieve, y segun son altas, parece que se juntan; y por eso es tan difícil reconocer la entrada del Estrecho por la mar del sur. Estas mismas treinta leguas es de inmensa profundidad, sin que se pueda dar fondo en ellas; pero puédense varar los navíos en tierra, segun es fondable su ribera. Las otras setenta leguas, que entra la mar del norte, se halla fondo, y tienen á la una banda, y á la otra grandes campos y zavanas, que allá llaman. Entran en el Estrecho muchos rios, y grandes de linda agua. Hay maravillosas arboledas, y algunos árboles de madera escogida y olorosa, y no conocida por acá, de que llevaron muestra los que pasaron del Perú. Hay grandes praderías la tierra adentro; hace diversas Islas en medio del Estrecho. Los Indios, que habitan á la banda del sur, son pocos, chicos, y ruines: los que habitan á la banda del norte son grandes y valientes, de los cuales trajeron á España algunos que tomaron. Hallaron pedazos de paño azul, y otras insignias claras de haber pasado por allí gente de Europa. Los Indios saludaron á los nuestros con el nombre de Jesus. Son flecheros, andan vestidos de pieles de venados, de que hay copia por allí. Crecen y descrecen las aguas del Estrecho con las mareas; y vense venir las unas mareas de la mar del norte, y las otras de la mar del sur claramente; y en el lugar donde se encuentran, que como he dicho, es treinta leguas, del sur y setenta del norte, parece ha de haber más peligro que en todo el resto. Pero cuando pasó la Capitana de Sarmiento, que he dicho, no padecieron grave tormenta, antes hallaron menos dificultad de lo que pensaron. Porque demas de ser entonces el tiempo bonancible, vienen las olas del mar del norte muy quebrantadas, por el gran espacio de setenta leguas que entran; y las olas del mar del sur, por ser su profundo inmenso, tampoco muestran tanta furia, anegándose en aquella profundidad. Bien es verdad, que en tiempo de invierno es innavegable el Estrecho por la braveza de los vientos, é hinchazón de los mares que allí hay; y por eso se han perdido algunas naves que han pretendido pasar el Estrecho; y de la parte del sur sola una le ha pasado, que es la Capitana que he dicho, de cuyo Piloto mayor, llamado Hernando Alonso, tuve yo muy larga relacion de todo lo que digo, y ví la verdadera descripcion y costa del Estrecho, que como la iban pasando, la fueron haciendo, cuya copia trajeron al Rey á España, y llevaron á su Virey al Perú.

CAPÍTULO XIV

Del flujo y reflujo del mar Océano en Indias.

Uno de los secretos admirables de naturaleza es el flujo y reflujo del mar, no solamente por la extrañeza de su crecimiento y diminucion, sino mucho mas por la variedad que en diversos mares se halla en esto, y aun en diversas playas de un mismo mar. Hay mares que no tienen el flujo y reflujo cotidiano, como consta del Mediterráneo inferior, que es el Tyrreno: teniendo flujo y reflujo cotidiano el Mediterráneo superior, que es el mar de Venecia, cosa que con razon causa admiracion, porque siendo ambos Mediterráneos, y no mayor el de Venecia, aquel tiene flujo y reflujo como el Océano, y estotro mar de Italia no lo tiene; pero algunos Mediterráneos manifiestamente tienen crecimiento y menguante cada mes, otros ni al dia, ni al mes. Otros mares, como el Océano de España, tienen el flujo y reflujo de cada dia y á mas de ese, el de cada mes, que son dos, es á saber, á la entrada y á la llena de Luna, que llaman aguas vivas. Mar que tenga el crecimiento y diminucion de cada dia, y no le tenga el de cada mes, no sé que le haya. En las Indias es cosa de admiracion la variedad que hay en esto: partes hay, en que llena y vacía la mar cada dia dos leguas, como se ve en Panamá, y en aguas vivas es mucho mas. Hay otras, donde es tan poco lo que sube y lo que baja, que apenas se conoce la diferencia. Lo comun es tener el mar Océano creciente y menguante, cotidiana y menstrua; y la cotidiana es dos veces al dia natural, y siempre tres cuartos de hora menos el un dia de el otro, conforme al movimiento de la Luna, y así nunca la marea un dia es á la hora del otro. Este flujo y reflujo han querido algunos sentir, que es movimiento local del agua del mar, de suerte que el agua que viene creciendo á una parte, va descreciendo á la contraria, y así es menguante en la parte opuesta del mar, cuando es acá creciente. A la manera que en una caldera hace ondas el agua, que es llano, que cuando á la una parte sube, baja á la otra. Otros afirman, que el mar á un tiempo crece á todas partes, y á un mismo tiempo mengua tambien á todas partes; de modo, que es como el hervor de la olla, que juntamente sube, y se extiende á todas sus partes, y cuando se aplaca, juntamente se disminuye á todas partes. Este segundo parecer es verdadero, y se puede tener, á mi juicio, por cierto y averiguado, no tanto por las razones que para esto dan los Filósofos que en sus Meteoros fundan esta opinion, cuanto por la experiencia cierta que de este negocio se haya podido alcanzar. Porque para satisfacerme de este punto y cuestion, yo pregunté con muy particular curiosidad al piloto arriba dicho, como eran las mareas que en el Estrecho hallaron, si por ventura descrecian y menguaban las mareas del mar del sur, al tiempo que subian y pujaban las del mar del norte, y al contrario. Porque siendo esto así, era claro que el crecer el mar de una parte, era descrecer de otra, que es lo que la primera opinion afirma. Respondióme, que no era de esa suerte, sino que clarísimamente á un propio tiempo venian creciendo las mareas del mar del norte, y las del mar del sur, hasta encontrarse unas olas con otras, y que á un mismo tiempo volvian á bajar cada una á su mar; y que este pujar y subir, y despues bajar y menguar, era cosa que cada dia la veían, y que el golpe y encuentro de la una y otra creciente era (como tengo dicho) á las setenta leguas de el mar del norte, y treinta de el mar del sur. De donde se colige manifiestamente, que el flujo y reflujo del Océano no es puro movimiento local, sino alteracion y fervor con que realmente todas sus aguas suben, y crecen á un mismo tiemgo, y á otro tiempo bajan, y menguan, de la manera que del hervor de la olla, se ha puesto la semejanza. No fuera posible comprehender por via de experiencia este negocio, sino en el Estrecho, donde se junta todo el mar Océano entre sí. Porque por las playas opuestas, saber si cuando en la una crece, descrece en la otra, solos los Angeles lo podrian averiguar, que los hombres no tienen ojos para ver tanta distancia, ni pies para poder llevar los ojos con la presteza que una marea da de tiempo, que son solamente seis horas.

CAPÍTULO XV

De diversos pescados, y modos de pescar de los Indios.

Hay en el Océano innumerables pescados, que solo el Hacedor, puede declarar sus especies y propiedades. Muchos de ellos son del mismo género que en la mar de Europa se hallan, como lizas, sábalos, que suben de la mar á los rios, dorados, sardinas, y otros muchos. Otros hay, que no sé que los haya por acá, como los que llaman cabrillas, y tienen alguna semejanza con truchas, y los que en Nueva-España llaman bobos, que suben de la mar á los rios. Besugos, ni truchas no las he visto; dicen que en tierra de Chile las hay. Atunes hay algunos, aunque raros, en la costa de el Perú, y es opinion que á tiempos suben á desovar al Estrecho de Magallanes, como en España al Estrecho de Gibraltar, y por eso se hallan mas en la costa de Chile, aunque el atún que yo he visto traído de allá, no es tal como lo de España. En las Islas que llaman de Barlovento, que son Cuba, la Española, Puerto-Rico y Jamaica, se halla el que llaman manati, extraño género de pescado, si pescado se puede llamar animal que pare vivos sus hijos, y tiene tetas, y leche con que los cria, y pace yerba en el campo; pero en efecto habita de ordinario en el agua, y por eso le comen por pescado, aunque yo cuando en Santo Domingo lo comí un viernes, cuasi tenia escrúpulo, no tanto por lo dicho, como porque en el color y sabor no parecian sino tajadas de ternera, y en parte de pernil, las postas de este pescado: es grande como una vaca. De los tiburones, y de su increible voracidad, me maravillé con razon, cuando ví que de uno que habian tomado en el puerto que he dicho, le sacaron del buche un cuchillo grande carnicero, y un anzuelo grande de hierro, y un pedazo grande de la cabeza de una vaca con su cuerno entero, y aun no sé si ambos á dos. Yo vi por pasatiempo echar, colgado de muy alto, en una poza que hace la mar, un cuarto de un rocin, y venir á él al momento una cuadrilla de tiburones tras el olor; y porque se gozase mejor la fiesta, no llegaba al agua la carne del rocin, sino levantada no sé cuantos palmos; tenía en derredor esta gentecilla que digo, que daban saltos, y de una arremetida en el aire cortaban carne y hueso, con extraña presteza, y así cercenaban el mismo jarrete de el rocin, como si fuera un troncho de lechuga; pero tales navajas tienen en aquella su dentadura. Asidos á estos fieros tiburones andan unos pececillos, que llaman romeros, y por mas que hagan, no los pueden echar de sí: estos se mantienen de lo que á los tiburones se les escapa por los lados. Voladores son otros pececillos que se hallan en la mar dentro de los Trópicos, y no sé que se hallen fuera. A estos persiguen los dorados, y por escapar de ellos saltan de la mar, y van buen pedazo por el aire, por eso los llaman voladores: tienen unas aletas como de telilla ó pergamino, que les sustentan un rato en el aire. En el navío en que yo iba, voló ó saltó uno, y ví la faccion que digo de alas.

De los lagartos ó caimanes que llaman, hay mucho escrito en Historias de Indias; son verdaderamente los que Plinio y los Antiguos llaman crocodilos. Hállanse en las playas y rios calientes; en playas ó rios frios no se hallan. Por eso en toda la costa de el Perú no los hay hasta Payta, y de allí adelante son frecuentísimos en los rios. Es animal ferocísimo, aunque muy torpe: la presa hace fuera de el agua, y en ella ahoga lo que toma vivo; pero no la traga sino fuera de el agua, porque tiene el tragadero de suerte, que fácilmente se ahogaría entrándole agua. Es maravillosa la pelea de el caimán con el tigre, que los hay ferocísimos en Indias. Un religioso nuestro me refirió haber visto á estas bestias pelear cruelísimamente á la orilla de la mar. El caimán con su cola daba recios golpes al tigre, y procuraba con su gran fuerza llevarle al agua; el tigre hacía fuerte presa en el caimán con las garras, tirándole á tierra. Al fin prevaleció el tigre, y abrió al lagarto, debió de ser por la barriga, que la tiene blanda, que todo lo demas no hay lanza, y aun apenas arcabúz que lo pase. Mas excelente fué la victoria que tuvo de otro caimán un Indio, al cual le arrebató un hijuelo, y se lo metió debajo del agua, de que el Indio lastimado y sañudo se echó luego tras él con un cuchillo, y como son excelentes buzos, y el caimán no prende sino fuera del agua, por debajo de la barriga le hirió, de suerte que el caimán se salió herido á la ribera, y soltó el muchacho, aunque ya muerto y ahogado. Pero mas maravilloso es la pelea que tienen los Indios con las ballenas, que cierto es una grandeza del Hacedor de todo, dar á gente tan flaca como Indios, habilidad y osadía para tomarse con la mas fiera y disforme bestia de cuantas hay en el universo; y no solo pelear, pero vencer y triunfar tan gallardamente. Viendo esto, me he acordado muchas veces de aquello del Salmo[133], que se dice de la ballena: Draco iste, quem formasti ad illudendum ei. ¿Qué mas burla que llevar un Indio solo con un cordel vencida y atada una ballena tan grande como un monte? El estilo que tienen, segun me refirieron personas expertas, los Indios de la Florida, donde hay gran cantidad de ballenas es, meterse en una canoa, ó barquilla, que es como una artesa, y bogando llégase al costado de la ballena, y con gran ligereza salta, y sube sobre su cervíz, y allí caballero, aguardando tiempo, mete un palo agudo y recio, que trae consigo, por la una ventana de la naríz de la ballena, llamo naríz á aquella fistula por donde respiran las ballenas; luego le golpea con otro palo muy bien, y le hace entrar bien profundo. Brama la ballena, y da golpes en la mar, y levanta montes de agua, y húndese dentro con furia, y vuelve á saltar, no sabiendo qué hacerse de rabia. Estáse quedo el Indio y muy caballero, y la enmienda que hace del mal hecho es hincarle otro palo semejante en la otra ventana, y golpearle de modo, que le tapa del todo, y le quita la respiracion; y con esto se vuelve á su canoa, que tiene asida al lado de la ballena con una cuerda; pero deja primero bien atada su cuerda á la ballena, y haciéndose á un lado con su canoa, va así dando cuerda á la ballena. La cual, mientras está en mucha agua, da vueltas á una parte y á otra, como loca de enojo y al fin se va acercando á tierra, donde con, la enormidad de su cuerpo presto encalla, sin poder ir, ni volver. Aquí acuden gran copia de Indios al vencido para coger sus despojos. En efecto la acaban de matar, y la parten, y hacen trozos, y de su carne harto perversa, secándola y moliéndola hacen ciertos polvos que usan para su comida, y les dura largo tiempo. Tambien se cumple aquí lo que de la misma ballena dice otro Salmo[134] Dedisti eum escam populis Æthiopum. El Adelantado Pedro Melendez muchas veces contaba esta pesquería, de que tambien hace mencion Monardes en su libro. Aunque es mas menuda, no deja de ser digna de referirse tambien otra pesquería que usan de ordinario los Indios en la mar. Hacen unos como manojos de juncia, ó espadañas secas bien atadas, que allá llaman balsas, y llévanlas á cuestas hasta la mar, donde arrojándolas con presteza suben en ellas, y así caballeros se entran la mar adentro, y bogando con unos canaletes de un lado y de otro, se van una y dos leguas en alta mar á pescar; llevan en los dichos manojos sus redes y cuerdas, y sustentándose sobre las balsas, arrojan su red, y están pescando grande parte de la noche, ó del dia, hasta que llenan su medida, con que dan la vuelta muy contentos. Cierto, verlos ir á pescar en el Callao de Lima era para mí cosa de gran recreacion, porque eran muchos, y cada uno en su balsilla caballero, ó sentado á porfia cortando las olas del mar, que es bravo allí donde pescan, parecian los Tritones, ó Neptunos que pintan sobre el agua. En llegando á tierra, sacan su barco á cuestas, y luego le deshacen; y tienden por aquella playa las espadañas para que se enjuguen y sequen. Otros Indios de los valles de Ica solian ir á pescar en unos cueros, ó pellejos de lobo marino hinchados, y de tiempo á tiempo los soplaban como á pelotas de viento para que no se hundiesen. En el valle de Cañete, que antiguamente decian el Guarco, habia innumerables Indios pescadores; y porque resistieron al Inca, cuando fué conquistando aquella tierra, fingió paces con ellos, y ellos por hacerle fiesta, hicieron una pesca solemne de muchos millares de Indios, que en sus balsas entraron en la mar: á la vuelta, el Inca tuvo apercibidos soldados de callada, é hizo en ellos cruel estrago, por donde quedó aquella tierra tan despoblada, siendo tan abundante. Otro género de pesca ví, á que me llevó el Virey Don Francisco de Toledo; verdad es, que no era en mar, sino en un rio, que llaman el Rio Grande, en la Provincia de los Charcas, donde unos Indios Chiriguanas se zabullían debajo del agua, y nadando con admirable presteza seguian los peces, y con unas fisgas, ó harpones que llevaban en la mano derecha, nadando solo con la izquierda herían el pescado; y así atravesado lo sacaban arriba, que cierto parecían ellos ser mas peces, que hombres de la tierra. Y ya que hemos salido de la mar, vamos á esotros géneros de aguas que restan por decir.

NOTAS: