Habiendo tratado en el libro precedente de lo que toca á elementos y simples, lo que en materia de Indias nos ha ocurrido, en este presente trataremos de los compuestos y mixtos, cuanto al intento que llevamos, pareciere convenir. Y aunque hay otros muchos géneros, á tres reduciremos esta materia, que son metales, plantas, y animales. Los metales son como plantas encubiertas en las entrañas de la tierra, y tienen alguna semejanza en el modo de producirse, pues se ven tambien sus ramos, y como tronco de donde salen, que son las vetas mayores y menores, que entre sí tienen notable trabazon y concierto, y en alguna manera parece que crecen los minerales al modo de plantas. No porque tengan verdadera vegetativa y vida interior, que esto es solo de verdaderas plantas, sino porque de tal modo se producen en las entrañas de la tierra por virtud y eficacia del Sol, y de los otros planetas, que por discurso de tiempo largo se van acrecentando, y cuasi propagando. Y así como los metales son como plantas ocultas de la tierra, así tambien podemos decir, que las plantas son como animales fijos en un lugar, cuya vida se gobierna del alimento que la naluraleza les provee en su propio nacimiento. Mas los animales exceden á las plantas, que como tienen ser mas perfecto, tienen necesidad de alimento tambien mas perfecto; y para buscarle, les dió la naturaleza movimiento; y para conocerle y descubrirle, sentido. De suerte, que la tierra estéril y ruda es como materia y alimento de los metales: la tierra fértil y de mas sazon es materia y alimento de plantas: las mismas plantas son alimento de animales; y las plantas y animales alimento de los hombres; sirviendo siempre la naturaleza inferior para sustento de la superior, y la menos perfecta subordinándose á la mas perfecta. De donde se entiende, cuán lejos está el oro, y la plata, y lo demás que los hombres ciegos de codicia estiman en tanto de ser fin digno del hombre, pues están tantos grados mas abajo que el hombre; y solo al Criador y universal Hacedor de todo está sujeto y ordenado el hombre, como á propio fin y descanso suyo, y todo lo demás no mas de en cuanto le conduce, y ayuda á conseguir este fin. Quien con esta Filosofía mira las cosas criadas, y discurre por ellas, puede sacar fruto de su conocimiento y consideracion, sirviéndose de ellas para conocer y glorificar al Autor de todas. Quien no pasa mas adelante de entender sus propiedades y utilidades, ó será curioso en el saber, ó codicioso en el adquirir, y al cabo le serán las criaturas lo que dice el Sabio[138], que son á los pies de los insipientes y necios; conviene á saber, lazo y red en que caen y se enredan. Con el fin, pues, é intento dicho, para que el Criador sea glorificado en sus criaturas, pretendo decir en este libro algo de lo mucho que hay digno de historia en Indias cerca de los metales, plantas y animales que son mas propiamente de aquellas partes. Y porque tratar esto exactamente sería obra muy grande, y que requiere mayor conocimiento que el mio, y mucha mas desocupacion de la que tengo, digo, que solamente pienso tratar sucintamente algunas cosas, que por experiencia, ó por relacion verdadera he considerado cerca de las tres cosas que he propuesto, dejando para otros mas curiosos y diligentes la averiguacion mas larga de estas materias.
NOTAS:
[138] Sap. 14. v. 11.
CAPÍTULO II
De la abundancia de metales que hay en las Indias occidentales.
Los metales crió la sabiduría de Dios para medicina, y para defensa, y para ornato, y para instrumentos de las operaciones de los hombres. De todas estas cuatro cosas se pueden facilmente dar ejemplos: mas el principal fin de los metales es la última de ellas. Porque la vida humana no solo ha menester sustentarse como la de los animales, sino tambien ha de obrar conforme á la capacidad y razon que le dió el Criador; y así como es su ingenio tan extendido á diversas artes y facultades, así tambien proveyó el mismo Autor, que tuviese materia de diversos artificios para reparo, seguridad, ornato y abundancia de sus operaciones. Siendo, pues, tanta la diversidad de metales que encerró el Criador en los armarios y sótanos de la tierra, de todos ellos tiene utilidad la vida humana. De unos se sirve para cura de enfermedades: de otros para armas y defensa contra sus enemigos: de otros para aderezo y gala de sus personas y habitaciones: de otros para vasijas, y herramientas, y varios instrumentos que inventa el arte humano. Pero sobre todos estos usos que son sencillos y naturales, halló la comunicacion de los hombres el uso del dinero, el cual, como dijo el Filósofo[139], es medida de todas las cosas, y siendo una cosa sola en naturaleza, es todas en virtud, porque el dinero es comida, vestido, casa, cabalgadura, y cuanto los hombres han menester. Y así obedece todo al dinero, como díce el Sabio[140]. Para esta invencion, de hacer que una cosa fuese todas las cosas, guiados de natural instinto eligieron los hombres la cosa mas durable, y mas tratable, que es el metal; y entre los metales quisieron que aquellos tuviesen principado en esta invencion de ser dinero, que por su naturaleza eran más durables é incorruptibles, que son la plata y el oro. Los cuales, no solo entre los Hebreos, Asirios, Griegos, y Romanos, y otras naciones de Europa y Asia, tuvieron estima, sino tambien entre las mas remotas, y bárbaras naciones del universo, como son los Indios, así orientales como occidentales, donde el oro y plata fué tenida en precio y estima; y como tal usada en los Templos y Palacios, y ornato de Reyes y Nobles. Porque aunque se han hallado algunos bárbaros que no conocian la plata, ni el oro, como cuentan de los Floridos, que tomaban las talegas, ó sacos en que iba el dinero, y al mismo dinero le dejaban echado por ahí la playa como á cosa inútil. Y Plinio refiere[141] de los Babitacos, que aborrecian el oro, y por eso lo sepultaban donde nadie pudiese servirse de él; pero de estos Floridos, y de aquellos Babitacos ha habido, y hay hoy dia pocos; y de los que estiman, buscan, y guarden el oro y la plata, hay muchos, sin que tengan necesidad de aprender esto de los que han ido de Europa. Verdad es que su codicia de ellos no llegó á tanto como la de los nuestros, ni idolatraron tanto con el oro y plata, aunque eran idólatras, como algunos malos Cristianos, que han hecho por el oro y plata excesos tan grandes. Mas es cosa de alta consideracion, que la Sabiduria del eterno Señor quisiese enriquecer las tierras de el mundo mas apartadas, y habitadas de gente menos política, y allí pusiese la mayor abundancia de minas que jamás hubo, para con esto convidar á los hombres á buscar aquellas tierras, y tenerlas, y de camino comunicar su Religion, y culto del verdadero Dios á los que le conocian, cumpliéndose la profecía de Isaías[142], que la Iglesia habia de extender sus términos, no solo á la diestra, sino tambiá la siniestra, que es como San Agustin declara[143] haberse de propagar el Evangelio, no solo por los que sinceramente, y con caridad lo predicasen, sino tambien por los que por fines y medios temporales y humanos lo anunciasen. Por donde vemos, que las tierras de Indias mas copiosas de minas y riqueza han sido las mas cultivadas en la Religion Cristiana en nuestros tiempos, aprovechándose el Señor para sus fines soberanos de nuestras pretensiones. Cerca de esto decia un hombre sabio, que lo que hace un padre con una hija fea para casarla, que es darle mucha dote, eso habia hecho Dios con aquella tierra tan trabajosa, de darle mucha riqueza de minas, para que con este medio hallase quien la quisiese. Hay, pues, en las Indias occidentales gran copia de minas, y haylas de todos metales, de cobre, de hierro, de plomo, de estaño, de azogue, de plata, y de oro. Y entre todas las partes de Indias, los Reinos del Perú son los que mas abundan de metales, especialmente de plata, y oro y azogue; y es en tanta manera, que cada dia se descubren nuevas minas. Y segun es la cualidad de la tierra, es cosa sin duda, que son sin comparacion muchas mas las que están por descubrir que las descubiertas, y aun parece que toda la tierra está como sembrada de estos metales, mas que ninguna otra que se sepa al presente en el mundo, ni que en lo pasado se haya escrito.
NOTAS:
[139] Arist. 5. c. Ethic. 5.
[140] Eccles. 10. v. 19.
[141] Plin. lib. 6. cap. 27.