CAPÍTULO IV

Del oro que se labra en Indias.

El oro entre todos los metales fué siempre estimado por el mas principal, y con razon, porque es el mas durable, é incorruptible, pues el fuego que consume, ó disminuye á los demás, á éste antes le abona y perfecciona, y el oro que ha pasado por mucho fuego, queda de su color, y es finísimo. El cual propente, segun Plinio dice, se llama obrizo[148], de que tanta mencion hace la Escritura. Y el uso que gasta todos los otros, como dice el mismo Plinio, al oro solo no le menoscaba cosa, ni le carcome, ni envejece, y con ser tan firme en su ser, se deja tanto doblar y adelgazar, que es cosa de maravilla. Los batihojas y tiradores saben bien la fuerza del oro en dejarse tanto adelgazar y doblar, sin quebrar jamás. Lo cual todo, con otras excelentes propiedades que tiene, bien considerado, dará á los hombres espiritua ocasion de entender, porque en las divinas Letras[149] la caridad se semeja al oro. En lo demás, para que él se estime y busque, poca necesidad hay de contar sus excelencias, pues la mayor que tiene, es estár entre los hombres ya conocido por el supremo poder, y grandeza del mundo. Viniendo á nuestro propósito, hay en Indias gran copia de este metal; y sábese de Historias ciertas, que los Incas del Perú no se contentaron de tener vasijas mayores y menores de oro, jarros, copas, tazas, frascos, cántaros, y aun tinajas, sino que tambien tenian sillas, y andas, ó literas de oro macizo, y en sus templos colocaron diversas estatuas de oro macizo. En Méjico tambien hubo mucho de esto, aunque no tanto; y cuando los primeros Conquistadores fueron al uno y otro Reino, fueron inmensas las riquezas que hallaron, y muchas mas sin comparacion las que los Indios ocultaron y hundieron. El haber usado de plata para herrar los caballos á falta de hierro, y haber dado trescientos escudos de oro por una botija, ó cántaro de vino, con otros excesos tales, parecería fabuloso contarlo; y en efecto pasaron cosas mayores que éstas. Sácase el oro en aquellas partes en tres maneras: yo á lo menos de estas tres maneras lo he visto. Porque se halla oro en pepita, y oro en polvo, y oro en piedra. Oro en pepita llaman unos pedazos de oro que se hallan así enteros, y sin mezcla de otro metal, que no tienen necesidad de fundirse, ni beneficiarse por fuego: llámanlos pepitas, porque de ordinario son pedazos pequeños del tamaño de pepita de on, ó de calabaza. Y esto es lo que dice Job[150]: Glebæ illius aurum, aunque acaece haberlos, y yo los he visto mucho mayores, y algunos han llegado á pesar muchas libras. Esta grandeza de este metal solo, segun Plinio afirma[151], que se halla así hecho y perfecto; lo cual en los otros no acaece, que siempre tienen escoria, y han menester fuego para apurarse. Aunque tambien he visto yo plata natural á modo de escarcha; y tambien hay las que llaman en Indias papas de plata, que acaece hallarse plata fina en pedazos á modo de turmas de tierra; mas esto en la plata es raro, y en el oro es cosa muy ordinaria. De este oro en pepita es poco lo que se halla respecto de lo demás. El oro en piedra es una veta de oro que nace en la misma piedra, ó pedernal; y yo he visto de las minas de Zaruma, en la gobernacion de Salinas, piedras bien grandes pasadas todas de oro, y otras ser la mitad oro, y la mitad piedra. El oro de esta suerte se halla en pozos, y en minas que tienen sus vetas como las de plata, y son dificultosísimas de labrar. El modo de labrar el oro sacado de piedra, que usaron antiguamente los Reyes de Egipto, escribe Agatárchides en el quinto libro de la Historia del mar Eritréo, ó Bermejo, segun refiere Focio en su biblioteca; y es cosa de admiracion, cuán semejante es lo que allí refiere á lo que ahora se usa en el beneficio de estos metales de oro y plata. La mayor cantidad de oro que se saca en Indias, es en polvo, que se halla en rios, ó lugares por donde ha pasado mucha agua. Abundan los rios de Indias de este género, como los Antiguos celebraron el Tajo de España, y el Pactólo de Asia, y el Ganges de la India oriental. Y lo qne nosotros llamamos oro en polvo, llamaban ellos ramenta auri. Y tambien entonces era la mayor cantidad de oro lo que se hacia de estos ramentos, ó polvos de oro que se hallaban en rios.

En nuestros tiempos en las Islas de Barlovento Española y Cuba, Puerto-Rico, hubo y hay gran copia en los rios; mas por la falta de naturales, y por la dificultad de sacarlo, es poco lo que viene de ellas á España. En el Reino de Chile y en el de Quito, y en el nuevo Reino de Granada hay mucha cantidad. El mas celebrado es el oro de Caravaya en el Perú, y el de Valdivia en Chile, porque llega á toda la ley, que son veinte y tres quilates y medio, y aun á veces pasa. Tambien es celebrado el oro de Veragua por muy fino. De las Filipinas y China traen tambien mucho oro á Méjico; pero comunmente es bajo y de poca ley. Hállase el or mezclado, ó con plata, ó con cobre. Plinio dice[152], que ningun oro hay donde no haya algo de plata; mas el que tiene mezcla de plata, comunmente es de menos quilates que el que la tiene de co. Si tiene la quinta parte de plata, dice Plinio[153]ue se llama propiamente electro, y que tiene propiedad de resplandecer á la lumbre de fuego, mucho mas que la plata fina, ni el oro fino. El que es sobre cobre, de ordinario es oro mas alto. El oro en polvo se beneficia en lavaderos, lavándolo mucho en el agua, hasta que el arena, ó barro se cae de las bateas, ó barreñas; y el oro como de mas peso hace asiento abajo. Benefíciase tambien con azogue: tambien se apura con agua fuerte, porque el alumbre, de que ella se hace, tiene esa fuerza de apartar el oro de todo lo demás. Despues de purificado, ó fundido, hacen tejos, ó barretas para traerlo á España, porque oro en polvo no se puede sacar de Indias, pues no se puede quintar, y marcar, y quilatar hasta fundirse. Sa España, segun refiere el Historiador sobredicho[154], abundar sobre todas las provincias del mundo de estos metales de oro y plata, especialmente Galicia, y Lusitania, y sobre todo las Asturias, de adonde refiere, que se traían á Roma cada año veinte mil libras de oro, y que en ninguna otra tierra se hallaba tanta abundancia. Lo cual paretestificar el libro de los Macabeos, donde dice[155]: Entre las mayores grandezas de los Romanos, que hubieron á su poder los metales de plata y oro que hay en España. Ahora á España le viene este gran tesoro de Indias, ordenando la divina providencia que unos Reinos sirvan á otros, y comuniquen su riqueza, y participen de su gobierno para bien de los unos y de los otros, si usan debidamente de los bienes que tienen. La suma de oro que se trae de Indias, no se puede bien tasar; pero puédese bien afirmar, que es harto mayor que la que refiere Plinio haberse llevado de España á Roma cada año. En la flota que yo vine, el año de ochenta y siete, fué la relacion de Tierra-firme doce cajones de oro, que por lo que menos es cada cajon cuatro arrobas. Y de Nueva-España mil ciento cincuenta y seis marcos de oro. Esto solo para el Rey, sin lo que vino para particulares registrado, y sin lo que vino por registrar, que suele ser mucho. Y esto baste para lo que toca al oro de Indias; de la plata diremos ahora.

NOTAS:

[148] Plin. lib. 33. c. 3.

[149] Apoc. 3. p 21. Cant. 3. v. 10. Psalm. 64. Thren. 4. 3. Reg. 6.

[150] Job 28. v. 6.

[151] Plin. lib. 33. c. 4.

[152] Plin. lib. 33. c. 4.