Pasando á plantas mayores, en el linage de árboles, el primero de Indias, de quien es razon hablar, es el plátano ó plántano, como el vulgo le llama. Algun tiempo dudé, si el plátano que los Antiguos celebraron, y éste de Indias era de una especie; mas visto lo que es éste, y lo que del otro escriben, no hay duda sino que son diversisimos. La causa de haberle llamado plátano los Españoles (porque los naturales no tenian tal vocablo) fué como en otras cosas, alguna similitud que hallaron, como llaman ciruelas, piñas, almendras y pepinos, cosas tan diferentes de las que en Castilla son de esos géneros. En lo que me parece que debieron de hallar semejanza entre estos plátanos de Indias, y los plátanos que celebran los Antiguos, es en la grandeza de las hojas, porque las tienen grandísimas y fresquísimas estos plátanos, y de aquellos se celebra mucho la grandeza y frescor de sus hojas, tambien ser planta que quiere mucha agua, y cuasi contínua. Lo cual viene con aquello de la Escritura[181]: Como plátano junto á las aguas. Mas en realidad de verdad no tiene que ver la una planta con la otra, mas que el huevo con la castaña, como dicen. Porque lo primero, el plátano antiguo no llevaba fruta, ó á lo menos no se hacía caso de ella: lo principal porque le estimaban, era por la sombra que hacía, de suerte, que no habia mas Sol debajo de un plátano, que debajo de un tejado. El plátano de Indias, por lo que es de tener en algo, y en mucho, es por la fruta, que la tiene muy buena; y para hacer sombra no es, ni pueden estar sentados debajo de él. Además de eso, el plátano antiguo tenia tronco tan grande, y ramos tan esparcidos, que refiere Plinio[182] de el otro Licinio, Capitan Romano, que con diez y ocho compañeros comió dentro de un hueco de un plátano muy á placer. Y del otro Emperador Cayo Calígula, que con once convidados se sentó sobre los ramos de otro plátano en alto, y allí les dió un soberbio banquete. Los plátanos de Indias, ni tienen hueco, ni tronco, ni ramos. Añádese á lo dicho, que los plátanos antiguos dábanse en Italia y en España, aunque vinieron de Grecia, y á Grecia de Asia, mas los plátanos de Indias no se dan en Italia y España: digo no se dan, porque aunque se han visto por acá, y yo ví uno en Sevilla en la huerta del Rey, no medran, ni valen nada. Finalmente, lo mismo en que hay la semejanza, son muy desemejantes, porque aunque la hoja de aquellos era grande, no en tanto exceso, pues la junta Plinio[183] con la hoja de la parra y de la higuera. Las hojas del plátano de Indias son de maravillosa grandeza, pues cubrirá una de ellas á un hombre, poco menos que de piés á cabeza. Así que no hay para qué poner esto jamás en duda; mas puesto que sea diverso este plátano de aquel antiguo, no por eso merece menos loor, sino quizá mas por las propiedades tan provechosas que tiene. Es planta que en la tierra hace cepa, y de ella saca diversos pimpollos, sin estar asido ni trabado uno de otro. Cada pimpollo crece, y hace como árbol por sí, engrosando, y echando aquellas hojas de un verde muy fino y muy liso, y de la grandeza que he dicho. Cuando ha crecido como estado y medio ó dos, echa un racimo solo de plátanos, que unas veces son muchos, otras no tantos: en algunos se han contado trescientos: es cada uno de un palmo de largo, y mas y menos, y grueso como de dos dedos ó tres, aunque hay en esto mucha diferencia de unos á otros. Quítase facilmente la cáscara ó corteza; y todo lo demás es médula tiesa y tierna, y de muy buen comer, porque es sana y sustenta: inclina un poco mas á frio que á calor esta fruta. Suélense los racimos que digo coger verdes, y en tinajas: abrigándolos se maduran y sazonan, especialmente con cierta yerba que es á propósito para eso. Si los dejan madurar en el árbol tienen mejor gusto, y un olor como el de camuesas muy lindo. Duran cuasi todo el año, porque de la cepa del platano van siempre brotando pimpollos, y cuando uno acaba, otro comienza á dar fruto, otro está á medio crecer, otro retoña de nuevo; de suerte, que siempre suceden unos pimpollos á otros; y así todo el año hay fruto. En dando su racimo cortan aquel brazo, porque no da mas ninguno de uno, y una vez; pero la cepa, como digo, queda, y brota de nuevo hasta que se cansa: dura por algunos años: quiere mucha humedad el plátano, y tierra muy caliente: échanle al pié ceniza para mas beneficio: hácense bosques espesos de los platanares, y son de mucho provecho, porque es la fruta que mas se usa en Indias, y es cuasi en todas ellas universal, aunque dicen que su origen fué de Etiopia, y que de allí vino; y en efecto los negros lo usan mucho, y en algunas partes éste es su pan: tambien hacen vino de él. Cómese el platano como fruta así crudo: ásase tambien, y guísase; y hacen de él diversos potages, y aun conservas; y en todo dice bien. Hay unos plátanos pequeños, y mas delicados y blancos, que en la Española llaman dominicos: hay otros mas gruesos, recios y colorados. En la tierra del Perú no se dan: traense de los Andes, como á Méjico; de Cuernavaca y otros valles. En Tierra-firme, y en algunas Islas hay platanares grandísimos como bosques espesos: si el plátano fuera de provecho para el fuego, fuera la planta mas útil que puede ser; pero no lo es, porque ni su hoja, ni sus ramos sirven de leña, y mucho menos de madera, por ser fofos y sin fuerza. Todavía las hojas secas sirvieron á Don Alonso de Ercilla (como él dice) para escribir en Chile algunos pedazos de la Araucana; y á falta de papel no es mal remedio, pues será la hoja del ancho de un pliego de papel, ó poco menos, y de largo tiene más de cuatro tantos.
NOTAS:
[181] Ecclesiast. 24. v. 19.
[182] Plin. lib. 12. cap. 1.
[183] Plin. lib. 16. c. 23.
CAPÍTULO XXII
Del cacao y de la coca.
Aunque el plátano es mas provechoso, es mas estimado el cacao en Méjico, y la coca en el Perú; y ambos á dos árboles son de no poca supersticion. El cacao es una fruta menor que almendras, y mas gruesa, la cual tostada no tiene mal sabor. Esta es tan preciada entre los Indios, y aun entre los Españoles, que es uno de los ricos y gruesos tratos de la Nueva-España, porque como es fruta seca, guárdase sin dañarse largo tiempo, y traen navíos cargados de ella de la provincia de Guatemala; y este año pasado un corsario Inglés quemó en el puerto de Guatulco de Nueva-España mas de cien mil cargas de cacao. Sirve tambien de moneda, porque con cinco cacaos se compra una cosa, y con treinta otra, y con ciento otra, y sin que haya contradiccion: y usan dar de limosna estos cacaos á pobres que piden. El principal beneficio de este cacao es un brebage que hacen, y llaman chocolate, que es cosa loca lo que en aquella tierra le precian, y algunos que no están hechos á él, les hace asco, porque tiene una espuma arriba, y un borbollon como de heces, que cierto es menester mucho crédito para pasar con ello. Y en fin, es la bebida preciada, y con que convidan á los señores que vienen ó pasan por su tierra, los Indios: y los Españoles, y mas las Españolas hechas á la tierra, se mueren por el negro chocolate. Este sobredicho chocolate dicen, que hacen en diversas formas y temples, caliente, y fresco, y templado. Usan echarle especias y mucho chili: tambien le hacen en pasta, y dicen que es pectoral, y para el estomago, y contra el catarro. Sea lo que mandaren, que en efecto los que no se han criado con esta opinion, no le apetecen. El árbol donde se da esta fruta, es mediano y bien hecho, y tiene hermosa copa: es tan delicado, que para guardarle del Sol, y que no le queme, ponen junto á él otro árbol grande, que solo sirve de hacerle sombra, y á éste llaman la madre del cacao. Hay beneficio de cacaotales donde se crian, como viñas ó olivares en España, por el trato y mercancía: la provincia que mas abunda es la de Guatemala. En el Perú no se dá; mas dase la coca, que es otra supersticion harto mayor, y parece cosa de fábula. En realidad de verdad, en solo Potosí monta mas de medio millon de pesos cada año la contratacion de la coca, por gastarse de noventa á noventa y cinco mil cestos de ella, y aun el año de ochenta y tres fueron cien mil. Vale un cesto de coca en el Cuzco de dos pesos y medio á tres, y vale en Potosí de contado á cuatro pesos, y seis tomines, y á cinco pesos ensayados; y es el género sobre que se hacen cuasi todas las baratas ó mohatras, por que es mercaderia de que hay gran expedicion. Es, pues, la coca tan preciada, una hoja verde pequeña, que nace en unos arbolillos de obra de un estado de alto: críase en tierras calidísimas y muy húmedas: da este árbol cada cuatro meses esta hoja, que llaman allá tres mitas. Quiere mucho cuidado en cultivarse, porque es muy delicada, y mucho mas en conservarse despues de cogida. Meténla con mucho órden en unos cestos largos y angostos, y cargan los carneros de la tierra, que van con esta mercaderia á manadas, con mil, dos mil y tres mil cestos. El ordinario es, traerse de los Andes, de valles, de calor insufrible, donde lo mas del año llueve; y no cuesta poco trabajo á los Indios, ni aun pocas vidas su beneficio, por ir de la sierra y temples frios á cultivarla, y beneficiarla y traerla. Así hubo grandes disputas y pareceres de Letrados y Sabios, sobre si arrancarían todas las chacaras de coca: en fin, han permanecido. Los Indios la precian sobre manera; y en tiempo de los Reyes Incas no era lícito á los plebeyos usar la coca sin licencia del Inca ó su Gobernador. El uso es, traerla en la boca, y mascarla chupándola: no la tragan: dicen que les da gran esfuerzo, y es singular regalo para ellos. Muchos hombres graves lo tienen por supersticion, y cosa de pura imaginacion. Yo, por decir verdad, no me persuado que sea pura imaginacion; antes entiendo, que en efecto obra fuerzas y aliento en los Indios, porque se ve en efectos que no se pueden atribuir á imaginacion, como es con un puño de coca caminar doblando jornadas, sin comer á veces otra cosa, y otras semejantes obras. La salsa con que la comen, es bien conforme al manjar, porque ella yo la he probado, y sabe á zumaque, y los Indios la polvorean con ceniza de huesos quemados y molidos, ó con cal, segun otros dicen. Á ellos les sabe bien, y dicen les hace provecho, y dan su dinero de buena gana por ella, y con ella rescatan, como si fuese moneda, cuanto quieren. Todo podria bien pasar, si no fuese el beneficio y trato de ella con riesgo suyo y ocupacion de tanta gente. Los Señores Incas usaban la coca por cosa real y regalada, y en sus sacrificios era la cosa que mas ofrecian, quemándola en honor de sus Idolos.
CAPÍTULO XXIII
Del maguey, del tunal, de la grana, del añil y algodón.