3. Hízose assí, ni mas ni ménos, y desde luego dió el niño grandes señales de lo que havia de ser en adelante, porque ántes de dos años ya llamaba pueca á su madre con mucha gracia, y decia no chero querno, tan claramente como si fuera una persona: de manera, que era la diversion del Lugar, y todos decian que havia de ser la honra de Campazas. Passando por allí un Frayle Lego, que estaba en opinion de Santo, porque á todos trataba de , llamaba bichos á las mugeres, y á la Vírgen la Borrega, dixo que aquel niño havia de ser Frayle, gran Letrado, y estupendo Predicador. El successo acreditó la verdad de la profecía; porque en quanto á Frayle, lo fué tanto como el que mas; lo de gran Letrado, si no se verificó en esto de tener muchas letras, á lo ménos en quanto á ser gordas y abultadas las que tenia, se verificó cumplidamente; y en lo de ser estupendo Predicador, no huvo mas que desear, porque este fué el talento mas sobresaliente de nuestro Gerundico, como se verá en el discurso de la Historia.

4. Aún no sabía leer, ni escribir, y ya sabía predicar; porque, como passaban por la casa de sus padres tantos Frayles, especialmente Questeros, Verederos, Predicadores Sabatinos, y aquellos que en tiempo de Quaresma y Adviento iban á predicar á los Mercados de los Lugares circunvecinos; y estos, unas veces rogados por el Tio Anton Zotes, y por su buena muger la Tia Catanla, otras (y eran las mas) sin esperar á que se lo rogassen, sobre mesa sacaban sus papelones, y ni mas ni ménos que si estuvieran en el púlpito, leían en tono alto, sonoro, y concionatorio lo que llevaban prevenido; el niño Gerundio tenia gran gusto en oírlos, y despues en remedarlos, tomando de memoria los mayores disparates que los oía, que no parece sino que estos se le quedaban mejor; y si por milagro los oía alguna cosa buena, no havia forma de aprenderla.

5. En cierta ocasion estuvo en su casa á la questa del mes de Agosto un Padrecito de estos atusados, con su poco de copete en el frontispicio, cuelli-erguido, barbi-rubio, de hábito limpio y plegado, zapato chusco, calzon de ante, y gran cantador de jácaras á la guitarrilla, del qual no se apartaba un punto nuestro Gerundico, porque le daba confites. Tenia el buen Padre, mitad por mitad, tanto de presumido, como de evaporado, y contaba, como estando él de Colegial en uno de los Conventos de Salamanca, le havia enviado su Prelado á predicar un Sermon de Animas á Cabrerizos, y que havian concurrido á oírle muchos Colegiales Mayores, Graduados, y Cathedráticos de aquella Universidad, por el crédito que havia cogido en ella con ocasion de graduarse cierto Rector de un Colegio Menor, ya ordenado in Sacris, de quien era pública voz y fama, que, despues de haver recibido el Sub-diaconato subrepticiamente y á hurtadillas, havia estado un año en la Cárcel Eclesiástica de su Tierra, por quanto tres doncellas honradas havian presentado al Señor Provisor tres papeles con palabra de casamiento. Esto se compuso lo mejor que se pudo; volvió á proseguir sus estudios á Salamanca, porque era mozo de ingenio; quiso graduarse, y encomendó una de las Arengas al tal Padrecito, que era paysano suyo, el qual comenzó por aquello de aprehenderunt septem mulieres virum unum; encajó despues lo de filii tui de longe venient, et filiæ tuæ de latere surgent; y no se le quedó en el tintero el texto tan oportuno de generatio Rectorum benedicetur. Y puesto que los textos y lugares de la Sagrada Escritura en semejantes composiciones puramente rhetóricas y profanas, son tan impertinentes y tan importunos, como las fábulas y los versos de los Poetas antiguos, usados á pasto y con immoderacion, lo son en los Sermones; no embargante tampoco, que el tal Frayle incurrió boniticamente en la Excommunion, que el Sagrado Concilio de Trento tiene fulminada contra los que abusan de la Sagrada Escritura para liviandades, sátyras, chanzonetas, y chocarrerías: la tal Arenga tuvo su aplauso á título de truanesca, y el susodicho Padre quedó tildado por pieza.

6. Pues como supieron que predicaba en Cabrerizos el Sermon de Animas, concurrieron con efecto á oírle todos aquellos ociosos y desocupados de Salamanca (háylos de todas clases y especies), que se huelgan á todo lo que sale; y el buen Religioso quedó tan pagado de su Sermon, que repetia muchas cláusulas de él en todas las casas de los Hermanos donde se hospedaba. «Oygan ustedes, por vida suya, como comenzaba», dixo la primera noche de sobremesa á Anton Zotes, á su muger, y al Cura del Lugar, que havia concurrido al levantarse los manteles, para cortejar al Frayle y brindar á la salud de su buena venida, como es uso en toda buena crianza.

7. «Fuego, fuego, fuego, que se quema la casa: Domus mea, domus orationis vocabitur. Ea Sacristan, toca essas retumbantes campanas: In cymbalis bene sonantibus. Assí lo hace; porque tocar á muerto y tocar á fuego, es una misma cosa, como dixo el discreto Picinelo: Lazarus amicus noster dormit. Agua, señores, agua, que se abrasa el mundo: Quis dabit capiti meo aquam? La Interlineal: Qui erant in hoc mundo. Pagnino: Et mundus eum non cognovit. Pero qué veo? Ay, Christianos, que se abrasan las Animas de los Fieles! Fidelium animæ, y sirve de yesca á las voraces llamas derretida pez: Requiescant in pace, id est, in pice, como expone Vatablo. Fuego de Dios! como quema! Ignis a Deo illatus. Pero albricias, que ya baxa la Vírgen del Cármen á librar á las que traxeron su devoto Escapulario: Scapulis suis. Dice Christo, favor á la justicia: dice la Vírgen, válgame la gracia. Ave Maria.»

8. Anton Zotes estaba pasmado; á la Tia Catanla se la caía la baba; el Cura del Lugar, que se havia ordenado con Reverendas de Sede-vacante, y entendia lo que rezaba como qualquiera Monja, le miraba como atónito, y juró por los santos quatro Evangelios, que, aunque havia oído predicar la Semana Santa de Campazas á los Predicadores Sabatinos mas famosos de toda la redonda, ninguno le llegaba á la suela del zapato. No acababa de ponderar aquel chiste de comenzar un Sermon de Animas con fuego, fuego, que se quema la casa. Pues qué, el ingenioso pensamiento de que lo mismo es tocar á muerto, que tocar á fuego? «Tenga usted, señor Cura, le interrumpió el Padre, alargándole la caja para que tomasse un polvo, que esso tiene mas alma de la que parece. Las almas de los difuntos, ó están en la Gloria, ó están en el Infierno, ó están en el Purgatorio: por las primeras no se toca, porque no han menester sufragios; por las segundas tampoco, porque no las aprovechan; con que solo se toca por las terceras, para que Dios las saque de aquellas llamas; pues esso, y tocar á fuego, allá se va todo. Ahora prosiga usted con su glossa, que me da mucho gusto, y se conoce que es hombre que lo entiende; y no como cierto Padre Maestro de mi Religion, que, aunque es hombre grave en la Orden, y le tienen por docto y de entendimiento, me tiene ojeriza desde que le negué el voto en un Capítulo del Convento para que fuesse Prelado, y me dixo, que el Sermon era un hato de disparates, añadiendo, que eran delatables á la Inquisicion.»

9. — «Todos somos hombres, replicó el Cura, y como de essas envidias se ven en las Religiones. A fé, que acaso su Reverendíssima el tal Padre Maestro en todos los dias de su vida daria con una cosa tan oportuna como aquella de agua, agua, que se quema la casa, con ser assí, que despues de haver tocado las campanas á fuego, se estaba cayendo de su peso el pedir agua.» — «Añada usted, le dixo el Padre Colegial, que ahí se hace alusion al agua bendita, la qual, como usted sabe, es uno de los sufragios mas provechosos para las benditas Animas del Pulgatorio.» — «Esso es claro, respondió el Cura, porque el fuego se apaga con el agua, y assí se lo explico yo en la Missa á mis Feligreses.» — «Dende que se lo oí perdicar á su mercé (saltó la Tia Catanla), tengo yo mucho cuidado de regar bien la sepultura de mi madre, porque dizque cada gota de agua bendita, que cae sobre ella, apaga una gota del fuego del Purgatorio.» — «Lo que mas me admira, continuó el Cura, es la propiedad de los textos, que no parece sino que V. Paternidad los trahe en la manga; y quando habla de agua, luego saca un texto, que habla de agua; quando de casa, de casa; y quando de mundo, de mundo: todos tan claros, que los entenderá qualquiera, aunque no haya estudiado latin.» — «Esse es el chiste, respondió el Padre; pero va que no sabe Vm. por qué traxe el texto de Lazarus amicus noster dormit, quando dixe, que tocar á muerto y tocar á fuego, es una misma cosa.» — «Confiesso que no lo entendí, dixo el buen Cura; y que aunque me sonó á despropósito, pero, como veo el grande ingenio de V. Paternidad, lo atribuí á mi rudeza, y desde luego creí, que sin duda se ocultaba algun mysterio.» — «Y como que le hay, prosiguió el Frayle, y si no, dígame Vm. quando Christo resucitó á Lázaro, no estaba este muerto? Assí lo dice S. Agustin, Lyra, Cartagena, y otros muchos, y no hay duda, que esta es la sentencia mas probable; porque, aunque el texto dice que dormia, dormit, es porque la muerte se llama sueño, como lo notó doctamente el Sapientíssimo Idiota. Pues ahora, haviendo yo dicho tocar á muerto, venia de perlas poner delante un difunto. Y por qué escogeria yo á Lázaro mas que á otro? Aquí está el chiste; porque el Mayordomo de la Cofradía de las Animas de Cabrerizos se llamaba Lázaro, y era grande amigo de nuestro Convento, al qual enviaba de limosna todos los años un Cordero, y media cántara de Vino. Por esso dixe, Lazarus amicus noster; que al oírlo el Alcalde, el Regidor, y el Fiel de Fechos, que estaban delante del Púlpito, sentados en el banco de la Señora Justicia, dieron muchas cabezadas, mirándose unos á otros.» No pudo contenerse el Cura: levantóse del assiento, y, echando al Padre los brazos al cuello, le dixo casi llorando de gozo: «Padre, vuesa Paternidad es un demonio»; y añadió Catanla: «Benditas las madres, que tales hijos paren!»

10. A todo esto estaba muy atento el niño Gerundio, y no le quitaba ojo al Religioso. Pero como la conversacion se iba alargando, y era algo tarde, vínole el sueño, y comenzó á llorar. Acostóle su madre; y á la mañana, como se havia quedado dormido con las especies que havia oído al Padre, luego que dispertó, se puso de piés y en camisa sobre la cama, y comenzó á predicar con mucha gracia el Sermon, que havia oído por la noche, pero sin atar ni desatar, y repitiendo no mas que aquellas palabras mas fáciles, que podia pronunciar su tiernecita lengua, como fuego, agua, Campanas, Saquistan, Tio Lázaro, y en lugar de Picinelo, Pagnino, y Vatablo, decia pañuelo, pollino, y buen nabo, porque aún no tenia fuerza para pronunciar la l. Anton Zotes y su muger quedaron aturdidos: diéronle mil besos, dispertaron al Padre Colegial, llamaron al Cura, dixeron al niño, que repitiesse el Sermon delante de ellos; y él lo hizo con tanto donayre y donosura, que el Cura le dió un ochavo para avellanas, el Frayle seis chochos, su madre un poco de turron de Villada, que havia trahido de una Romería; y contando la buena de la Catanla la profecía del bendito Lego (assí le llamaba ella), todos convinieron en que aquel niño havia de ser gran Predicador, y que sin perder tiempo, era menester ponerle á la Escuela de Villaornate, donde havia un Maestro muy famoso.


CAPITULO V.