De los disparates que aprendió en la Escuela de Villaornate.
Eralo un Cojo, el qual, siendo de diez años, se havia quebrado una pierna por ir á coger un nido. Havia sido discípulo en Leon de un Maestro famoso, que de un rasgo hacia una pájara, de otro un pavellon, y con una A ó con una M al principio de una Carta, cubria toda aquella primera llana de garambaynas. Hacia Carteles, que dedicaba á grandes personages, los quales por lo comun se los pagaban bien; y, aunque le llamaban por esto el Maestro socaliñas, á él se le daba poco de los murmuradores, y no por esso dexaba de hacer sus ridículos cortejos. Sobre todo era eminente en dibujar aquellos Carteles, que llaman de letras de humo, y con efecto pintaba un Alabado, que podia arder en un candil. De este insigne Maestro fué discípulo el Cojo de Villaornate; y era fama, que por lo ménos havia salido tan primoroso garambaynista, como su mismo Maestro.
2. Siendo cosa averiguada que los cojos por lo comun son ladinos y avisados, este tal Cojo, de quien vamos hablando, no era lerdo, aunque picaba un poco en presumido y en extravagante. Como salió tan buen pendolista, desde luego hizo ánimo á seguir la carrera de las Escuelas, esto es, á ser Maestro de Niños: y para soltarse en la letra, se acomodó por dos ó tres años de Escribiente con el Notario de la vicaría de San Millan, el qual era hombre curioso, y tenia algunos Libros romancistas, unos buenos, y otros malos. Entre estos havia tres libritos de Ortographía, cuyos Autores seguian rumbos diferentes, y aun opuestos, queriendo uno que se escribiesse segun la etymología ó derivacion de las voces; otro defendiendo, que se havia de escribir como se pronunciaba; y otro, que se debia seguir en esso la costumbre. Cada uno alegaba por su parte razones, exemplos, autoridades, citando Academias, Diccionarios, Lexicones, ex omni lingua, tribu, populo & natione; y cada qual esforzaba su partido con el mayor empeño, como si de este punto dependiera la conservacion, ó el trastornamiento y ruina universal de todo el Orbe Literario, conviniendo todos tres en que la Ortographía era la verdadera clavis scientiarum, el fundamento de todo el buen saber, la puerta principal del Templo de Minerva, y que, si alguno entraba en él sin ser buen Ortographista, entraba por la puerta falsa; no haviendo en el mundo cosa mas lastimosa, que el que se llamassen Escritores los que no sabian escribir. Sobre este pié metia cada Autor una zambra de todos los diantres en defensa de su particular opinion. Al Etymologista y Derivativo, se le partia el corazon de dolor, viendo á innumerables Españoles indignos, que escribian España sin H, en gravíssimo deshonor de la gloria de su misma patria, siendo assí que se deriva de Hispania, y esta de Hispaan, aquel Héroe, que hizo tantas proezas en la caza de conejos, de donde en lengua Púnica se vino á llamar Hispania toda tierra, donde havia mucha gazapina. Y, si se quiere que se derive de Hespero, aún tiene orígen y cuna mas brillante, pues no viene ménos que del Lucero vespertino, que es Ayuda de Cámara del Sol quando se acuesta, y le sirve el gorro para dormir, el qual á ojos vistos se ve, que está en el territorio celestial de nuestra amada patria; y quitándola á esta la H con sacrílega impiedad, obscurecióse todo el esplendor de su claríssimo orígen. Y los que hacen esto se han de llamar Españoles! O indignidad! O indecencia!
3. Pero donde perdia todos los estrivos de la paciencia, y aun de la razon, era en la torpe, en la bárbara, en la escandalosa costumbre ó corruptela de haver introducido la Y Griega, quando servia de conjuncion, en lugar de la I Latina, que, sobre ser mas pulida y mas pelada, tenia mas parentesco con el et de la misma lengua, de donde tomamos nosotros nuestra i. Fuera de que la y Griega tiene una figura basta, rústica, y grossera, pues se parece á la horquilla con que los Labradores cargan los haces en el carro; y aunque no fuera mas que por esta gravíssima razon, debia desterrarse de toda escritura culta y asseada. «Por esto, decia dicho Etymologista, siempre que leo en algun Autor y Pedro, y Juan, y Diego, en lugar de i Diego, i Pedro, i Juan, se me revuelven las tripas, se me commueven de rabia las entrañas, y no me puedo contener sin decir entre dientes: Hi-de pu... I al contrario, no me harto de echar mil bendiciones á aquellos celebérrimos Autores, que saben qual es su I derecha, i entre otros á dos Cathedráticos de dos famosas Universidades, ambos immortal honor de nuestro Siglo, i envidia de los futuros, los quales, en sus dos importantíssimos Tratados de Ortographía, han trabajado con glorioso empeño en restituir la I Latina al trono de sus antepassados; por lo qual digo y diré mil veces, que son benditos entre todos los benditos.»
4. No le iba en zaga el otro Autor, que, despreciando la etymología y la derivacion, pretendia, que en las lenguas vivas se debia escribir como se hablaba, sin quitar ni añadir letra alguna, que no se pronunciasse. Era gusto ver como se encendia, como se irritaba, como se enfurecia contra la introduccion de tantas hh, nn, ss, y otras letras impertinentes, que no suenan en nuestra pronunciacion. «Aquí de Dios y del Rey (decia el tal Autor, que no parecia sino Portugués en lo fanfarron y en lo arrogante): si pronunciamos ombre, onra, ijo, sin aspiracion, ni alforjas, á qué ton emos de pegar á estas palabras aquella h arrimadiza, que no es letra ni calabaza, sino un recuerdo, ó un punto aspirativo? Y si se debe aspirar con la h siempre que se pone, por qué nos reímos del Andaluz, quando pronuncia jijo, jonra, jombre? Una de dos: ó él jabla bien, ó nosotros escribimos mal. Pues, qué diré de las nn, ss, rr, pp, y demas letras dobles, que desperdiciamos lo mas lastimosamente del mundo? Si suena lo mismo pasion con una s que con dos; inocente con una n que con dos; Philipo con una p que con dos, ut quid perditio hæc? Que doblemos las letras en aquellas palabras en que se pronuncian con particular fortaleza, ó en las quales, si no se doblan, se puede confundir su significado con otro, como en perro para distinguirle de pero, en parro para diferenciarle de paro, y en cerro para que no se equivoque con cero, vaya; pero en buro, que ya se sabe lo que es, y no puede equivocarse con otro algun significado, para qué emos de gastar una r mas, que despues puede acernos falta para mil cosas? Es esto mas que gastar tinta, papel, y tiempo contra todas las reglas de la buena economía? No digo nada de la prodigalidad con que malvaratamos un prodigioso caudal de uu, que para nada nos sirven á nosotros, y con las quales se podian remediar muchíssimas pobres Naciones, que no tienen una u que llegar á la boca. V. gr. en qué, en por qué, en para qué, en quiero, & reliqua, no me dirán ustedes qué falta nos ace la u, puesto que no se pronuncia? Estaria peor escrito qiero, qé, por qé, para qé, &c? Añado, que, como la misma q lleva envuelta en su misma pronunciacion la u, podiamos aorrar muchíssimo caudal de uu para una urgencia, aun en aquellas voces en que claramente suena esta letra; porqe, qé inconveniente tendria, qe escribiéssemos qerno, qando, qales, para pronunciar querno, quando, quales? Aún hay mas en la materia: puesto que la K tiene la misma fuerza que la q, todas las veces que la u no se declara, distingamos de tiempos, y concordaremos derechos; quiero decir, desterremos la q de todas aquellas palabras, en que no se pronuncia la u, y valgámonos de la K, pues, aunque assí se parecerá la escritura á los Kyries de la Missa, no perderá nada por esso. Vaya un verbi gracia de toda esta Ortographía.»
5. «El ombre ke kiera escribir coretamente, uya quanto pudiere de escribir akellas letras, ke no se egspresan en la pronunciacion; porke es desonra de la pluma, ke debe ser buena ija de la lengua, no aprehender lo ke la enseña su madre, &c.» Cuéntense las uu que se aorran en solo este período, y por aquí se sacará las que se podian aorrar al cabo del año en Libros, Instrumentos, y Cartas: y luego estrañarán que se haya encarecido el papel.»
6. Por el contrario, el Ortographista, que era de opinion, que en esto de escribir se havia de seguir la costumbre, no se metia en dibujos; y haciendo gran burla de los que gastaban el calor natural en estas vagatelas, decia, que, en escribiendo como havian escrito nuestros Abuelos, se cumplia bastantemente: y mas quando en esto de Ortographía hasta ahora no se havian establecido principios ciertos y generalmente admitidos, mas que unos pocos, y que en lo restante cada uno fingia los que se le antojaba. El Cojo, que, como ya diximos, era un si es no es muchíssimo extravagante, leyó todos los tres Tratados; y, como vió que la materia tenia mucho de arbitraria, y que cada qual discurria segun los senderos de su corazon, le vino á la imaginacion un extraño pensamiento. Parecióle, que él tenia tanto caudal como qualquiera para ser Inventor, Fundador, y Patriarca de un nuevo Systema ortográphico; y aun se lisongeó su vanidad, que acaso daria con uno, jamas oído ni imaginado, que fuesse mas racional y mas justo, que todos los descubiertos; figurándosele, que, si acertaba con él, se haria el Maestro de niños mas famoso, que havia havido en el mundo, desde la fundacion de las Escuelas, ó hasta la institucion de los Esculapios,[15] inclusive.
7. Con esta idéa comenzó á razonar allá para consigo, diciéndose á sí mismo: «Válgame Dios! las palabras son imágenes de los conceptos, y las letras se inventaron para ser representacion de las palabras; con que, por fin y postre, ellas tambien vienen á ser representacion de los conceptos. Pues ahora, aquellas letras que representaren mejor lo que se concibe, essas serán las mas propias y adequadas; y assí, quando yo concibo una cosa pequeña, la debo escribir con letra pequeña, y quando grande, con letra grande. Verbi gracia: qué cosa mas impertinente, que, hablando de una Pierna de Baca, escribirla con una p tan pequeña, como si se hablara de una pierna de hormiga, y tratando de un Monte, usar una m tan ruin, como si tratara de un Mosquito? Esto no se puede tolerar, y ha sido una inadvertencia fatal y crasíssima de todos quantos han escrito hasta aquí. Hay cosa mas graciosa, ó por mejor decir mas ridícula, que igualar á Zaquéo en la Z con Zorobabel, y con Zabulon; siendo assí, que consta de la Escritura, que el primero era pequeñito y casi enano, y los otros dos, qualquiera hombre de juicio los concibe por lo ménos tan grandes y tan corpulentos como el mayor Giganton del dia del Corpus? Porque pensar, que no llenaban tanto espacio de ayre, como llenan de boca, proportione servata, es cuento de niños. Pues ve aquí, que salgan Zaquéo y Zabulon en un escrito, y que, siendo ó haviendo sido en sí mismos tan desiguales en el tamaño, han de parecer iguales en la escritura! Vaya, que es un grandíssimo despropósito. Item, si se habla de un hombre, en quien todas las cosas fueron grandes; como si dixéramos un San Agustin, ponderando su Talento, su Ingenio, su Comprehension, hemos de escribir y pintar en el papel estas agigantadas prendas con unas letricas tan menudas y tan indivisibles, como si habláramos por comparanza de las del Autor del Poema Epico de la Vida de S. Anton, y otros de la misma calaña? Esso seria cosa ridícula, y aun ofensiva á la grandeza de un Santo Padre de tanta magnitud. Fuera de que, donde puede haver mayor primor que el hacer, que qualquiera lector, solo con abrir un libro, y ántes de leer ni una sola palabra, conozca por el mismo tamaño y multitud de las letras grandes, que allí se trata de cosas grandiosas, magníficas, y abultadas; y al contrario, en viendo que todas las letras son de estatura regular, ménos tal qual que sobresale á trechos, como los pendones en la procession, cierre incontinenti el libro, y no pierda tiempo en leerle, conociendo desde luego, que no se contienen en él sino cosas muy ordinarias y comunes? Quiero explicar esto con el exemplo de un estupendo Sermon, predicado al mismo S. Augustin, el mejor que he oído, ni pienso oír en los dias de mi vida. Preguntaba el Predicador, por qué á S. Agustin se le llamaba el Gran Padre de la Iglesia, y á ningun otro Santo Padre, ni Doctor de ella se le daba este Epítheto? (Assí decia él). Y respondió:»
8. «Porque mi Agustino, no solo fué Gran Padre, sino Gran Madre y Gran Abuelo de la Iglesia. Gran Padre, porque ántes de su Conversion tuvo muchos Hijos, aunque no se logró mas que uno. Gran Madre, porque Concibió y Parió muchos Libros. Gran Abuelo, porque Engendró á los Hermitaños de San Agustin, y los Hermitaños de S. Agustin engendraron despues todas las Religiones mendicantes, que siguen su santa Regla, las quales todas son Nietas del Grande Agustino. Y note de passo el discreto, que la Regla destruye la Maternidad, y la Regla fué la que asseguró la Paternidad de mi Gran Padre. Magnus Parens.»
9. «Este trozo de Sermon, que oí con estos mismíssimos oídos, que han de comer la tierra, y un pobre ignorante y mentecato, aunque tenia crédito de gran Letrado y hombre maduro, trató de puerco, sucio, hediondo, y digno del fuego; pero á mí me pareció, y oy dia me lo parece, la cosa mayor del mundo: digo que este trozo de Sermon, escrito como está escrito, esto es, con letras mayúsculas y garrafales en todo lo que toca á S. Agustin, desde la primera vista llama la atencion del Lector, y le hace conocer, que allí se contienen cosas grandes, y, sin poderse contener, luego se avalanza á leerlo: quando al contrario, si estuviera escrito con letras ordinarias, no pararia mientes en él, y quizá le arrimaria sin haver leído una letra. Assí que en esta mi Ortographía se logra lo primero, la propiedad de las letras con los conceptos que representan; lo segundo, el decoro de las personas de quien se trata; lo tercero, el llamar la atencion de los lectores. Y podia añadir lo quarto, que tambien se logra la hermosura del mismo escrito; porque son las letras grandes en el papel lo que los árboles en la huerta, que la amenizan y la agracian, y desde luego dá á entender, que aquella es huerta de Señor; quando un libro todo de letras iguales y pequeñas, parece huerta de verdura y hortaliza, que es cosa de Frayles y gente ordinaria.»