CAPITULO PRIMERO.
Concluído su Noviciado, passa á estudiar Artes.
Ya tenemos á Fray Gerundio en Campaña, como toro en plaza, Novicio hecho y derecho, como el mas pintado, sin que ninguno le echasse el pié adelante, ni en la puntual assistencia á los exercicios de Comunidad, porque guardaba mucho su coleto, ni en las travesuras que le havia pintado el Lego, quando podia hacerlas, sin ser cogido en ellas, porque era mañoso, dissimulado, y de admirable ligereza en las manos y en los piés. No obstante, como no perdia ocasion de correr un panecillo, de encajarse en la manga una racion, y en un santi-amen se echaba á pechos un Jesus, quando ayudaba al Refitolero á componer el Refectorio, llegó á sospecharse, que no era tan limpio como parecia, y assí el Refitolero como el Sacristan le acusaron al Maestro de Novicios, que, quando Fr. Gerundio assistia al Refectorio, ó ayudaba á las Missas, se acababa el vino de estas á la mitad de la mañana, y á un volver de cabeza se hallaban vacíos uno ó dos Jesuses, de los que juraria á Dios y á una Cruz, que ya havia llenado; y, aunque nunca le havian cogido con el hurto en las manos, pero que por el hilo se sacaba el ovillo, y que en Dios y en su conciencia no podia ser otra la lechuza,[24] que chupaba el aceyte de aquellas lámparas.
2. Era el Maestro de Novicios un bellíssimo Religioso, devoto y pio hasta mas no poder, pero sencillo y cándido como él mismo. En viendo á un Novicio con los ojos baxos, con la capilla calada, las manos siempre debaxo del escapulario, poco curioso en el hábito, traquiñándose al andar, y andando siempre arrimado á la pared, puntual á todos los actos de Comunidad, silencioso, rezador, y que en las recreaciones hablaba siempre de Dios; pues qué, si naturalmente era bien agestadillo y vergonzoso? si le pedia licencia para hacer mortificaciones y penitencias extraordinarias y ocultas, aunque nunca las hiciesse? si acudia frequentemente á comunicarle las cosas de su espíritu, y á darle quenta de los sentimientos, que tenia en la oracion, especialmente si havia algo, que oliesse á cosa de vision imaginaria? sobre todo, si en tono de caridad, de escrúpulo, ó de zelo, iba á contarle las faltas, que havia notado, ó que quizá solo havia aprendido en los otros su malicia? Para el buen Maestro no havia mas que pedir: no creeria cosa mala de este Novicio, aunque se la predicaran Frayles descalzos; y, si alguno le acusaba de alguna faltilla, lo tenia por envidia ó por emulacion, diciendo casi con lágrymas, que la virtud, hasta en los claustros, es perseguida. Los bellacos de los Novicios, aunque por la mayor parte de poca edad, ya tenian bastante malicia para conocer esta flaqueza ó esta bondad de su Maestro, y assí los mas ladinos se la pegaban tan lindamente, haciéndole creer, que eran los mas santos. Nuestro Gerundio no iba en zaga al mas raposilla de todos, ántes bien en esta especie de farándula los hacia muchas ventajas, y se sabia, que era el queridito del Maestro, y mas añadiéndose á su buen parecer, dissimulo, y afectada compostura el ser ahijado y tan recomendado de nuestro Padre Provincial; porque, si bien es verdad, que el Maestro de Novicios era Varon espiritual y mýstico, no embargante todo esso, á mayor gloria de Dios y por el mayor bien de la Religion, hacia con puríssima intencion su corte á los mandones, y no querria disgustar á un Padre grave, por quanto tuviesse el mundo.
3. En esta disposicion del Maestro, dicho se está lo mal recibidas que fueron las acusaciones del Refitolero y del Sacristan. Díxoles el bendito Varon, que conocian mal al Hermano Fr. Gerundio, y que no sabia, con qué conciencia hacian juicios tan temerarios y levantaban aquellos falsos testimonios á un Novicio tan Angelical; que, si supieran bien, quien era aquel mancebo, se tendrian por dichosos en poner la boca, donde él ponia los piés; y que, si era verdad, que les faltaba el vino, seria sin duda, porque el Diablo tomaba la figura del Santo Novicio para beberle, y para desacreditarle: concluyendo con decirlos, que, si la Orden tuviera media docena de Fr. Gerundios, essa media docena de Santos mas adoraria con el tiempo en los Altares.
4. Sucedió, que, miéntras el bueno del Maestro de Novicios estaba dando esta repasata á los dos Legos acusadores, el Angelical Fr. Gerundio passó (no se sabe, si por casualidad, ó por aviso que tuvo) por delante de la despensa, y, viendo á la puerta de ella una cesta de huevos, se embocó media docena en el seno, y con la mayor modestia del mundo siguió su camino para el Noviciado, y se fué derecho á la celda del Maestro, á darle cuenta de lo que le havia passado en la oracion de aquel dia. Entró, como acostumbraba, con los ojos clavados en el suelo, la capilla hasta como dos dedos sobre la frente, las manos en las mangas debajo del escapulario, sonroseado adredemente, para lo qual le vino de perlas la travesurilla, que acababa de hacer; y en todo caso (lo que era mucho del conjuro) amagando á una risita. Luego que el Maestro le vió entrar, se le renovó todo el cariño; mandóle sentar junto á sí, comenzó la cuenta de oracion, y comenzaron las mentiras, ensartando todas quantas se le vinieron á la cabeza, pero tan bien concertadas, y dichas con tanta gracia y con tanta compostura, que el bonazo del Maestro, sin poderse contener, se levantó de la silla y, para alentar mas y mas á su Novicio, le dió un estrechíssimo abrazo. En hora menguada se le dió; porque, como le apretó tanto en el Señor, se estrellaron en el pecho los huevos, que el Angelical mancebo trahia escondidos en él, y comenzaron á chorrear yemas y claras por el hábito abaxo, que parecia haverse vaciado el perol donde se batian los huevos para las tortillas de la Comunidad. El Maestro quedó atónito y confuso, y le preguntó al Novicio: «Pues, qué es esto, Hermano Fray Gerundio?» El santo mozo, que era assaz sereno y de imaginacion pronta y viva para salir con lucimiento de los lances repentinos, le respondió sin turbarse: «Padre, yo se lo diré á su Reverencia. Como ha dos meses, que su Reverencia me dió licencia para tomar disciplina en las espaldas, por no poderla ya tomar en otra parte, se me han hecho unas llagas, y llevaba estos huevos para ponerme una estopada; y no me atreví á decirlo á su Reverencia, porque su Reverencia no me privasse del consuelo de esta corta mortificacion.» Tragó el anzuelo el boníssimo Varon, y, pasmado de la estupenda mortificacion de su Novicio, volvió á darle otro abrazo, aunque ménos apretado que el primero, por no lastimarle en las llagas de las espaldas, y por no mancharse con la chorrera del hábito; y contentándose con advertirle blandamente, que mejor es la obediencia, que no los sacrificios, le despidió, dándole órden, de que se fuesse á mudar otra saya y otro escapulario.
5. Con estas trazas passó nuestro Fr. Gerundio su Noviciado, y hizo su profession inoffenso pede, sin que le faltasse voto; y, como todavía duraba el Provincialato de su Padrino y Padre de Hábito, le envió luego á estudiar las Artes á un Convento de los mas graves de la Provincia, sin que passasse por la regular aduana de Chorista, por dos ó por tres años, como passan los demas Frayles en canal, que no tienen arrimo.
6. Era Lector un Religiosito mozo, como de hasta treinta años escasos, de mediano ingenio, de bastante comprehension, de memoria feliz, estudianton de cal y canto, furiosamente Aristotélico, porque jamas havia leído otra Philosophía, ni podia tolerar, que se hablasse de ella; eterno disputador, para lo qual le ayudaba una gran volubilidad de lengua, una voz clara, gruessa, y corpulenta, una admirable consistencia de pecho, y una maravillosa fortaleza de pulmones: en fin, un Escholástico essencialmente tan atestado de voces facultativas, que no usaba de otras, ni las sabia, para explicar las cosas mas triviales. Si le preguntaban como lo passaba, respondia, materialiter, bien; formaliter, subdistingo; reduplicative ut homo, no me duele nada; reduplicative ut Religioso, no dexa de haver sus trabajos. En una ocasion se le quejó su madre, de que en las Cartas, que la escribia, no la hablaba palabra de su salud; y él la respondió: «Madre y Señoría mia, es cierto, que signate no decia á Vm. que estaba bueno, pero exercite ya se lo decia. Ahora pongo en noticia de Vm. como estoy explicando á mis discípulos la transcendencia á la intranscendencia del Ente: yo llevo la analogía, y niego la transcendencia. A mi hermana Rosa dirá Vm. que me alegro mucho lo passe bien, assí ut quo, como ut quod, y que, en quanto á las calcetas con que me regala, la materia ex qua me pareció un poco gorda, pero la forma artificial viene con todos sus constitutivos. De las quatro libras de chocolate, que Vm. me envía, diré in rei veritate lo que me parece: las qualidades intrínsecas son buenas, pero las accidentales le echaron á perder, por haver estado aplicado mas tiempo del conveniente á la naturaleza ignea, mediante la virtud combustiva. B. L. M. de Vm. su hijo inadæquate, et partialiter, y su Capellan totaliter, et adæquate. Fr. Toribio, Lector de Artes.»
7. Por aquí se puede sacar el carácter del P. Lector Fray Toribio, que en un argumento á todos se los llevaba de calle, porque con la voz sonora, con el pecho fuerte, con la lengua expedita, y con la abundancia de términos no havia quien le resistiesse, y assí le llamaban el azote de los concursos. Tenia atestada la cabeza de apelaciones, ampliaciones, alienaciones, equipolencias, reducciones, y de todo lo mas inútil y mas ridículo, que se enseña en las Súmulas, sirviendo solo para gastar el tiempo en aprender mil cosas inútiles. Exercitábase él, y hacia que sus discípulos se exercitassen, en componer contradictorias, contrarias, sub-contrarias, y sub-alternas, en todo género de proposiciones, en las cathegóricas, en las hypothéticas, en las simples, en las complexas, en las necessarias, en las contingentes, y en las de impossible, gastando meses enteros en estas vagatelas impertinentíssimas. Sobre la importante y gravíssima question de si Blictiri es término, era cosa de espiritarse; y, si alguno le queria defender, que la union era tan término, como todos los demas, y que en ella se resolvia la proposicion tan resolvidamente, como en el sugeto y en el predicado, era negocio de volverse loco, y á lo ménos no le faltaba un tris para perder el juicio.