[23] P. 66, l. 2. Predicadores generales. Los que tenian licencia del general de la órden, siendo por consiguiente los mas famosos, como superiores en grado.

[24] P. 71, l. 20. Lechuza. Suelen estas rapaces nocturnas anidar en los agujeros de los grandes edificios, y especialmente en los de las iglesias y campanarios. La imaginacion vulgar que, cuando no tiene explicacion que la satisfaga, respecto de los problemas que se propone, la inventa á medida de su gusto, viendo á las lechuzas revolotear de noche en derredor de los templos, y no comprendiendo que se alimentaban de ratoncillos, cucarachas y otras sabandijas, dió en imaginar que se nutrian de sorber el aceite de las lámparas, y lo cree á puño cerrado con ser un disparate mayúsculo. Por supuesto que semejante creencia es de gran provecho para los sacristanes poco escrupulosos, que, con achacar á las lechuzas las mermas en el aceite de las lámparas, pueden hacer muy á mansalva su negocio.

[25] P. 79, l. 44. Presentado. Como si dijéramos que se le reconocia su aptitud para la colacion de un grado superior. Cuando la órden reconocia en uno de sus individuos saber y condiciones suficientes para obtener aquella elevada distincion, lo presentaba, lo hacia presente, y el que mediante este proceder alcanzaba el grado, como que constituía motivo de honra, no se limitaba á usar el simple título de Maestro en sagrada Teología, por ejemplo, sino que añadia el de tan honorífica distincion, poniendo Maestro presentado, que tanto valia como decir, de mérito indisputable: reconocido por la órden.

[26] P. 79, l. 45. Sabatinas. Ejercicio académico, semejante al que tenia lugar en las aulas, del cual nos hemos ocupado en una de las notas precedentes. Consistia en aguzar el ingenio en disputas filosóficas, en las cuales se sentaba una proposicion que defendia el proponente, é impugnaban los adversarios, echando mano de argumentos y segun el procedimiento filosófico entónces en uso. Las sabatinas servian para hacer el aprendizage y sostener públicas conclusiones en presencia de la Comunidad.

[27] P. 82, l. 15. Predicador Mayor y Predicador Sabatino. Es decir: predicador perfecto y consumado, y mero aprendiz ó que hacia sus primeras armas en el ejercicio de la oratoria del púlpito. A la clase de los predicadores sabatinos pertenecian los que, por su poca edad ó escasas facultades, solo en casos extraordinarios podian utilizarse para una festividad ó dia de gran concurso; pero en cambio servian perfectamente para los sábados ú otros dias en que la concurrencia era muy limitada y, por decirlo así, de gente de casa.

[28] P. 86, l. 3. Voto á Cristo. Juramento asaz comun. Algunos para atenuar su trascendencia añadian otra ú otras palabras, por ej. Voto á Cristo valillo; Voto á Cristo Baco valillo nunca ni no etc. En suma, soltar la interjeccion sin contravenir el precepto que prohibe jurar el santo nombre de Dios en vano.

[29] P. 108, l. 31. Familiar de la Inquisicion. Larga nota exigirian estas palabras: sin embargo nos limitaremos á decir que se tenia á título de honra usar semejante distintivo, que por sí solo denunciaba proceder de linage de cristiano rancio sin mezcla de sangre mora ni judía. De aquí que se solicitara con eficacia y que de él hicieran ostentacion las personas mas conspicuas. Por lo demas tales familiares no deben confundirse con los que con tal nombre eran verdaderos criados del Santo Oficio. El título de familiar, en el sentido expresado, era respecto de los familiares asalariados, lo que el de hermano laico, que se adquiria en virtud de la carta de hermandad, á los legos de los conventos, segun va expresado en [una de las notas] que preceden.

[30] P. 150, l. 41. Zahorí. El que está dotado de tal facultad que puede adivinar y descubrir lo mas recóndito, aun cuando se halle escondido en las entrañas de la tierra, con tal que no lo cubra un paño azul. Es esta una de tantas preocupaciones ó creencias populares que se conservan en España, y que procedentes de los pueblos de Oriente llegaron á ella por intermedio de los Arabes.

[31] P. 153, l. 5. El Lector del caso. El fraile que proponia un caso moral, que habia de ser base de discusion para los diferentes miembros de la Comunidad, en las reuniones que con semejante objeto celebraba en determinados dias del mes.

[32] P. 172, l. 36. El Barbadiño. Esta palabra, que se encuentra siempre precedida de artículo, no debe considerarse nombre propio, sino como adjetivo calificativo. La órden religiosa fundada por Francisco de Asís mediante una regla por demas estrecha, sufrió una reforma poco tiempo despues de la muerte del fundador. El hábito que este dió á los hermanos (frailes) se reducia á un tosco sayal de lana burda provisto de una capucha, ceñido al cuerpo por medio de una cuerda: los hermanos no debian raparse las barbas ni hacer en su rostro cosa alguna que trascendiera á mundanal afeminacion: todo era en la órden mortificacion y sacrificio. Muerto el fundador, relajáronse los preceptos de la órden, so pretexto de que la naturaleza humana no podia resistir tan duras pruebas, y de aquí resultaron los franciscanos, que fueron los que aceptaron la reforma, y los capuchinos, que se mantuvieron fieles á la regla establecida por el pobre de Asís. Estos continuaron usando la barba, y de aquí que les distinguieran con el título de barbadiños, diminutivo de barbudos, que empleaban no porque la barba fuese menguada, sino por humildad.