[13] P. 13, l. 32. Segun nos informan las historias más verídicas. No obstante el empeño de Cervantes para desacreditar las novelas heróicas y los libros de caballeria, no ha llegado á extirparse por completo en España, y en el vulgo, la aficion á este linage de libros. «La Historia de los doce Pares» y otras del propio jaez se encuentran en los puestos en que se venden los romances de ciegos, y muy mísero ha de ser quien no ahorre unos reales para adquirir tales libros, — que llamaba Anton Zotes «las historias mas verídicas», — para proporcionarse con su lectura grato y apacible solaz. En ciertas provincias del centro de Castilla, no es extraño, ántes bien muy comun, en especial en tiempo de invierno, encontrar reunidas las gentes al amor de la lumbre, ó, donde la leña es escasa, en los establos, que merced al ganado ofrecen un ambiente muy agradable, escuchando embebecidos los hombres la lectura de las proezas de Carlo Magno ó de los Caballeros de la Tabla redonda, en tanto que las mujeres hilan, ó cosen las prendas de vestir de la gente menuda, que suele asistir tambien á la tertulia que lleva el expresivo nombre de «trasnocho».
[14] P. 14, l. 2. El Piscator de Sarrabal. Era este el título de cierto librejo que publicaba todos los años un pretendido astrólogo de Milan, con sus puntas y collares de nigromántico. Alcanzó su librillo, especie de calendario ó almanaque, no poca fama, y á imitacion suya diéronse á luz otros Piscatores en otros puntos, existiendo en consecuencia el de Andalucía, el de Salamanca, etc. Contenian tales librejos gran caudal de noticias de materias útiles y de apacible entretenimiento, tales como recetas, secretos de la naturaleza, acertijos, charadas y logogrifos, y, amen de indicaciones relativas á las operaciones agrícolas ó faenas del campo, pronósticos concernientes al tiempo, anuncios de cambios atmosféricos, lluvias, vientos, en cada una de las fases de la Luna. Tales pronósticos, si no era en lo de anunciar hielos en tiempo de invierno, y tempestades y truenos en verano, casi siempre salian fallidos; de aquí el proverbio «miente mas que el almanaque», que ha sucedido al Piscator; mas sus autores se consolaban, y consuelan aún, con el Dios sobre todo (que vale tanto como decir «será lo que Dios quiera»), que es la frase sacramental con que terminan indefectiblemente los versos que constituyen la introduccion ó prólogo del Almanaque, y que llevan el nombre característico de «Juicio del año».
[15] P. 22, l. 6. Los Esculapios. Corrupcion de Escolapios, es decir, hermanos de las Escuelas pias fundadas por S. José de Calasanz.
[16] P. 24, l. 22. Bolas de trucos. Es el juego de trucos uno de los que tenian mas aficionados entre la gente del pueblo. Para él se necesitaban ciertas bolas ó esferas, un tercio mayores que las de billar, labradas de madera dura y elástica, por ejemplo fresno, olmo ó abedul. En los conventos de Franciscanos y Capuchinos no faltaban juegos de trucos, con los cuales se solazaban los devotos de la casa, en el patio del claustro, ó en los paséos de la huerta durante las tardes de invierno, especialmente si el tiempo estaba lluvioso.
[17] P. 26, l. últ. Todo el Lárraga. Tratado de Moral por el cual se examinaban los aspirantes á la carrera eclesiástica. Todavía sirve de texto en algunos seminarios.
[18] P. 28, l. 39. Vísperas de la Expectacion. El 18 de Diciembre, es decir, siete dias ántes de aquel en que se conmemora la Natividad de Ntro. Sr. Jesucristo, celebra la Iglesia la festividad de Nuestra Señora de la O, llamada así por empezar con O los siete himnos (antífonas) que preceden al Magnificat, los cuales se cantan en los siete dias que median desde el 18 al 25. Su comienzo es O Sapientia... O Adonai... O Radix Jessé... O Clavis David... O Oriens... O Rex Gentium... O Emmanuel... Estas Oes son expresion del ansia con que esperaban los profetas la venida del Mesias, y á ellas corresponden las puestas en boca de la Vírgen, cuando para expresar los sentimientos que la mueven, y los deseos que la animan, exclama: O cuando llegará el dia,... O cuando llegará el feliz momento en que veré con estos ojos y sostendré en estos brazos al Hijo de Dios... etc. Esta fiesta fué establecida en España por un Arzobispo de Toledo.
[19] P. 32, l. 3. Definidores. Dábase este nombre á los que aconsejaban sea al Provincial, sea al General de la órden, en aquellos asuntos graves que ocurrian y que por sí mismos no sabian ó no querian resolver. Eran como intérpretes ó jurisconsultos: definian las cuestiones dudosas, y habia Definidores provinciales y Definidores generales.
[20] P. 48, l. 5. Reminimista. Persona que se ocupa en pequeñeces y fruslerías literarias (re minima litteraria).
[21] P. 59, l. 30. Emperador perpetuo. Para comprender el valor de estas palabras es indispensable conocer el sistema que regia en las aulas. Los alumnos que á ellas concurrian hallábanse divididos en dos bandos, Romanos y Cartagineses, ó bien Griegos y Troyanos. Uno de los lados del aula se distinguia con el nombre de Roma, y el opuesto con el de Cartago, y estos nombres, escritos en sendas tablillas, campeaban en la pared correspondiente, viéndose debajo de aquellas una abrazadera de hierro, destinada á sostener la bandera ó pendon en que estaba pintada la imágen de la patrona del aula, que lo era generalmente Santa Catalina. Ademas habia otra tablilla que tenia escrita la palabra Victor, la cual se colgaba en la abrazadera destinada á sostener el pendon. En el testero del aula un pequeño estrado, y en él tres sillones, de los cuales el del centro algo mas elevado: este destinado al Emperador; aquellos á los dos Censores. Llegado el último dia lectivo de la semana, hacíase repaso general de cuanto se habia aprendido durante la misma, preguntando el primero el dómine ó maestro al Emperador; este al Censor de Roma; este al de Cartago; este al primer muchacho del bando romano; este al primero del cartaginés, y así sucesivamente hasta llegar al último de la clase. El maestro iba notando las faltas cometidas por los alumnos de cada bando al contestar las preguntas, y segun el resultado, el estandarte, con la tablilla del Victor, se colocaba al lado del vencedor, es decir del que habia cometido menor número de errores. Despues de esto se desafiaban los muchachos mas adelantados dirigiéndose preguntas y proponiéndose cuestiones difíciles, y el que daba mayores pruebas de conocimiento ocupaba el sillon del Emperador, y los dos que en saber le seguian, los de los censores de Roma y Cartago. El que habia ganado la plaza de Emperador, recibia del dómine otra tablilla ó Victor, con la cual se iba á casa de sus padres, con la satisfaccion que se deja comprender, no quedando ellos ménos gozosos y satisfechos, principalmente si eran gente acomodada; mas, si eran de escasa fortuna, habrian de muy buena gana perdonado el bollo por el coscorron, ya que el sábado siguiente, al devolver el muchacho el emblema de su victoria, debia acompañarlo de alguna golosina ó garambaina, con la cual el dómine solia obsequiar á la señora de sus pensamientos, y si no la tenia, vendiendo el regalillo acrecentaba su mísero caudal.
[22] P. 62, l. 2. Asno, y sobra una pierna. Si de la m de Osma se suprime una pierna, conviértese la m en n, y entónces en lugar de Osma dice asno.