CAPITULO III.

Dispone Fray Gerundio su Semana Santa.

1. Tomóla con tanto empeño, que se negó con exemplar constancia y edificacion á los muchos que tuvo para predicar varios sermones en aquel verano. Entre otros, le importunaron con excesso para que admitiesse uno de grande aparato y de no menor utilidad, para una fiesta que se havia de celebrar en cierto lugar vecino, en accion de gracias de haver hecho el Rey Obispo de Indias al Cura que era del mismo lugar, hombre docto, piadoso y limosnero. No le pudieron vencer á que lo admitiesse, por no distraherse á otros assuntos ni exponerse á que le faltasse el tiempo para prevenir su Semana Santa. Y, por quanto uno de los que mas le instaban, para que admitiesse el sermon de gracias, le dió á entender que se atribuiria su resistencia á que era assunto nuevo y enrevesado, de lo que havia poco en los libros, y por esso no se atrevia con él, Fray Gerundio, para desengañarle, le enseñó al instante unos apuntamientos que tenia, á su parecer muy escogidos, para este género de funciones.

2. Eran todos sacados á la letra de cierto sermon, que se predicó en cierta Ciudad al mismíssimo idéntico assunto, de un Párrocho electo Obispo de Indias, llamado Juan, (assí se llamaba tambien el nuevo Electo,) que lloró mucho con la noticia de su eleccion, se resistió á consentir en ella, al fin aceptó. Celebró una fiesta muy solemne, en su misma Parrochia, una numerosa Congregacion que havia en ella, de que era Padre espiritual el mismo Señor Obispo. Se buscó Orador de fuera, y fué un Padre Maestro, ingenioso y hábil sin duda, pero de los que en el púlpito se dexan llevar de la corriente. Se traxo la música de la Cathedral, huvo fuegos, toros y vítor, que sacaron los Estudiantes de la Escuela que havia professado el Prelado. De todo se hizo cargo el Orador en la salutacion, y todo le pareció á Fray Gerundio que con grandíssima facilidad se podia adaptar á la eleccion de qualquiera Señor Obispo. Y, si en la fiesta estaba el Sacramento patente, como es regular, seria otro tanto oro. El excerpto, que leyó al que le importunaba, decia assí á la letra:

3. «Apuntamientos para Sermones en elecciones de Obispos:

Si se aflige el Electo, como suele suceder, consolarle con esta entradilla: No lloreis, Juan, no lloreis: Ne fleberis. Y por qué llora Juan? Ya lo dice él mismo: Vidi in dextra sedentis super thronum librum scriptum intus et foris, signatum sigillis septem... et ego flebam multum. El que está sentado sobre el throno es el Rey: el libro del qual pendian siete sellos, segun unos, es figura de las Bulas plumbadas, de las quales viene pendiente el plomo con el sello pontificio: Pictores nostri hunc librum cum septem sigillis pendentibus instar Bullarum depingunt. Segun otros, era una carta cerrada, llamada libro, como llaman los Hebréos á qualquiera papel ó pergamino escrito: Hebræi quodcumque scripti genus librum appellant. Ille, de quo hic agitur, erat potius epistola quædam plicata. Carta cerrada á nombre del Rey, que amenaza con unas bulas plumbadas, motivo es para que Juan llore y se aflija mucho: et ego flebam multum. Ya tenemos Cedula Real, Bulas y llanto.»

4. «Quien ha de consolar al pobre Obispo? Ya lo dice el texto: Vicit Leo de Tribu Juda. El Leon de Judá, que se representa no solo como manso Cordero, sino como muerto sobre el mismo libro, Agnum stantem tamquam occisum, es figura del Sacramento. Este Cordero sacramentado le alarga con su propria mano las Bulas: et accepit de dextra sedentis in Throno librum... instar bullarum depingunt. Mándale que las acepte y que dé cuenta á su santa Iglesia: scribe Ecclesiis; no puede resistirse: vicit Leo. Ni tiene para qué, porque el mismo Cordero se empeña en darle quanto ha de menester para desempeñar su ministerio. Por esso se representa unas veces passeándose, otras sentado, y otras en pié: ambulantem, sedentem, stantem. Quando pesa los méritos del que ha de elegir, se passéa, ambulantem; quando los califica, se sienta, sedentem; quando los premia, se pone en pié, stantem. Como que está pronto para ayudarle y para defenderle! Necessita el Obispo ojos? El Cordero tiene siete, habentem oculos septem. Necessita los dones del Espíritu Santo? Ahí los tiene figurados en los siete cuernos del Cordero, cornua septem. Necessita atravesar el mar y que los Angeles del Señor le conduzcan felizmente á Tierra firme? Ahí lo tiene todo: Habentem cornua septem et oculos septem, qui sunt septem spiritus Dei missi in omnem terram

5. «Supuesta la aceptacion como triumpho del Cordero, quien le da ó quien le instituye la solemníssima fiesta en accion de gracias? Al texto: Cum aperuisset librum, viginti quatuor Seniores ceciderunt coram Agno, habentes singuli citharas et phialas aureas... dicentes, etc. Los Antiguos, los Doces, los Veinte y quatro, que son los que ocupan el palenque de esta nobilíssima Congregacion y se distinguen en ella con estos nombres: Viginti quatuor Seniores ceciderunt coram Agno. Ellos parece que todos se han convertido en músicos por el amor, para cantar gracias al Cordero: Habentes singuli citharas. Mas, no contentos con esto, han conducido essa dulcíssima y acorde música, que tiene su orígen, no allá de los podridos nervios ó cuerdas de la tortuga de Mercurio, sino del mismo Cielo: Itaque cœlum instrumentum musicæ Archetypum videtur mihi, non propter alia sic elaboratum, quam ut rerum Parentis hymni decantarentur et musice. Hasta el Orador parece que estaba figurado en el texto; porque, ya fuesse él ó ya fuesse otro, como lo pretendió, el sermon siempre seria nuevo: Et cantabant canticum novum

6. «Los cohetes están claros, puesto que se disparaban desde el mismo throno: Et de throno procedebant fulgura et voces et tonitrua. El víctor de los Estudiantes de la Escuela Jesuíta es el que no se puede dexar de reconocer es aquellos quatro mysteriosos vivientes, que assistian á la cáthedra ó throno de Jesus, in circuitu sedis; y con el semblante y vuelo de águilas, et quartum simile aquilæ volanti, se remontaron mas victoreando dia y noche: Et requiem non habebant die ac nocte, dicentia Sanctus, Sanctus, Sanctus. Finalmente, hasta los toros se divisan en nuestro texto, pues tampoco faltan en él semblantes de toros: Et secundum animal simile vitulo