Concuerda con su original, á que me remito.

Morchon

24. Esta fué á la letra la instruccion, que el Licenciado Flechilla entregó á nuestro Fray Gerundio, recibida immediatamente de mano del Fiel de Fechos que exercia el oficio de Escrivano in sede vacante, y se acostumbraba dar una copia legalizada de ella al Padre Predicador pro tempore existente de la Semana Santa, para que, notificado de todas sus circunstancias, le parasse entero perjuicio, si no se conformaba con ellas. Discurra el pio y contemplativo Lector qué torbellino de idéas, á qual mas extravagantes, no se atropellarian en la fantasía de nuestro neotérico Predicador mayor, quando se halló con un almagazen de materiales tan copiosos como estrafalarios y ridículos, y los parabienes que se daria de que le huviesse tocado la dicha de meter su cortadora hoz en mies tan abundante.

25. Bien conoció, que la instruccion le daba ya hecha una gran parte del trabajo, y aún casi la mayor, mostrándole como con la mano el camino por donde havia de ir, y poniéndole á vista de ojos los assuntos que debia escoger, para captar los aplausos y poner el pié, si pudiesse, encima de todos sus gloriosos predecessores de feliz recordacion. Pero, como los assuntos eran tantos, y necessitaba de una immensa multitud de especies para llenarlos, no se puede ponderar la aplicacion con que se dedicó los ocho meses que faltaban para la Semana Santa, á revolver todo género de libros, notando, apuntando, amontonando verde y seco, todo quanto se le venia á la mano y podia conducir, aunque fuesse remotíssimamente, para alguno de los assuntos.

26. En el del Domingo de Ramos tuvo poco que hacer para determinarle; porque, notando que se llamaba Domingo Ramos el Mayordomo de la Cruz de aquel año y que era el primer papel del dia, tomó por idéa de su sermon El Inxerto ó los Ramos del Domingo, enlazados con Domingo Ramos. Acordóse haver leído ú oído, que havia un célebre Autor moderno que se llamaba el Señor Ramos del Manzano, y, pareciéndole que llamándose Ramos y Manzano era impossible, que dexasse de tratar pro dignitate y, como dicen, á fondo la materia de Ramos, lo fué á buscar con ansia á la librería del Convento. Hallóle y se quedó helado, quando vió que aquel docto Escritor trataba de cosa muy diferente, que él no entendia. Haciendo despues reflexion á que, segun el texto y tambien segun lo que se practicaba en la funcion de Pero-Rubio, los ramos eran de olivo, se le vino á la memoria el libro de Doña Oliva Sabuco de Nántes, de que havia oído hablar al Beneficiado como de un libro raro y exquisito, que él tenia en grande estimacion. Enviósele á pedir, creyendo que encontraria en él un thesoro para su assunto, y, aunque vió que trataba del xugo nutricio de las plantas y de los árboles, como no halló cosa particular de olivos, se enfadó y le arrinconó con desprecio. En este punto se le vino á la memoria que, assí en el Breviario como en el Missal, se da á este Domingo el título de Dominica in Palmis (Domínica de las Palmas); reflexionó con oportunidad á que en aquel mismo Domingo daba principio la Iglesia á cantar la Passion; ocurrióle haver visto alguna vez por el forro en la librería de la Casa un libro intitulado Palma de la Passion y, dándose muy alegre el parabien, dixo para sí: «Vaya, que, siendo Palma y de Passion, no puedo ménos de encontrar aquí todo quanto he menester para atestar de erudicion las Palmas de esta Domínica.» Abrióle y, quando halló que era la devotíssima y juiciosíssima Historia de la Passion, escrita por el Padre Luis de la Palma, le faltó poco para echar el libro por la ventana, del enfado que le dió. Desesperado, en fin se refugió á su Polianthéa, y allí encontró una selva entera de ramos, olivos y palmas, que podia competir con la vega de Granada y con los mismos olivares de Tudela, Cascante y los aledaños.

27. Lo que le dió muy poca pena fué la circunstancia de la Santa Asna, como blasfemamente, aunque con mucha innocencia por su simplicidad, la llamaban aquellos pobres rústicos. Al instante se le vino á la imaginacion el Asno de oro de Apuleyo; y, aunque esta fué una graciosa invencion de aquel chufletero Autor, ó no lo conoció Fray Gerundio ó se le dió muy poco de esso, porque, verdadero ó fingido, siempre le parecia especie divina para formar el paralelo. Fuera de esso, por fortuna suya, havia leído pocos dias ántes en el tomo 2º. del Espectáculo de la Naturaleza el bello elogio que se hace del Asno en boca del Prior, y desde luego determinó encaxarle, reduciéndole á su estilo, assí por dar á su auditorio una razon plausible del motivo por que havia preferido el Salvador este humilde animal para hacer su triumphante entrada en Jerusalem, como para promover en sus oyentes la devocion con la Santa Asna, en quanto estaba de su parte.

28. El assunto en que finalmente se fixó para el sermon del buen Ladron, fué sin duda feliz. Dió por supuesto, sin razon de dudar, que el buen Ladron se llamaba Dímas, y el malo Géstas, sin embargo de que sobre el verdadero nombre de los dos haiga tanta variedad en los Autores, como saben los eruditos. Y, aún supuesto que se llamassen assí, todavía no falta quien diga que el malo fué Dímas, y el bueno fué Géstas, como lo prueban aquellos versos bastantemente vulgarizados:

Imparibus meritis tria pendent corpora ramis:

Dismas, Gestas, in medio est divina Potestas.

Dismas damnatur, Gestas super astra locatur.