Son de Guerra los dichos una peste;

O Gerundio, Orador siempre divino!

No eres Gerundio no, sino Supino.

14. Un poco se paró el Canónigo Don Basilio al oir esta octavilla, que no le pareció del todo despreciable, y como que concibió un poco de respeto al Padre Vicario, teniéndole por poeta mas que de mesa de Cofradía; porque, si la octava era irónica, mostraba ingenio, buena crítica y bastante travesura: no obstante, le quedó algun escrúpulo de que el Padre Vicario hablaba en todos sus cinco sentidos, porque sus modales, su aire presumido y su afectado remilgamiento le daban no sé qué tufo de que tambien era de los Predicadores del uso, y que debia de ser un poco mas innocente de lo que parecia. Para sondearle pues, le dixo con su acostumbrada picaresca: «Padre Maestro, á excepcion del Señor Magistral y de estos Reverendíssimos, todos los demas que estamos en la mesa somos algo legos, aún inclusos los de corona; pues ya sabe vuestra Reverendíssima, que tambien hay Eclesiásticos de capa y espada. No entendemos de mas libros que el Breviario, y aún esse sabe Dios si le entendemos; con que no podemos hacernos cargo de quienes son essos Autores, que vuestra Reverendíssima ha citado en su eruditíssima octava, que por todos sus piés está chorreando alusiones exquisitas. Sin duda que debieron ser los Príncipes de la Oratoria Española, quando vuestra Reverendíssima los trahe á colacion, para cotejarlos con el Reverendíssimo Padre Maestro Fray Gerundio.»

15. — «Y como que lo son, Señor Canónigo, respondió con gran tiesura y pomposidad el Padre Vicario. A lo ménos en mi pobre juicio, hasta que oí al Padre Fray Gerundio, no hallé quien los excediesse, y aún puedo añadir que no sé si encontré quien los igualasse, especialmente en tocar con el mayor primor y delicadeza las circunstancias mas menudas, que por lo mismo son las mas preciosas.»

16. «El primero, en un sermon á cierta funcion de jubiléo, concedido nuevamente por su Santidad, queriendo hacerse cargo á un mismo tiempo assí del nuevo jubiléo, como de un esquilon nuevamente fundido, que pocos dias ántes se havia colocado en el campanario de la Iglesia, traxo oportunamente aquello de Ecce nova facio omnia, y añadió immediatamente lo otro de Laudate eum in cymbalis jubilationis, laudate eum in cymbalis bene sonantibus. Los textos son comunes, no lo niego; pero la aplicacion fué singular y pasmosa.»

17. «Al segundo no se le escapó la rara circunstancia de haverse puesto peluca por la primera vez en el mismo dia de la funcion el Mayordomo de la fiesta, á que predicaba; y, haviendo hecho una bizarra pintura de los cabellos de Absalon, dixo que su padre David mandó que se los cortassen, luego que tuvo noticia de su infausta muerte, quando quedó colgado de ellos; y, dando órden para que de los mismos cabellos le hiciessen una cabellera rizada, se la puso el mismo dia en que fué bailando delante del Arca; para cuya exquisita erudicion citó el sabio orador al célebre Rabí Akádos, y no sé qué passage del Talmud, que venia muy á pelo.»

18. «El tercero tuvo presente que la noche ántes de la funcion havia parido un niño muy rollizo la Mayordoma, á la qual llamaban en el lugar la Princesa, (no se sabe si por sátira ó por mote,) y con la mayor gracia y primor imaginable se le ofreció de repente encaxar en la salutacion aquel oportuníssimo lugar de Puer natus est nobis, et filius datus est nobis; factus est principatus super humerum ejus; cosa que aturdiria á todos quantos la oyessen y que, desde que yo la leí, no he dexado de admirarla.»

19. «El quarto...» Iba á proseguir el Padre Vicario; pero le atajó el Canónigo, diciéndole: «Padre Maestro, no se canse vuestra Reverendíssima, que por el hilo se saca el ovillo, y sobra lo dicho para que yo conozca con quanta razon, con quanto candor y sinceridad religiosa celebra vuestra Reverendíssima á essos Heroes de nuestra Oratoria Española. De el quarto ya tengo yo alguna noticia, desde que leí un epigrama de Horacio, que le aplicó un mal hablado con ocasion de no sé qué sermon que predicó satirizando á otro de su paño, cuyos aplausos parece que no le sonaron bien; y el bellacon del deslenguado, (Dios me lo perdone!) aludiendo á que el tal Orador debia de ser corto de persona, pero presumido de hombre grande y de lindo, dixo por bufonada:[17]

Bellus homo et magnus vis idem, Cotta, videri,