Sed qui bellus homo est, Cotta, pusillus homo est.»
20. «Pero ahora dígame vuestra Reverendíssima: qué es lo que quiso decir en el último concepto de su admirable octava, conviene á saber que nuestro inimitable Orador ya no es Gerundio, sino Supino? Porque, si es lo que comprende mi malicia, harto será que esto ceda en el mayor elogio suyo.» — «Señor Canónigo, respondió, no sin alguna seriedad, el Padre Vicario; yo no sé lo que su malicia de vuestra Merced comprende ni dexa de comprender, porque no soy amigo de meterme en malicias agenas. Lo que sé es, que la inteligencia de aquel concepto está clara: el supino es lo último á donde puede llegar todo verbo, y no puede passar de allí. Véalo vuestra Merced, si no: amo, amas, amat, amare, amavi, amatum; doceo, doces, docet, docere, docui, doctum; lego, legis, legit, legere, legi, lectum: lectum, amatum y doctum son el supino de estos verbos, los quales todos paran en él; y no hay que andar dándole vueltas, que no me señalará vuestra Merced ni siquiera un verbo que dé un passo mas adelante. Pues ahora está ya claro lo que quiero decir, y es que, assí como el supino es el non plus ultra de los verbos, assí el Reverendíssimo Fray Gerundio (al decir esto hizo ademan de quitarse el becoquin por respeto y reverencia,) es el non plus ultra de los Predicadores.»
21. — «Tambien lo es vuestra Reverendíssima de los Poetas agudos, respondió el taimado de Don Basilio, y apuesto á que ningun ingenio daba en la genuína significacion del pensamiento, si vuestra Reverendíssima no nos huviera hecho la honra ó, por hablar al uso, no huviera tenido la bondad de explicárnosle. Lo que es el no entenderlo! Como yo havia leído, no me acuerdo donde, que en latin á un hombre tardo, rudo y que todo lo trastorna, se le llama un hombre supino, y tambien se aplica este significado á los perezosos, haraganes y galbaneros, que todo el dia se están, como se dice, con la panza al sol, confiesso que me sobresalté algun tanto, quando oí el acabamiento de la octava, y, pareciéndome que podia ser pulla, ya estaba con la Musa en ristre para volver por el decoro de nuestro incomparable Orador, al qual, sin hacerle injusticia, no se le podia aplicar el epítheto de supino en ninguno de los significados que yo le atribuía; porque ni tiene nada de haragan ó perezoso, siendo la misma laboriosidad, ni mucho ménos se le puede llamar tardo ó rudo de ingenio, pues yo no le he conocido hasta ahora mas delicado, como lo acredita cada rasgo del sermon que acabamos de oírle.»
22. «Confiesso que el supino, en este sentido, lo soy yo, pues no caí en una significacion que se estaba viniendo á los ojos; tambien declaro, para descargo de mi conciencia y para mayor confusion mia, que ya no me parece el nombre de Gerundio tan propio y tan adequado á los méritos del Padre Predicador, como lo seria el de Supino. Antes de haver oído la erudita, ingeniosa y cabal explicacion de su significado, juzgaba yo que no havia en toda la Nomenclatura... llámase assí, Señora Catanla, (porque somos deudores á todos,) aquel vocubalario, almagacen ó despensa, de donde se sacan los nombres propios... que no havia, vuelvo á decir, en toda la Nomenclatura otro nombre mas ajustadito al talle de nuestro gran modelo de Predicadores que el de Gerundio, porque los gerundios son los que dan á conocer el carácter de los sugetos con quienes tratamos. Y assí, á un hombre de condicion altiva, furiosa y arrebatada le llamamos hombre tremendo; á un Religioso grave, autorizado y respetable le damos el título de Padre Reverendo; á uno que sea maligno, dissoluto y contagioso, y mas si está públicamente excomulgado, le distinguimos con el arrimadizo de vitando; y sabe ya el docto, que vitando, tremendo y reverendo son tan gerundios en nuestra lengua, como lo son en la latina cœnandus, prandendus, potandus.»
23. «Esto supuesto, desde que tuve la dicha de conocer, tratar y oir al Padre Fray Gerundio, discurria yo assí: Este es un hombre verdaderamente admirando, estupendo, preconizando y colendo, los quales todos son legítimamente gerundios, ó no los hay en el mundo. Luego se le puso el nombre de Gerundio con la mayor propriedad imaginable. Pero, desde que oí á vuestra Reverendíssima, digo y vuelvo á decir que harto mejor le quadraba el de Supino, porque esse es mucho mas cosa; y esto se entienda sin perjuicio de los aciertos y de la discrecion del Señor Licenciado Quixano, su digníssimo Padrino, que fué quien se le puso.»
24. El buen Licenciado, que en toda la comida havia cerrado la boca, pero tampoco la havia abierto para hablar palabra, sino parte para comer y parte para admirar los grandes elogios, que á su modo de entender se havian dicho en la mesa de su querido ahijado, solamente respondió: «Señor Don Basilio, yo soy un pobre Clérigo, que no entiendo de essas honduras: algo estudié de gerundios y de supinos, pero jamas me metí en qual era mas, qual era ménos, porque no soy amigo de revolver huessos, que al fin son cosas odiosas. Si á Fray Gerundio le puse este nombre y no otro, mis razones me tuve, que no hé menester decir á nadie; lo que podré assegurar á vuestra Merced es, que mi ahijado, allí donde vuestra Merced le ve, tan conocido ha de ser en el mundo con el nombre de Gerundio, como puede haverlo sido qualquier Supino que haya nacido de mugeres.»
25. — «Bomba, dixo á este punto el hermano Bartholo, que essa ya es endemasiada prosa; se va acabando la mesa, y entodavía no hemos dicho una palabra al Señor Mayordomo. Allá va á Dios y á dicha.» Callaron todos, y él soltó esta disparatadíssima chorrera de desatinos:
Carlo-Magno y todos los doce Pares
Fueron, o Anton Zotes! en tu comparanza
Como el dedo meñique á respeuto de tu panza,