12. No cabe en la ponderacion el empavonamiento de que se sintió repentinamente embestido el corazon de nuestro Fray Gerundio, viéndose convidado en aquella publicidad y en aquellas circunstancias con un sermonazo de aquel tamaño, pues havria mas de quatro Padres Definidores, que se tendrian por muy dichosos en haverlo conseguido despues de haverlo pretendido mucho, y á él se le havia venido á las manos, como dicen, sin saber leer ni escrivir. Desde aquel mismo punto se le barrió de la memoria todo quanto le havia dicho su Tio el Magistral, como si jamas lo huviera oído, y ya miraba tan debaxo de sí al mismo Magistral, que por poco no le tenia lástima; pero sin embargo resolvió respetarle en el fuero externo por la formalidad, teniendo presente la importante leccion de su íntimo Fray Blas.
13. Respondió pues al Licenciado Flechilla, muy agradecido á la honra que le dispensaba, y aceptando, quanto era de su parte, el sermon de honras, baxo el beneplácito y la bendicion de su Prelado, que no dudaba se la franqueasse, con agradecimiento al honor que hacia á la Orden en la persona del mas mínimo individuo suyo. Hay quien diga, que casi le respondió con estas mismas voces, aunque tan forasteras á su comun estilo, bien que no faltan otros que lo contradicen, fundados en esto mismo, persuadidos á que las espressiones eran mas cultas de lo que correspondia á su crianza y á la idéa de hablar que se havia formado, assí en conversaciones privadas como en las funciones públicas. Nosotros no nos atrevemos á tomar partido en este intrincado punto de crítica, bien que nos inclinamos á creer que, aunque la substancia de la respuesta fuesse de Fray Gerundio, pero el guiso y las voces tienen traza de ser del curioso, que hizo los apuntamientos de donde sacamos estas menudencias.
14. Como quiera que esto huviesse sido, lo que consta de cierto es, que Fray Gerundio no se descuidó en pedir al Licenciado Flechilla algunos apuntes de la vida, virtudes y milagros del difunto Escrivano: diligencia muy necessaria para disponer su fúnebre panegýrico; y al mismo tiempo quiso informarse del dia, en que pensaba se celebrasse el pomposo funeral. «Los sufragios, Padre Predicador, le respondió el boníssimo Clérigo, los sufragios por las ánimas benditas del Purgatorio, aunque no se supongan tan necessitadas de ellos como la de nuestro Escrivano, quanto mas ántes se hagan mejor; porque el lugar no es muy acomodado, y ciertamente las pobres no están para esperar mucho en él. Dilatárselos por pereza es crueldad, que solo cabe en quien haga poca reflexion á lo que están padeciendo aquellos ya dichosos, pero atormentados espíritus; y assí, quanto mas aprisa disponga su Paternidad el sermon, mas pronto tendrán el alivio las ánimas benditas, mas presto saldré yo de la obligacion á mi Compadre el Escrivano, (Dios tenga su ánima en descanso!) y mas anticipado lograremos el gusto de oírle sus apassionados.»
15. Quedaron de acuerdo en que dentro de un mes le predicaria, porque Fray Gerundio protestó que necessitaba por lo ménos de este tiempo para disponerle, especialmente siendo esta la especie de sermones, á su parecer, mas enrebesada, y necessitaba tomar algunas reglas para ensurjarla. Ningun sermon de honras havia oído en su vida, y aún por entónces le pareció que tampoco le havia leído; pero le fué infiel en esto su memoria, como presto se verá. En fin, por no perder tiempo despachó luego un proprio á su Prelado, pidiendo licencia para admitir la nueva funcion, con una carta que decia assí:
16. «Reverendo Padre nuestro. Prediqué el sermon del Córpus al Sacramento de mi lugar, en la fiesta de mis Señores Padres, como otros lo dirán; que á mí no me está bien el decirlo. Solo puedo assegurar, que circunstancia ninguna no se me escapó; hasta una que me cogió de súpito, que fué una gaita-gallega en vez de órgano, la toqué tan bien; y no faltó quien dixo, que ni el mismo Gaitero havia tocado tan bien la gaita, como yo la circunstancia. Perdóneme vuestra Paternidad, que se me escapó sin querer esta alabanza, y quedo corrido, segun lo que dixo el otro: Laus in ore proprio vilescit. Los abrazos que me dieron al acabar el sermon no tienen cuenta, y las décimas, las octavas y aún los sonetos que me echaron en la mesa fué cosa de juício. Por fin y por postre, el Licenciado Flechilla, Capellan de Pero-Rubio, me encargó el sermon de honras del Escrivano de su lugar, que murió pocos dias há, y dexó doscientos reales de limosna para el Predicador. La honra me tira mas que el provecho, y tambien la esperanza de llevar para el Convento una buena porcion de missas de las muchas que dexó encargadas el difunto. Pido á vuestra Paternidad el benedícite para predicar este sermon, que ha de ser dentro de un mes, y yo le iré adjetivando por acá á ratos perdidos. El proprio lleva un carnero y una cántara de vino, que mis Padres envían de limosna á la santa Comunidad, á quien piden perdon de la cortedad, porque no puede obrar mas su buen afecto, y me encargan muchas memorias de su parte para vuestra Paternidad, cuya vida guarde Dios muchos años. Campazas, etc. — Besa las manos de vuestra Paternidad su servidor y menor súbdito
Fray Gerundio, indigno Predicador.»
17. El benedícite vino corriente á vuelta de proprio; porque, como el Prelado no havia oído el sermon del Sacramento sino en relacion hecha por Fray Gerundio, creyó buenamente que le havia desempeñado con decencia, valiéndose de algun papel ageno, y pensó que lo mismo haria con el de Honras. Por otra parte, las razones que alegaba le hacian fuerza; no eran para despreciadas las missas, que verisímilmente llevaria para la Comunidad; el carnero y la cántara de vino tambien pedian algun agradecimiento; y, en fin, un Fraile mas por un mes fuera de casa era para el Convento una boca ménos. Por esso, no solo le dió sin disgusto la licencia, sino que, haciéndose cargo de que en casa de su Padre no havria muchos libros de sobra para disponer un sermon, por el mismo proprio le envió quatro ó seis libros de los que Fray Gerundio havia dexado sobre la mesa de su celda, sin detenerse el Prelado en examinar quales eran, juzgando prudentemente que, pues los tenia tan á mano, serian los de su cariño y los que preferia su eleccion para la disposicion de los sermones.
CAPITULO II.
Pide Fray Gerundio á su amigo Fray Blas una instruccion para disponer el sermon de honras, y este se la da divina.