Dare Romuleis colla catenis

Jussit, et ipsum nova Romanæ

Jura securis, temere Oceanum etc.»

20. «No quiero cargos de conciencia y soy hombre sincero: confiéssote que este era demasiado latin para mi gramática, y que no le entendí sino muy en monton y assí, como dicen, á media rienda. Pero me deparó Dios un Lector de nuestra Orden, que por mas de tres años havia sido Rey en el general de mayores de Villagarcía, el qual me declaró su contenido, y parece ser que en el tal hymno se alaba al Emperador Claudio de haver sido hombre muy prudente, de grandes fuerzas, de suma celeridad, y de tanto valor que sugetó á los Persas, rindió á los Medos, subyugó á los Britanos, extendió los límites del Imperio Romano de la otra parte del Ponto, y obligó hasta al mismo Océano á que obedeciesse sus leyes. Esto dice el hymno. Mas qué huvo de todo esto? Nada en conclusion; porque yo leí en un libro viejo sin principio ni fin, pero de grande autoridad, que el Emperador Claudio fué un estúpido, tanto que su misma Madre Antonia, quando queria ponderar la simpleza de alguno, decia: Es tan fatuo como mi hijo Claudio. En todo su imperio no hizo cosa de provecho, sino comer, beber y tratar con la gente mas vil y mas despreciable. Es cierto, que su hijo Británico triumphó de los Britanos, porque los cogió desprevenidos, y acabáronse todas sus hazañas. Casóse quatro veces, y se huviera casado quatrocientas, si su sobrina y quarta muger Agripina no huviera tenido vocacion de enviudar ántes de tiempo, quitándole la vida con veneno. Adoptó á Neron, hijastro suyo, sin hacer caso de Británico su hijo, y á esto se reduxeron sus proezas. Con todo esso, el Poeta hizo bellíssimamente en fingir todas aquellas prendas, que le parecieron proprias de un grande Emperador, y celebrarle por ellas, mas que nunca las huviera tenido, que essa no fué culpa del panegyrista, y nadie le quitó que las tuviesse. Pues, qué razon havrá divina ni humana, para que tú no hagas lo mismo con el Escrivano Conejo?»

21. — «Tus argumentos son tales, respondió Fray Gerundio, que no los desatará una Universidad toda entera en cuerpo y en alma. No admiten réplica, y assí no solo me conformaré á ciegas con tu dictámen, sino que en este punto me ocurre un modo muy fácil de predicar mil sermones de honras á mil Escrivanos muertos, que cayessen en mis manos.» — «Como assí?» le preguntó Fray Blas.


CAPITULO III.

Interrumpe la conversacion un huésped inopinado, que se aparece de repente; vuelven á atar el hilo, con todo lo demas que irá saliendo.

1. Iba á responderle Fray Gerundio, quando al revolver el cercado de una viña, por donde atravesaba una senda que guiaba á Tras de Conejo, famoso sitio del monte de Valderas, se apareció un mocito como de veinte y cinco años, con todo el aparato de cazador crudo: redecilla con borla á medio casquete, tupé asomado con sus dos caídas de bucles, chambergo y cinta de plata y oro con su lazo ó roseta entre si trepa ó no trepa á la copa del chambergo, capotillo de grana hasta la cintura, chupa verde bien cumplida de faldillas, calzon de ante fino, ajustado á la perfeccion, asomada por la faltriquera, hasta bien entrado el muslo, una cinta de oro con sello y llavecita de relox, botines de lienzo listoneado de azul, que ni pintados, y sus zapatillas blancas; escopeta, bolsas, dos podencos, y quatro perdices que llevaba en una red de hilo harto bien texida, pendiente de un cordon de seda, que á manera de banda le cruzaba desde el hombro derecho hasta el híjar izquierdo: esso se supone.

2. Era un Colegial trilingüe de la Universidad de Salamanca, bien dispuesto, despejado, hábil, de humor festivo y retozon, aunque algo vivo, osado y quisquilloso; mas que medianamente instruído en letras humanas y sobre todo en la Rhetórica, á cuya cáthedra era opositor y aún havia leído ya una vez á ella. Llamábase Don Casimiro y estaba de recreacion en Valderas, donde tenia casada una hermana muy de su cariño, y al cuñado no le havia faltado un tris para ser Corregidor de Villalobos. Aquella tarde havia salido á caza y, fatigado de la sed, iba por mas pronto recurso á Campazas á echar un trago de agua de bodega, quando al revolver del cercado se encontró con nuestros dos Frayles. Conocia á Fray Blas, porque este, bien ó mal, havia cursado en Salamanca, aunque Don Casimiro era niño gramático y Fray Blas ya era Padre colegial; assí se llaman á aquellos Theólogos de reata, que van en requa á escuelas mayores y menores.