3. Apénas se vieron los dos, quando recíprocamente se conocieron; y es que Fray Blas nada se havia mudado, porque tan calzado era de barbas y tan cerrado de mollera quando Colegial, como quando Predicador mayor de su Convento, atento á que, quando tomó el santo hábito, era ya bastantemente entrado en mozancon. Por lo que toca á Don Casimiro, es cierto que, aunque havia crecido mucho y era hombre que ya se afeitaba á menudo, pero conservaba todavía el aire, las facciones de la cara y cierta viveza de ojos, que le agraciaban mucho quando niño. Diéronse un estrecho abrazo, y despues de aquellos efectos regulares de alegría y de aquel monton de especies antiguas, que tocan de tropel dos conocidos en estos encuentros casuales, despues de haverse santiguado los dos media docena de veces con aquello de Válgame Dios! qué encuentro! Quien me lo dixera! Quien lo pensara! sin omitir Fray Blas lo otro de Jesus, y qué crecido, y qué espigado, y qué hombre, y qué galan! Venga otro abrazo, etc., le tomaron en medio los dos Frayles. El Predicador en breves palabras dió razon á Don Casimiro de quien era Fray Gerundio, de sus prendas, de sus talentos, del sermon que acababa de predicar, de los aplausos que havia merecido, del sermon de honras que le havian encargado, y, en fin, de toda la conversacion que havian tenido los dos desde la salida del lugar hasta el mismo punto del dichoso encuentro inclusivamente.

4. Hizo Don Casimiro un cumplido muy cortesano á Fray Gerundio, y, haviéndole correspondido este con las voces que le deparó su bondad, su crianza y su cosecha, prosiguió immediatamente sin detenerse: «Pues, Señor Don Ramiro...» — «Casimiro, le interrumpió el Colegial, para servir á Vuesandíssima.» — «Perdone vuestra Merced, continuó Fray Gerundio, que, quando le nombró mi amigo el Padre Predicador, estaba yo un tantico embobado, y solo pude advertir que su gracia de vuestra Merced era un nombre acabado en iro. Pues, Señor Don Casimiro, lo que yo iba á decir á Fray Blas, quando nuestra buena suerte nos deparó la honrada vista de vuestra Merced, era que se me havia ofrecido un medio estupendíssimo para predicar, aunque fuessen mil sermones de honras á todos los Escrivanos que está comiendo la tierra. Este es el ir discurriendo en mi sermon por todas y por cada una de las diez fuentes, que llaman los Rhetóricos de la invencion

5. — «Essa es mi comidilla, interrumpió el Colegial, y toca Usandíssima un assunto, en que puedo decir algo con ménos desacierto, porque al fin essa es mi facultad. Si las fuentes de la invencion son diez precisamente, si son ménos ó son mas, es punto muy questionable, y no ignora Usandíssima quanto le controvierten los Autores. Ciceron, en lo de Inventione, señaló algunas mas. Nuestro Quintiliano, en sus Instituciones oratorias, las reduxo á ménos, y Casio Longino, en su Tratado de lo sublime, que leí traducido del griego en francés por Monsieur Boileau, dice, á mi ver con mayor acierto, que no se puede señalar número fixo á estas fuentes de la invencion, porque serán mas ó ménos, segun fuere mayor ó menor la fecundidad y fuerza imaginativa del Orador. Pero no hay que detenernos en lo que no es del dia: importa poco que las fuentes sean diez ó sean diez mil; lo cierto es, que con solas diez fuentes en qualquier assunto se puede juntar un caudal oratorio tan copioso, que forme un rio navegable de eloquencia. Y quales son essas diez fuentes donde Vuesandíssima piensa hacer aguada para navegar felizmente por el proceloso mar de su fúnebre parentacion?»

6. — «Con licencia de vuestra Merced, respondió Fray Gerundio, el Escrivano á cuyas honras he de predicar no era pariente mio.» — «Pues, digo yo por ventura que lo fuesse?» replicó el Colegial. — «Es que, como vuestra Merced dixo esso de emparentacion, prosiguió Fray Gerundio, creí que me emparentaba con él.» Sin mas exámen conoció Don Casimiro la pobreza del Frayle con quien trataba; pero dissimuló quanto pudo, y ya con algun mayor conocimiento del terreno respondió: «Vuesandíssima ha padecido equivocacion, nacida sin duda de alguna distraccion involuntaria; yo no dixe emparentacion, sino parentacion.» — «Pues, qué mas da uno que otro?» replicó Fray Gerundio. — «Paréceme, respondió el vellacuelo del Colegial, que Vuesandíssima tiene gana de zumbarse y que á mi costa quiere divertir la tarde. Un hombre como Vuesandíssima, que tiene noticia de la invencion y de sus fuentes, no puede ignorar que Ciceron llama parentar á los difuntos el hacer honras por ellos, y que de aquí se dice parentacion todo lo que se consagra á su memoria, ya sean ofrendas, ya elogios, ya oraciones ó sermones.» Como Fray Gerundio se vió tratar con tanto respeto, pues en realidad era la primera vez que havia recivido esse tratamiento, y no dexaba de admitirle con gusto y con entonacion, aunque quedó un poco corridillo de que le huviessen cogido en aquel punto, resolvió dissimular por no perder el concepto, y assí dixo como sonriéndose: «Ya, ya lo sabia yo, pero quise hacer del bobo, solo por el gusto de oir á Usted.» — «Pues otra vez, replicó el fisgon del Colegial, no lo haga Vuesandíssima con tanta naturalidad, porque casi me lo hizo creer. Pero, volviendo á nuestro propósito, qual es la primera fuente de la invencion que señala el Autor de Vuesandíssima?»

7. — «La Historia,» respondió Fray Gerundio. — «Tambien Quintiliano, prosiguió Don Casimiro, señala essa por la primera fuente. No sé si me acordaré de sus palabras, porque ya ha algunos años que las encomendé á la memoria; hagamos la experiencia: In primis vero (pienso que ha de decir) abundare debet orator exemplorum copia, cum veterum tum etiam novorum; adeo ut non ea modo, quæ conscripta sunt historiis aut sermonibus, veluti per manus tradita, quæque quotidie aguntur debeat nosse, verum ne ea quidem, quæ a clarioribus poetis ficta sunt, negligere. De suerte que Quintiliano desea en todo perfecto Orador no solo una noticia comprehensiva de la historia, de la tradicion y aún de los sucesos particulares que acaecen en su tiempo, sino que no debe despreciar aún las ficciones y las fábulas de los Poetas mas ilustres y mas clássicos; porque todo sirve para exornar lo que dice con exemplos antiguos y modernos.»

8. — «Veslo, Fray Gerundio, veslo? interrumpió á esta sazon Fray Blas, lleno de gozo y dándole una palmadita en el hombro izquierdo; mira como Quintiliano aprueba lo de las fábulas en los sermones y en las oraciones, segun el texto literal y terminante, que con tanta puntualidad acaba de citar y referir el Señor Don Casimiro. Y qué? te parece que el Señor Don Casimiro es rana? Pues sábete, que será muy presto tan Cathedrático de Rhetórica en la Universidad de Salamanca, como tú eres Predicador sabatino y como yo soy Predicador mayor de la casa. Di ahora á todos los Magistrales del mundo y á quantos Maestros Fray Prudencios puedan tener las Religiones mendicantes, monachales y clericales, que se vengan á contrarestar á Quintiliano.»

9. — «Poco á poco, reverendíssimo Fray Blas,» atajó Don Casimiro. «Quintiliano instruye á un Orador profano, y no á un Orador sagrado. Da reglas para los que han de hablar en las Academias, arengar á los Magistrados, hacer representaciones á los Príncipes, perorar en los Gabinetes y defender ó alegar en los Tribunales; no se mete con los que han de enseñar, persuadir y convencer al pueblo desde los púlpitos. Es cierto, que unos y otros pueden y deben usar de la Historia con moderacion, con oportunidad y con templanza; pero de la ficcion y de la fábula solamente podrán valerse con mucho tiento y con grande economía los primeros. Assí lo da á entender el mismo Quintiliano, y si no, repare Vuesandíssima el miramiento con que se explicó: ne ea quidem, quæ a clarioribus poetis ficta sunt, negligere. No dice, que hagan estudio de las ficciones y de las fábulas, sino que no las desprecien, que no las olviden del todo. Si Quintiliano quiere, que aún en las oraciones profanas se practique tanta circunspeccion en el uso de la fábula, quanto condenaria que se gastasse, digámoslo assí, á pasto en las oraciones sagradas, que él no conoció, porque tuvo la desgracia de morir en el Paganismo? Pero dexando á un lado esto, que no es de mi profession, dígame vuestra Merced, Padre Fray Gerundio, como ha de usar Usendíssima de la Historia para el sermon del Escrivano?»

10. — «Como? Tan lindamente,» respondió Fray Gerundio. «Lo primero voime derechicamente á las Concordancias á buscar la palabra Scriba, y, leyendo despues todo lo que se dice en la Biblia de los Escrivas, se lo aplico ajustaditamente á mi Escrivano. Despues voy á consultar en un Thesauro lo que hay en latin por Escrivano, que á fé de hombre de bien que no lo sé; porque no está obligado ninguno, aunque sea el mayor Latino de todo el Universo, á saber como se llaman en latin todas las cosas.» — «No se canse Vuesandíssima en buscarlo, dixo el Colegial, que yo se lo diré: Escrivano y Notario en latin se dice Tabularius y tambien Tabellio, como quieren otros.» — «Lindamente, continuó Fray Gerundio; busco pues la palabra Tabellio ó Tabularius en el Theatrum vitæ humanæ de Beyerlink, y allí encontraré todo quanto pueda desear sobre el tiempo, orígen, progressos, variedad de fortunas, con otras mil curiosidades tocantes al oficio de Escrivano, desde su fundacion hasta el tiempo en que escrivió su Theatro el devoto y pio Lorenzo Beyerlink, Arcediano de Ambéres; si allí no encuentro esta palabra, que es muy possible, infaliblemente la he de hallar en el Calepino de Ambrosio, aumentado por Passeracio.»

11. — «Tenga Usendíssima, interrumpió el Colegial, y déme su permisso para hacer una pregunta: qué entiende Usendíssima por el Calepino de Ambrosio? porque esse modo de citarle se me representa una cosa muy parecida á la carabina de Ambrosio.» — «Cierto, Señor Colegial, que es muy honda la pregunta,» respondió Fray Gerundio, no sin hacer un gesto desdeñoso. «Qualquiera niño gramático podrá satisfacerla, pues saben hasta los menoristas que Calepino es una palabra griega, hebréa ó moscovita, que en esso no me meto, la qual significa lo mismo que Diccionario ó Vocabulario, en que, siguiendo el alphabeto, se va discurriendo por todas las palabras latinas, y se dice lo que significan en romance.» — «Tras de essa respuesta iba yo, Padre reverendíssimo, replicó el Colegial en tono sacudido, y no extraño que los niños gramáticos ignoren lo que significa Calepino, quando los reverendíssimos Padres Predicadores sabatinos no lo saben. Calepino no es voz griega, hebréa, arábiga ni úngara, sino puramente italiana; tampoco es título de la obra, sino nombre patronýmico de la patria del Autor. Este fué Fray Ambrosio Calepino, del Orden de San Agustin, llamado assí porque fué natural de Calepio en Italia; ni mas ni ménos como San Nicolas de Tolentino y Santo Thomas de Villanueva, Religiosos de la misma Orden, se llamaron assí, porque el uno, aunque era natural del lugar de Sant-Angel, cerca de Fermo en la Marca de Ancona, vivió treinta años en Tolentino, ciudad episcopal de la misma Marca, donde murió; y de esta larga residencia en dicha ciudad tomó el nombre. El otro le tomó de Villanueva de los Infantes, donde se crió, aunque havia nacido en Fuentillana, pueblo reducido que dista tres quartos de legua de aquella villa. Pues ahora, si uno citasse los sermones de Santo Thomas de Villanueva, diciendo: assí se lee en Villanueva de Santo Thomas, no seria cosa ridícula? Pues tan ridículo es, si no lo es mas, citar á secas y sin llover el Calepino de Ambrosio, como si su Autor huviesse puesto al diccionario el título de Calepino. Y ve aquí Vuesandíssima, como la pregunta tenia mas hondon de el que parecia. Ahora passe Usendíssima adelante; que esta no ha sido mas que una breve digression.»

12. Algo descalabradillo quedó Fray Gerundio de la refriega calepinal y, curándose lo mejor que pudo, prosiguió diciendo: «Informado una vez de todo lo que trae el Calepino ó el Diccionario de Passeracio (que no hemos de reparar en quisquillas,) acerca de Escrivanos, tengo ya una buena provision de noticias antiguas para exornar mi sermon. No dexo de conocer que me hace falta un poco de erudicion moderna; pero donde la encontraré? ni quien pudo soñar jamas en escrivir la Historia de los Escrivanos?» — «Sossiéguese Usendíssima, interrumpió el Colegial; que no es esso tan impossible como le parece. Si hay Historia completa, y no mal escrita, por Juan Bautista Tiers, de las Pelucas y de los Peluqueros, por qué no la podrá haver de los Escrivanos? Y si los Libreros y Enquadernadores, Copistas y Amanuenses tienen su Historia, harto bien trabajada por Christiano Schoettgen, qué razon havrá divina y humana para que los Escrivanos no puedan tener la suya? En verdad que no estuvo muy léjos de escrivirla Juan Miguel Henecio, en su obra de á folio que intituló de veteribus Germanorum et aliarum nationum signis, de las rúbricas ó signos que usaban antiguamente los Alemanes y otras naciones para autenticar sus cartas y sus instrumentos públicos. Ni el Padre Reinerio Carsughio, que en verso didascálico enseñó el arte de escrivir bien, esto es, con hermosura, con igualdad y con limpieza, dexaria de padecer sus tentaciones de escrivir la Historia de los Escrivanos. En fin, Padre reverendíssimo, yo no puedo dar á Usendíssima noticia cierta de alguna Historia de estos, porque no la tengo; pero tanto como de la Historia de los Secretarios de Estado, con sus elogios, armas, blasones y genealogías, ahí está la del Señor Fauvelet Du-Toc, que corre con acceptacion.»