13. — «Hombre de los Demonios! exclamó á esta sazon Fray Blas, esse es un thesoro! Historia de los Secretarios de Estado! Ahí es un grano de anis el librecito! Cosa mas adequada al intento era impossible hallarla; porque el Escrivano Conejo todo lo tenia, puesto que lo primero era Secretario, y lo segundo de Estado, por estar casado in facie Ecclesiæ con la Señora Mari-Beltrana-Pichon, por otro nombre la Roma, que hoy es su viuda, y lo sea su merced por muchos años.»

14. — «Reverendíssimo, Reverendíssimo, dixo entónces Don Casimiro, cogiendo del brazo á Fray Blas, tenga por Dios, no se precipite. Un tropezon ha dado Usendíssima, que no sé como no se ha deshecho todas las narices. Secretario de Estado no es esso ni sueña en serlo, y confundir los Secretarios de Estado con los Escrivanos reales, numerarios ó de ayuntamiento, de las ciudades, villas y lugares, es un despropósito que solo la innocencia puede excusarle de grandíssimo desacato. Secretarios de Estado y del Despacho universal son aquellos Ministros superiores, que despachan immediatamente con los Reyes, forman los decretos, autorizan los tratados y expiden las órdenes á su real nombre. Llámanse de Estado, porque solo tratan immediatamente con el Príncipe aquellas materias que pertenecen á él, ya sean políticas, ya militares, ya de marina, ya de gracia y justicia, y ya tambien de la real hacienda. No son Escrivanos, oficio imponderablemente inferior á su elevado empléo, y darles este nombre seria una insolencia digna del mayor castigo, si no la disculpara la ignorancia. Los otros Escrivanos públicos, autorizados por el Consejo para servir al comun, aunque es oficio muy honrado y le exercitan muchos hombres de bien, están mucho mas abaxo, y no sé yo de qué pueda servir la Historia de los Secretarios de Estado para las honras de un Escrivano real.»

15. — «Señor Don Casimiro, repuso muy sereno el Padre Fray Blas, como en mi Religion no se leen gacetas, no estamos duchos en essas materias tan altas; mi intencion no fué ofender á nadie: haviendo oído toda mi vida llamar Secretarios á los Escrivanos, y Escrivanos á los Secretarios, creí que era lo mismo uno que otro, y harto será que no lo huviesse errado el otro dia, que se me ofreció escrivir una carta al Secretario de cierto Señor Obispo, y puse en el sobrescrito: A Don Fulano de Tal, Escrivano del Señor Obispo de tal parte. Pero la carta ya está en el corréo, y, si el Secretario se riere, esse buen rato mas tendrá; sobre todo, el Auditorio, á quien ha de predicar el Padre Fray Gerundio, tanto sabe de Secretarios de Estado como yo; con que, en hablándole de Secretarios, sean lo que fueren, para él todo será á un precio, y yo le fio que no ha de ir á examinar si viene ó no viene á cuento la noticia.»

16. — «Esse ya es otro cantar, dixo Don Casimiro, y no me toca á mí, que huyo de meter la hoz en mies agena. Assí pues, prosiguiendo adelante en nuestro assunto, dígame Usendíssima, Padre Fray Gerundio, qual es la segunda fuente de la invencion, que señala el Autor de Usendíssima?»

17. — «Apologi et Parabolæ, respondió Fray Gerundio, los Apólogos y las Parábolas.» — «Pero, qué entiende Usendíssima por Parábolas y por Apólogos?» replicó el Colegial. — «Por lo que toca á los Apólogos, confiesso, respondió Fray Gerundio, que todavía no he podido formar concepto claro de lo que son; mas en quanto á las Parábolas, aunque tampoco sé definirlas con precision, pero ya las concibo con claridad, por las Parábolas que se leen en el Evangelio, de la viña, de la higuera, de los talentos, y otras.»

18. — «Pues, mire Usendíssima, continuó Don Casimiro, Apólogo y Parábola, Parábola y Apólogo allá se van en su significado, pues uno y otro quieren decir una semejanza ó una comparacion fundada en una cosa que se finge, verosímil ó inverosímil, para sacar de ella una sentencia ó una moralidad cierta y verdadera, como quando Menenio Agripa se valió de la Parábola ó del Apólogo del cuerpo humano para sossegar al Pueblo Romano que, amotinado contra el Senado, se havia retirado al Monte Aventino, y Menenio con su Apólogo le reduxo otra vez á la obediencia de los Padres conscriptos. El uso de las Parábolas, aún en los assuntos mas serios y mas sagrados, basta verle canonizado por el exemplo del mismo Christo para que todos le veneremos. Muchos Santos Padres le practicaron con felicidad, y sabemos que San Gregorio Nazianceno desterró la vanidad del Presidente Celusio con el gracioso Apólogo de las golondrinas y los cysnes. Mas en mi dictámen se ha de tener siempre muy presente la juiciosa regla, que da el Padre Nicolas Causino en su eruditíssima obra de Eloquentia sacra et profana, libro 4º, capítulo 4º, por estas palabras:»

19. «Observandum autem erit in his apologis, ne nimis sint crebri, ne dictione nimis faceta et quæ ad scurrilitatem accedat pertexantur: denique ut personam, ut locum, ut rem deceant: deben usarse los Apólogos con moderacion, con economía, y no con demasiada frequencia; las voces para explicarlos, aunque pueden ser algo festivas, nunca han de picar en graciosas ó en chocarreras, porque entónces se convertiria en bufon ó en truhan el Orador. Finalmente, los Apólogos se han de proporcionar á toda la decencia que pide el assunto, el lugar y la persona. Ni para disculpar la frequencia de los Apólogos sirve el exemplo de Christo, que en sus sermones solia encadenar Parábolas con Parábolas; porque el Salvador predicaba á los Asiáticos, y ya se sabe que esse es el gusto de los Orientales, á cuyo genio se acomodaba el divino Predicador. Todo esto es cierto; pero tambien lo es que, aunque los Apólogos practicados con estas reglas pueden ser muy útiles en un assunto moral, doctrinal ó de enseñanza, no sé yo como podrá Usendíssima acomodarlos al sermon de honras de un Escrivano.»

20. — «En este mismo punto, saltó entónces Fray Blas, se me está á mí ofreciendo uno que, si Fray Gerundio sabe bornearle, ha de venir á su sermon que ni aunque le huvieran cortado para él, y no es ménos que de el mismíssimo Demósthenes.» — «Y qual es, Padre Reverendíssimo?» preguntó el Colegial. — «Qual?» respondió Fray Blas. «El de aquel caminante, que alquiló un burro en dos reales por dia para cierto viage en el rigor del mes de Agosto, y, como todas las mañanas hácia las diez le calentasse el sol demasiadamente, él se apeaba y se tendia á la sombra del burro. Calló el dueño de el jumento, y, al tiempo de ajustar la cuenta, el que se le havia alquilado le dió doce reales por seis dias de viage. Faltan otros doce, dixo el alquilador. — Pues como? replicó el caminante. Seis dias de jornada, á razon de dos reales cada dia, son doce cabales.Sí Señor, respondió el alquilador, pero faltan otros doce por la sombra del burro, puesto que el ajuste fué solo por el burro, y no por la sombra

21. — «El Apólogo es gracioso, dixo el Colegial, y con efecto me acuerdo de haverle leído en Plutarco, atribuyéndosele á Demósthenes, quien con esta chanza despabiló la atencion del auditorio, que estaba un poco distrahido. Pero no veo, como el Padre Fray Gerundio le pueda aplicar á su Escrivano.» — «Esso, de los cielos! respondió Fray Blas: tiene mas que ponderar el desinterés y la limpieza del Escrivano Conejo, y decir que siempre perdonaba algo de sus derechos? Porque, aunque cargaba, como era razon, el coste del papel, de las plumas y de la tinta, sin olvidarse de prevenir al litigante que echasse sobre la mesa dos pesetas mas para el escriviente, con todo esso, no obstante de que cortaba muy á menudo las plumas, nunca cargó ni un maravedí por la navaja; y aquí entra el Apólogo del burro y de la sombra, que ni aunque le huvieran mandado fabricar de molde.»

22. Sonrióse Don Casimiro, y continuando en sus preguntas dixo á Fray Gerundio: «Segun el Autor de Usendíssima, qual es la tercera fuente de la invencion?» — «Los Adagios,» respondió sin detenerse. — «Es fuente muy copiosa, prosiguió el Colegial; pero Usendíssima qué entiende por Adagios?» — «Qué he de entender? respondió Fray Gerundio; lo que qualquiera vieja de mi lugar. Adagios y refranes son una misma cosa.» — «Pues qué? preguntó Don Casimiro, los refranes pueden hacerse lugar en algun género de sermones?»