23. — «Ahora salimos con esso! respondió Fray Gerundio. Y como que pueden y deben hacerse lugar, y mucho lugar en ellos! No hay cosa que mas los adorne, que mas los agracie ni que mas embelese. Yo tengo algunos apuntamientos de varios Adagios que he oído y leído en algunos sermones, los quales verdaderamente me han suspendido, y pienso aprovecharme de ellos siempre que me venga á pelo. Donde hay, verbi-gracia, introduccion mas magnífica para un sermon de honras que la de un Religioso grave, en el que predicó á las de un Maestro de su Orden, que se llamaba Fray Eustaquio Cuchillada y Grande, quando dió principio á su oracion fúnebre diciendo: Al Maestro, cuchillada, y grande? Refran y equívoco que desde luego captó no solo la admiracion, sino el pasmo de todo el auditorio. Hoy es el dia en que yo no acabo de aturdirme de tan bella introduccion. Pues qué! aquel divino assunto del sermon de honras, que predicó un famosíssimo Orador en las exequias de Don Antonio Campillo, Párrocho que fué de cierta Iglesia, en cuyo campanario havia fabricado á su costa una bella aguja! Fué pues el assunto: El sastre del Campillo, que puso la aguja y el hilo. Esto es ingenio, y lo demas parla, parla. Y el otro que, predicando el sermon del demonio mudo en tiempo de Quaresma, assistiendo el Santo Tribunal, dió principio con este oportuníssimo refran: Con el Rey y con la Inquisicion, chiton; añadiendo que por esso era mudo el demonio, de que se hablaba en el Evangelio, porque estaba delante de la Inquisicion. Parécele á vuestra Merced, que no podria predicar, aunque fuesse delante del mismo Papa? Bastan estos exemplares, y estoy pronto á dar á vuestra Merced aunque sea un ciento de ellos, para que vea si los refranes se pueden hacer lugar en los sermones.»
24. — «Yo, Padre reverendíssimo, replicó el Colegial, tengo pocas barbas para meterme en assuntos tan hondos, y mas no siendo de mi profession, que se reduce á la latinidad, rhetórica y bellas letras, ó letras humanas por otro nombre. Sin embargo, como en Salamanca se trata casi por precision con tantos hombres grandes, asseguro á Usendíssima haver oído mas de una vez á varios Padres Maestros doctíssimos de todas las Religiones censurar mucho á los Predicadores, que usaban de essos refranes populares y chabacanos en sus sermones. Los mas templados decian, que era una insulsíssima puerilidad, otros se adelantaban á calificarla de insigne mentecatez, y aún no faltaron algunos que la llamaron frenesí, locura, profanacion del púlpito, y otras cosas á este tenor. Yo refiero, no califico. Lo que á mí me toca por mi profession, es assegurar á vuestra Reverendíssima que jamas entendí, leí ni oí, que otros entendiessen por el nombre de Adagios, en quanto fuente de la invencion oratoria ó rhetórica, lo que entiende vuestra Reverendíssima, esto es los refranes populares.» — «Pues, qué se entiende por Adagios?» replicó Fray Gerundio. — «Voylo á decir,» respondió Don Casimiro.
25. «Adagio ó proverbio, (que todo es uno,) dice Synesio, es una sentencia grave, digna, hermosa y comprendida en pocas palabras, sacada como del sagrado depósito de la philosophía moral: Proverbium est sermo dignitatem habens et tamquam sacrario Philosophiæ, unde antiquitatem traxit, depromptum; ex quo gravi est pulchroque aspectu. Por esso llamó Aristóteles á los proverbios preciosas reliquias de la venerable antigüedad, preservadas en la memoria de los hombres de la lastimosa ruína que padeció la verdadera philosophía, debiendo esta preservacion á su misma brevedad, destreza y elegancia: Cum proverbia dicat Aristoteles esse veteris Philosophiæ, inter maximas hominum ruinas intercidentis, quasdam reliquias, ob dignitatem dexteritatemque servatas. Si no me engaño mucho, á esto se reducen los proverbios de Salomon, que distan infinitamente de ser refranes, siendo una coleccion de sentencias inspiradas, verdaderamente divinas, enderezadas todas á gobernar nuestras acciones por las reglas de una perfectíssima conducta christiana, política y racional.»
26. «Muchos Philósophos graves entre los antiguos se dedicaron á este género de sentenciarios, adagios ó proverbios: Chrysippo, Cleanthes, Theeteto, Aristídes, Aristóphanes, Esquilo, Milon, Aristarco, y otros, cuyas obras perecieron. Las mas célebres que nos han quedado de esta classe son las de Zenobio, Diogeniano y Suidas, de las quales sacó Erasmo de Roterdam todo lo que compuso acerca de los adagios griegos. Esto es, Padre Reverendíssimo, lo que yo entendia hasta aquí por el nombre de Adagios: estos los que me parecian muy oportunos para exornar una oracion, tratados con parsimonia. Pero, pues vuestra Reverendíssima entiende otra cosa, no nos paremos, y vamos adelante.»
CAPITULO IV.
Olvídasele la sed á Don Casimiro; llegan á Campazas sin saber cómo; quédase allí el Colegial aquella noche, y se evacúa el punto que se tocó y no se prometió en el capítulo passado.
1. A la quarta pregunta que iba á hacer Don Casimiro, hallaron todos, no sin assombro, que estaban á la puerta trasera, esto es, á la puerta del corral de la casa de Anton Zotes; y es que lo divertido de la conversacion los havia embelesado de manera, que pian piano y, como dicen, sin sentir havian andado una buena media legua de camino, con sus paradas y todo. Lo mas gracioso fué que, quando llegaron al lugar, Don Casimiro no se acordó de que tenia gana de beber, y, como ya se havia puesto el sol, sin hacer mencion de agua ni de vino, quiso volverse á Valderas; pero, como tenia que andar una legua muy larga, como iba ya á anochecer, y como era hombre de una conversacion tan divertida, no obstante los tajos y reveses que con tanta urbanidad, bellaquería y dissimulo descargaba de quando en quando sobre los dos Frayles, ambos le hicieron tantas instancias para que se quedasse aquella noche, que al cabo le reduxeron, baxo la precisa condicion de que se despachasse luego un criado á Valderas, para que estuviessen sin cuidado su hermana y su cuñado el casi Corregidor de Villalobos.
2. Consta, no obstante, por un manuscrito authéntico y curioso, que quien finalmente acabó de determinarle fué la Tia Catanla, la qual abria la puerta trasera para que entrassen los cerdos, puntualmente quando estaban los tres altercando, uno sobre que se havia de volver, y los dos sobre que se havia de quedar. Quando ella vió un mocito tan galan, tan majo y tan bien agestado, que venia con su hijo y que le trataba al parecer con amistad y confianza, como era muger tan bondadosa, luego le cobró cariño y, acercándose mas á los tres, preguntó sanamente á Fray Gerundio: «Quien es este Señor tan lindo? bendígale Dios.» — «Señora, respondió el Colegial sin dar lugar á que otro respondiesse: soy un servidor de vuestra Merced;» y en pocas palabras la declaró quien era, el encuentro casual que havia tenido, la precision de volverse, y la dicha que lograba en no hacerlo sin rendir todo su respeto á su obediencia. No se cortó la boníssima Catanla, porque era muger serena; ántes bien, haciéndole una reverencia á la usanza del país, (esto es, encorvando un poco las piernas y baxando horizontalmente el volúmen posterior hácia el suelo,) le encaxó seguidamente toda la retahila de Cámpos: «Viva Usté mil años; para servir á Usté; lo estimo mucho; güenos todos, á Dios gracias; viva Usté mil años; y por allá están todos güenos? Viva Usté mil años.» Y añadió luego: «Pero esso de golverse Usté hoy, ni por pienso: el hijo de mis entrañas! y quien l’ avia dexar golver á boca de noche? A pique que le comieran los lobos! Mal ajo para ellos; quatro ovejas me comieron la noche que perdicó el m’ hijo Gerundio; mal provecho les haga. No Señor: ya que tengo la fortuna de que su Mercé venga á mi casa, esta noche ha de hacer penitencia. Unos güevos frescos puestos d’ hoy no faltarán. Para qué quiero yo las gallinas sino para estas ucasiones? Palominos siempre los hay en casa (gracias á Dios), que el mi Anton tiene un palomar muy aventajado, assí no fuera por las garduñas; malditas ellas, y qué descomulgadas que son! Un salpicon de vaca, cebolla y güevos duros le sé yo componer, que le puede comer el mismo Rey. Una cama con sábanas brancas como un oro, la hay por la misericordia de Dios. Ella no será como su Mercé merece; pero por fin y por postre sirvió para mi primo el Magistral de Leon, que mañana será Obispo.» Y diciendo y haciendo, fué y le quitó la escopeta con una bondad y con una sanidad de corazon, que al Colegial le dexó prendado; y con efecto se determinó á dormir aquella noche en Campazas, previniendo lo del recado á Valderas.
3. Anton Zotes le recivió ni mas ni ménos como su muger, porque no era ménos agasajador que ella; y, despues de aquellos cumplidos regulares, hechos por parte de Don Casimiro con despejo y con desembarazo de colegio, y correspondidos por parte de los de la casa á la buena de Dios, segun el ceremonial campesino, Anton se fué á cuidar de los mozos y á dar las órdenes sobre lo que havian de trabajar el dia siguiente, Catanla á disponer la cena, las criadas á hacer las camas; y, quedando los tres solos en una sala baxa, conviene á saber, Fray Blas, Fray Gerundio y el Colegial, «prosigamos, dixo este, con nuestra conversacion, y sírvase Vuesandíssima decirme, qual es la quarta fuente de la invencion, que le enseñó su Maestro.»