Dispone Fray Gerundio su sermon, y vále á predicar.
1. Cenaron, se acostaron, durmieron, se levantaron, almorzaron y se despidieron de Don Casimiro, que muy de mañana quiso volverse á Valderas cazando, por lo que no admitió una yegua castaña, andadora y paridera, que ya havia dado quatro potricos y dos muletas á Anton Zotes, el qual se la ofreció para el viaje con la mejor voluntad del mundo. Aquella misma mañana se quiso retirar tambien Fray Blas á cuidar de su fingida enferma, despidiéndose hasta que fuesse á oir á Fray Gerundio el sermon del Escrivano, como lo ofreció y como lo cumplió á su tiempo.
2. Con efecto, iba ya á montar á cavallo, quando se acordó Fray Gerundio de que no havian leído, glosado y admirado el celebérrimo sermon de honras á los Soldados del Regimiento de Toledo, por el Autor del Florilegio, como se lo havia ofrecido Fray Blas la tarde antecedente; y es que el encuentro de Don Casimiro, con la conversacion entablada en el passéo y proseguida despues en casa, enteramente los havia borrado la especie de la memoria; y, como Fray Gerundio estaba resuelto á todo trance á tomar dicho sermon por modelo para el suyo, no queria dedicarse á componerle, hasta que su amigo Fray Blas le hiciesse observar, notar y admirar todos los primores. Por tanto, tirándole de un capote de barragan que ya tenia puesto, y llamándole aparte, le traxo á la memoria dicha especie, y le conjuró por la estrecha amistad de entrambos, que á lo ménos hasta despues de comer no pensasse en marchar, para que, encerrándose los dos en aquella mañana, pudiessen recorrer el sermon del Florilegio y entresacar de comun acuerdo lo que pareciesse adaptable al suyo.
3. No se hizo de rogar Fray Blas, que en estas ocasiones era de un genio docilíssimo y muy amigo de complacer á todo el mundo. Dió Fray Gerundio órden de que retirassen la cavallería á la quadra hasta la tarde, diciendo que todavía tenian los dos que conferenciar aquella mañana. Metiéronse en la sala, cerráronse por la parte de adentro, tomó Fray Blas en la mano el libro del Florilegio, sacudióle el polvo, buscó el sermon 26, y leyó el título que decia assí: Parentacion sacra, Epicedio panegýrico en las solemnes honras con que solicitó el alivio de sus Militares difuntos el Regimiento de Toledo. Episodio. «El título solo basta para acreditar al Autor. Parentacion sacra: ya oíste al Colegial lo que significaba parentacion. Mira qué cosa tan oportuna! Epicedio panegýrico: no tengo idéa clara de lo que significa epicedio; solo sé assí en confuso, que es una especie de elogio á los difuntos.» — «Pues, hay mas que verlo en Calepino?» dixo Fray Gerundio; y abriéndole halló que decia: Epicedium, carmen quod canitur de cadavere nondum sepulto: aquellos elogios que se cantan de los difuntos á cuerpo presente, quando aún no se ha dado sepultura. Algo frio se quedó Fray Gerundio al leer esto, y preguntó á Fray Blas: «Pues qué, los cadáveres de los Soldados del Regimiento de Toledo estaban presentes, quando se predicó este sermon de honras? No se havian enterrado todavía?» — «Anda, hombre, respondió el Predicador, que essos son reparos de miñatura; si en todo se huviera de escrupulizar con essa menudencia, no havria hombre quien se atreviesse á hablar en público elegantemente. Fuera de que es phrase comun, quando se habla de algun difunto, sea para bien, sea para mal, decir que le desentierran los huessos; pues, para el caso y para la propriedad, qué mas me dará desenterrarlos que no haverlos enterrado?»
4. Esta última razon hizo grandíssima fuerza á Fray Gerundio, y prosiguiendo Fray Blas añadió: «Episodio, no lo entiendo; pero desde luego afirmo, que es discrecion como la de Epicedio. A ver, qué dice esse Vocabulario?» — Episodio, leyó Fray Gerundio, eran aquellos actos de la tragedia ó de la comedia, que se recitaban entre choro y choro, para alternar la música con la representacion, y fué su inventor el Poeta Thespis. Hoy se entiende por Episodio un incidente ó digression, que diestramente se introduce en el assunto principal del poema ó de qualquiera otra composicion. «Confiesso, añadió Fray Gerundio, que he quedado muy confuso. Pues, acaso aquel sermon se havia de cantar ó se havia de predicar á choros, para que huviesse episodios? El thema era por ventura incidente ó digression del sermon, para que llamasse episodio al thema?»
5. — «Eres un pobre hombre, respondió Fray Blas, y estás muy atrasado en esto que llamamos adelgazar y discurrir con agudeza. Quizá en todo el Florilegio no se encontrará pensamiento mas delicado ni mas oportuno. Mira: los sermones de honras se predican comunmente despues de acabada la missa de difuntos y ántes que se cante el último responso, que suele ser solemníssimo. Luego la oracion fúnebre está propriamente colocada entre el choro de la missa y el choro del responso; unos cantados, y otra representada: pues ves ahí por qué se llama episodio, porque es un acto que se representa entre choro y choro. Mas: el intento ó el assunto principal de las honras, hablando en rigor, no es otro que el Nocturno, la Missa y el Responso, que son propria y rigurosamente sufragios por los difuntos, que los sermones ó las oraciones fúnebres de suyo no son sufragios. Pues, qué son? Son unas digressiones, unos incidentes, que se introducen con arte y con destreza en el assunto principal. Mira tú con qué oportunidad se llaman episodios! Y, porque el thema es como el cimiento de estas digressiones, por esso dar al thema el título de episodio es hasta donde puede llegar el ingenio y la inventiva.»
6. — «Declárome por zopenco, dixo Fray Gerundio, y hago voto de venerar profundamente todo quanto lea en el Florilegio, por mas que yo no lo entienda y aunque assí á primera vista me parezca contrario á toda razon. Pero veamos, como se introduce en su sermon de honras militares.» — «Hay dos introducciones, respondió Fray Blas: á una llama Episodio, y á otra Introduccion. El Episodio está reducido á dar razon de la devocion y del fervor, con que los antiguos Gentiles celebraban las honras de sus difuntos, especialmente las de los militares, á contar el orígen de ellas, á ponderar el aparato y las ceremonias con que las celebraban, á determinar el principio que tuvieron las oraciones fúnebres, á traher á la memoria la eleccion que se hacia de Oradores, y finalmente, á adaptar todo esto con feliz aplicacion á las honras de los Militares del Regimiento de Toledo, invocando, en vez de la Musa Euterpe, la intercession de la Vírgen, para dar principio al panegýrico Epicedio. Supónese, que para apoyar cada una de estas noticias se citan Autores á carretadas, pues en solo el Episodio, que comprende poco mas de una llana, (se entiende de á folio,) se cita á Polybio, Pausanias, Alexandro, Eliano, Plutarco, Celio, Suetonio, Beyerlink, Esparciano, Macrino, Novarino, Apiano, Diodoro Sículo, Heródoto, y algunos de estos tres y quatro veces. Esto es lo que se llama hablar docta, sabia y eruditamente. No pronunciar palabra y, si fuesse possible, ni aún sýlaba sin su Autor por delante y sin su latin al pié de la obra; lo demas parece conversacion de Monjas ó visita de Damas, que se passan seis horas en ellas sin oírse el nombre de un solo Autor.»
7. «Bien ves, que toda esta erudicion de funerales viene clavada á todo sermon de honras, y que te puedes aprovechar de ella para el tuyo con la mayor propriedad, especialmente si no te olvidas de la reglecita que te dí ayer tarde, para acomodar á los Escrivanos todo lo que se dice de los Militares. Tambien podrás, y en mi dictámen deberás, aprovecharte de unas nobilíssimas phrases que se leen en el episodio. Quando ponderes la piedad de los herederos del Escrivano, que le costéan las honras, dí que es tan lúgubremente generosa como coluctuosamente compassiva.» — «Hombre, replicó Fray Gerundio, que el Licenciado Flechilla me dixo, que no costeaban las honras los herederos, sino el mismo difunto, el qual havia dexado un legado determinadamente para ellas; con que, no es generosidad de los herederos ni de los testamentarios, sino obligacion precisa.» — «En esso te paras, mentecato?» respondió Fray Blas. «Y en los tiempos que corren, te parece poca generosidad de los testamentarios y de los herederos, cumplir los legados y últimas voluntades de los difuntos? Muy atrasado estás en cosas de mundo. Vamos adelante.»
8.[30] «Claro está, que en la funcion de honras havrá tambien su túmulo cubierto de bayeta ó de algun paño negro, con sus velas y con sus hachas al rededor. Para esto te hará muy al caso aquella elegantíssima cláusula: erigian túmulos suntuosos: grandiosos fúnebres obeliscos, irradiados de luces y luctuados de bayetas; coherencia lúcido-tenebrosa, que entre hiertas cenizas cadavéricas vitalizaba memorias de sus Militares difuntos.» — «La primera parte de la cláusula, interrumpió Fray Gerundio, ya medio la comprendo; pero la segunda, no entiendo lo que quiere decir.» — «Ni yo tampoco, prosiguió Fray Blas; mas esso qué importa? Suena bien, y esto basta. Mas clara está la que se sigue; y la podrás adaptar maravillosamente á la ofrenda, con especialidad si hay en ella carnero, pan, vino y cerilla, como en algunas partes.»
9. «En cruentas aras trucidaban inocentes víctimas, que dirigian á mitigar rigores de los Dioses... esparcian rosas fragantes... confederando matices y verdores, para declamar memorias inmarcesibles y floridas esperanzas á la felicidad eterna de los Militares. El trucidar víctimas inocentes viene de molde al carnero; lo de confederar lo florido con lo verde se puede apropiar al pan y al vino, pues ya se sabe que la harina tiene flor, y el vino suele tener verde. Pero la mas brillante cláusula, para mi gusto, de todo el episodio es aquella en que, para ponderar la piedad del Regimiento de Toledo con sus difuntos, dice, que sollozando nenias sentidamente eloquentes, endechas piadosamente elegantes, declaman en sacrificios, sufragios y oraciones el suspirado eterno alivio por sus difuntos Militares. Cláusula que, aplicándola tú á la piedad de los herederos y de los testamentarios, á todos los dexarás tamañitos con el assombro.»