20. — «Pero, por Dios no te olvides, añadió Fray Blas, de buscar modo para encaxar una brillantíssima cláusula, que entre otras muchas se lee en esta scena. Queriendo el Orador introducirse á elogiar al Regimiento de Toledo, escrive estos dos períodos dignos del mármol y del bronce: Gustoso permitiera lozanear el discurso en las heróicas militares proezas de este ilustre Regimiento. No niego á mi voluntad la panegýrica lisonja, porque recele en sus nobles caudillos alguna corrubescencia, que no saben estrañar las águilas todo el golpe de los solares brillos: assuetis dilector, dixo el Symbólico. Paréceme, que te puedes aprovechar de estas dos cláusulas, quando hagas el elogio de los hijos del Escrivano y de su familia, que esso es puesto en razon; y entónces te vendrá de perlas lo de panegýrica lisonja, sin recelo de alguna corrubescencia, por la razon concluyente de que las águilas están acostumbradas á todo el golpe de los solares brillos

21. — «Harélo sin dificultad, respondió Fray Gerundio; porque, aunque acá siento no sé qué dissonancia en que el mismo panegyrista trata sus elogios de panegýrica lisonja, y esto facha á facha y, como dicen, en las mismas barbas de aquellas á quienes alaba; pero por otra parte conozco que, quando lo dixo el Autor del Florilegio, su misterio tendria, por mas que yo no lo alcance. Por la misma razon me hace poca fuerza el no penetrar yo lo que significa el verbo dilector, que no me acuerdo haver leído ni oído en toda mi vida, pues, ora sea invencion del Symbólico, ora sea correccion del Epicédico, debo venerarla con profundo y silencioso respeto. Y en fin, estas fruslerías se deben despreciar, solo por no dexar caer en el suelo lo de lozanear el discurso, corrubescencia y lisonja panegýrica. Vamos á la tercera.»

22. Despues de leído, dixo Fray Blas: «Aquí hay poco en que detenernos, porque no veo en ella cosa que te pueda servir para tu sermon. Que los Griegos celebrassen el dia 22 de Octubre la Sacra Pambeocia, en memoria de la toma de la Ciudad de Troya, ni que el dia 21 ofreciessen un sacrificio á la Diosa Pallas por los difuntos militares, que havian muerto en el dilatado sitio de aquella plaza, no sé yo que pueda acomodarse á las honras del Escrivano Conejo.»

23. — «No eches el fallo tan aprisa, replicó Fray Gerundio, y vamos examinando qué cosicosa venia á ser essa Sacra Pambeocia, porque quizá hallaremos algo que me acomode.» Consultaron á Calepino y, no haviendo encontrado la palabra Pambeocia, passaron á la voz Beocia, y hallaron que decia assí: Beotia. Provincia de Grecia, cuya capital es Thebas. Llamóse Beotia del buey que fué enseñando el camino á Cadmo, hasta que llegó al sitio donde fundó la ciudad de Thebas. «Tente, hombre, tente, exclamó Fray Gerundio: que me están bulliendo acá en la imaginacion mil especies, que acaso me servirán mas de lo que piensas. Pambeocia es sin duda cosa de buey: el buey tiene cuernos, de que se fabrican los tinteros. Mira como va ya saliendo poco á poco el Secretario. Mas: Cadmo, segun leí no me acuerdo donde, fué el inventor de las letras; las letras son tan propias de los Escrivanos que no puede haver Escrivano sin ellas. Mas: los escrivientes ó los oficiales de pluma de los Escrivanos se llaman en latin boeti, boetorum, como lo dice un poco mas abaxo este vocabulario; pues, mira tú si Pambeocia, buey, Cadmo, tintero, letras y escrivientes son materiales despreciables para el sermon de un Escrivano. Ni tampoco pienso passar en silencio el sacrificio de Pálas; porque, siendo la destreza una virtud ó prenda muy loable, me abre camino para decir, que nuestro Escrivano con mucha destreza metia la Pala christiana á los litigantes.»

24. — «Divino pensamiento! equívoco de los cielos! exclamó Fray Blas, y será lástima que te olvides de él. Pero, lo que sobre todo te encargo, es que busques modo de imitar una de las metáphoras, de las alegorías ó como se llaman, mas galantes y mas bien seguidas que espero oir en los dias de mi vida. No sé si la notaste, pero aquí está en esta scena, y dice assí.»

25. «Instado el Regimiento de Toledo de los suspiros y lamentos de sus militaresaperite portas! — estrecha el bloquéo á la mýstica plaza de la Gloria, passando á acordonar reverente á la Sacra Jerusalem triumphante: Regnum cœlorum vim patitur. Abren sagrados ataques en sus compassivos generosos pechos, brechéan los diamantinos muros celestiales con la batería de missas, sufragios y oraciones: misit Hierosolymam offerri pro peccatis mortuorum. Llega al Soberano Consejo de Guerra la noticia del aprieto de la celeste Plaza: exaudivit de monte sancto suo: regnum cœlorum vim patitur. Defiende la entrada la soberana Justicia: declama á favor de la rendicion de la Imperial Plaza de la Misericordia: venit hora, et nunc est quando mortui audient vocem filii Dei. Hace llamada á capitulaciones la Clemencia, dice San Juan. Satisfecha la divina Justicia del reato de la culpa, firma el alivio de la pena. Publícase en los tenebrosos quarteles del Purgatorio este dichoso, ventajoso tratado á favor de las ánimas del Regimiento de Toledo: mortui audient vocem filii Dei, y libres de las horribles penas entran triumphantes en el cielo á coronarse de glorias; et qui audierint vivent

26. «Con esta brillantíssima metáphora acaba la scena 3ª., y á fé que hizo mal no acabar con ella todo el sermon, y mas para lo poco que le faltaba; pues la scena 4ª., sobre ser muy breve, no contiene cosa que dé golpe. Fué lástima añadir á la alegoría ni una coma, ni una tilde. Paréceme que estoy viendo á los Oficiales del Regimiento de Toledo como enagenados, como fuera de sí, en nada ménos pensando que en que estaban oyendo un sermon de honras, sino que estaban viendo con sus mismos ojos el sitio de una plaza: el cordon, el bloquéo, los ataques, las baterías, el brechear los muros adamantinos, la llamada de la guarnicion con bandera blanca á capitular. Solo si hago juício que los muy medrosos, ó los que no estuviessen acostumbrados á tratar con ánimas del Purgatorio, quedarian sorprendidos, quando viessen que, en vez de entrar en la ciudad los sitiadores, salian de sus tenebrosos quarteles las ánimas benditas y entraban en la Plaza, vestidas de blanco y con sus velas en las manos, como es natural. Entónces volverian en sí, conocerian la ilusion, y advertirian que no estaban delante de alguna plaza, sino en una Iglesia, á vista de un túmulo, ofreciendo sacrificios por sus difuntos hermanos, y oyendo á un Orador que los embelesaba.»

27. — «Pues mira, dixo Fray Gerundio, tanto como por alegorías no ha de quedar. Claro está, que una alegoría en términos de guerra no puede acomodarse bien en las honras de un Escrivano, pero ahora mismo se me está ofreciendo á mí otra en términos mas propios, que no ha de parecer mal. Diré pues assí, poco mas ó ménos, elevando el estilo quando lo ponga en limpio.»

28. «En virtud de quexa fiscal se levantó auto de oficio por el Supremo Juez, y se dió mandamiento de prision contra nuestro Escrivano difunto. Presentóse este en la cárcel del Purgatorio, dexando poder al Amor filial para que, como procurador suyo, contradixesse la demanda, apelando de la Sala de la Justicia á la Sala de Misericordia. Libróse despacho de inhibicion y avocacion, con remission de autos originales. Dióse traslado á la parte de nuestro mísero encarcelado. Hizo esta un poderoso alegato de missas, oraciones y sufragios, y, dándose por conclusa la causa, falló la Misericordia que debia mandar y mandaba, que el Escrivano Conexo saliesse libre y sin costas de la tenebrosa cárcel, declarando haver satisfecho suficientemente sus deudas con las penas de la prision.»

29. «Qué te parece de la metaphorilla? deberá algo á la del Florilegio? y mas, quando la vista con los textos correspondientes, que los tendré á escoger, pues todo el mundo sabe, que lo que passa en la otra vida en la hora de la muerte se explica en términos de curia: processo, tribunal, juício, sentencia, absolucion, condenacion, llamándose al Purgatorio cárcel, y al Infierno muerte eterna.» — «Manos á la obra, Fray Gerundio amigo, dixo Fray Blas; y, pues ya hemos repassado el sermon de honras y tú tienes formado ya tu idéa, tomemos un bocado, dame un abrazo, y á Dios hasta la vista!»