30. Despedido que fué el Padre Predicador Mayor Fray Blas Zebollon de la Remolacha, (estos eran sus dos apellidos, paterno y materno,) y quedado solo que huvo nuestro imponderable Fray Gerundio, no pensó mas que en trabajar su sermon, aprovechando quantas observaciones, notas, scholios, phrases y erudiciones havian glosado y admirado en las honras del Florilegio, teniendo presentes las reglas que le havia dado Fray Blas, y no olvidando del todo las dos largas conferencias, que havian tenido con el Colegial Don Casimiro sobre las fuentes de la invencion. De todo este confuso monton de especies, que á modo de torbellino le revoleteaban dentro de la fantasía, sacó al cabo de quince dias ó tres semanas (en cuya circunstancia están discordes los Autores,) una Parentacion Sacra, Epicedio trágico, lúgubre Episodio, Panegyris scenático, (assí intituló á su sermon), que dexó muy atras la Plática de Disciplinantes y el Sermon del Sacramento, en dictámen de algunos que oyeron todas tres funciones. Decorólo todo muy bien, como lo tenia de costumbre, siendo máxima suya que la principal prenda de un Predicador era la memoria, en la qual se havia de estampar el sermon ántes de predicarle, de manera que el mismo se saliesse de la boca como de chorrillo, para que en el púlpito no se divirtiesse la atencion á otra cosa que al cadencioso movimiento de las manos, al compassado contonéo del cuerpo, al gutural manejo de la voz y al concierto de todas las demas acciones, que debian regularse á compas y como con cierta especie de armoniosa symetría.


CAPITULO VI.

Predica Fray Gerundio el sermon de honras con increíble aplauso, y encárganle la Semana Santa de Pero-Rubio.

1. Ibase acercando el dia señalado para las famosas Honras, pues ya no faltaban mas que tres. Y haviéndose despedido Fray Gerundio cortesanamente de todo el lugar, hasta de aquella Tia que no le havia visitado por el cuento de la gallina, (la qual quedó tan pagada de esta accion, que desde aquel punto hizo las paces con la buena de la Señora Catanla,) regalando á su Madre y á su Hermana con cada dos escapularios bordados de realze de plata falsa y canutillo, añadiendo á cada una su Santa Theresa de barro en urna de carton, guarnecida de seda floxa, repartiendo una peseta entre las dos criadas, bien proveída la alforja y aumentada la maleta con un par de mudas de ropa blanca, partió para Pero-Rubio, en compañía de su Padre el boníssimo Anton Zotes, que quiso ver, (assí lo decia él,) si su hijo tenia tan güena man de perdicar de los defuntos como para perdicar del Sacramento. Su padrino el Licenciado Quixano tambien havia hecho ánimo á ser de la jornada, con cuyo fin havia llamado á un primo suyo, Capellan de Gordoncillo, que acababa de venir de Leon y havia trahido licencia de confessar por seis meses, para que en su ausencia dixesse la Missa al pueblo y cuidasse de la administracion de Sacramentos; pero es tradicion que, quando ya estaba aparejada la burra, se le desenfrenaron tan furiosamente las almorranas (de que adolecia), que no le fué possible montar á cavallo; y assí se contentó con darle un abrazo y meterle dissimuladamente en la mano dos pesos gordos.

2. Eran las cinco de la tarde, quando en buena paz y compañía salieron de Campazas Padre é Hijo, con resolucion de dormir aquella noche en casa de su pariente el Familiar, cuyo lugar no distaba mas que de tres leguas cortas, y estaba como á la mitad del camino. Aquí se encuentra un vacío lastimoso en la Historia, que, despues de haver burlado nuestras mas exactas y exquisitas indagaciones, necessariamente ha de ser sensible á la curiosidad de nuestros Lectores, pues, no siendo possible sino que la conversacion que tuvieron por el camino Hijo y Padre fuesse tan graciosa como entretenida, no se halla el mas leve vestigio de ella en Archivos, Bibliothecas, Armarios, legajos ni apuntamientos. Bien pudiéramos nosotros fingir aquella que nos pareciesse mas natural, atendido el genio, el carácter y las demas circunstancias de nuestros dos Caminantes, á imitacion de aquellos Historiadores que no hacen escrúpulo de referir lo verosímil como cierto, sin detenerse en contar lo que pudo ser por lo que fué.

3. Ni se nos pudiera culpar con razon de que nosotros saliessemos con nuestras conjecturas, en un siglo en que todo el mundo sale con las suyas. Haviéndose hecho este título tan de moda, especialmente en los libros, papeles y discursos que sacan á luz los Antiquarios, Chronologistas, Investigadores y Phýsicos experimentales, que apénas aciertan con otra. No es nuestro ánimo condenar esta costumbre, y mas en aquellos pocos en quienes se conoce es verdadera modestia la que en otros muchos se conjectura ser paliada ostentacion, pues nos hacemos cargo de que hay materias, que no admiten evidencias ni otras pruevas que meramente conjecturales; pero nuestra sinceridad, singularmente en una Historia tan verídica, tan fundamental y tan exacta como la que trahemos entre manos, no se acomoda con este uso, y mas quando, siendo tantos, tan averiguados y tan instructivos los materiales verdaderos que tenemos á la mano, es ocioso buscarlos ideales.

4. En fin llegaron nuestros dos Caminantes á Fregenal del Palo, pueblo no tan grande como Sevilla ni tan poblado como Cádiz, donde hacia su residencia el Familiar, de quien fueron recividos con agasajo, con naturalidad y con un corazon verdaderamente sano; porque, ageno en todo de afectacion y de artificio, era tan franco en descubrir las inclinaciones de su voluntad, como naturalote en no dissimular los dictámenes de su buen entendimiento.

5. Miéntras se disponia la cena, que no fué delicada ni ostentosa, pero sí maciza y abundante, dixo el Familiar á su sobrino con cariñosa llaneza: «Oyes Flayrico, y llevas enjurgadas para Pero-Rubio tantas garambainas como echastes por essa boca en Campazas?» — «Tio, y qué me quiere Usted decir por garambainas?» preguntó Fray Gerundio. — «Válasme Dios, hombre, continuó el Familiar; pues yo bien craro me exprico. Garambainas son aquellas garatusas, enrebesaduras, relumblones y azufaifas con que nos encarabrinabas á todos los que te estábamos uyendo, como unos monigotes.» — «Ménos le entiendo á vuestra Merced ahora que ántes,» replicó Fray Gerundio. — «Pues entiéndanos Dios, que nos crió, dixo el Familiar, y perdónenos nuestros pecados. Paréceme que te haces remolon de propósitamente, porque en lo demas es impussibre de Dios que no me entiendas, pues tanto como el don de craridá me l’a dado Su Magestá, bendita sea su miselicordia. Hórasme los tréminos, y conozco yo que no son retumbantes ni tan polidos como los que s’usan en las Zuidades; pero decirme á mí que no son interegibres, no habremos d’esso, que es crebarse la cabeza, y tan los calas tú como el hijo de mi Madre.»

6. — «Si vuestra Merced llama garambainas, dixo Fray Gerundio, la erudicion, los pensamientos sútiles, los equívocos, las agudezas, los chistes y el estilo elevado y harmonioso, hay bastante recado de esso en el sermon que llevo prevenido; y, como Dios no me quite el juício, no faltará en todos los que predicare.» — «Pues ves? replicó el Familiar, si yo fuera que tú, havia de pedir á Dios que me quitara luego el juício, para no perdicar enjamas ansina; pues tengo para mí que, miéntras perdiques ansina, no tienes que pedir á Su Magestá que te le quite, sino que te le güelva.» — «Vuestra Merced, Tio, dixo Fray Gerundio, no tiene obligacion á entender estas materias.» — «Pero los Perdicadores, respondió el Familiar, están obrigados en conciencia á perdicar de manera que todos los entendamos.» — «Basta, replicó Fray Gerundio, que nos entiendan los cultos y los discretos.» — «Pues, que vayan solamente á uíros los secretos y los encultos,» respondió el Familiar. «Y dime, sobrino, parécete á tí que en Pero-Rubio havrá muchos d’ essos hombres encultos, ó como tú los llamas?» — «Nunca faltan algunos, dixo Fray Gerundio, por infeliz que sea una aldéa, ya sean de ella misma, ya de los forasteros convidados, ó ya de los que concurren casualmente: por esso han llevado grandes chascos algunos Predicadores que, fiándose en que iban á predicar á lugares pequeños, se contentaban con qualquiera cosa, y se hallaban despues con oyentes que no esperaban; y assí oí decir á un Padre grave de mi sagrada Religion, que todo Predicador de punto se debia prevenir para predicar en Caramanchel ni mas ni ménos que si huviera de predicar en Madrid.»