17. — «Sí, dixo á este punto, hecha una vívora, la Tia Cecilia Cebollon, (que assí se llamaba la muger del Familiar,) para que aquellos Flairones te le desuellen á azotes.» — «Mijor, respondió con mucha sorna el socarron del Familiar; por esso nació el dia de San Bertholomé, y fué mi gusto que le pusiessen Bertholo, para que me lo desollassen; porque, desengáñate Cicilia, que la letra con sangre entra.» — «Pues dígote, replicó la Cebollona, que, por mas q’ hagas, no he d’ umbiar m’ hijo á Villagarcía.» — «En esso harás bien, respondió el Familiar; y, por lo mesmo que no l’ has de umbiar tú, tendré cuidado d’ umbiarlo yo.» — «Irá donde yo quisiere, replicó la Cebollona, porque es tan hijo mio como tuyo.» — «Y aún mas, si lo apuras, respondió muy fresco el Familiar; pues, sin meternos por ahora en mas honduras, al fin tú le pariste, y yo no. Ea, Cicilia, tengamos buenos manteles y dexémonos de crebaderos de cabeza: ya te he dicho mil veces, que tú cuidarás de las hembras, y yo de los varones. Tú darás á aquellas la enseñanza que te pareciere, y yo daré á estos la dotrina que me diere la gana.»

18. — «Tambien yo la tenia, dixo á esta sazon Anton Zotes, que el mi Flairico estudiasse en Villagarcía, donde yo havia estudiado; pero por tener paz con la mi Catanla l’ umbié á Villaornate, y no me pesa, porque no ha salido por ahí nengun morondo.» — «En todas partes, respondió el Familiar, hay malos y güenos, soldesmente que en unas son mas los güenos que los malos, y en otras son mas los malos que los güenos. Lo que yo veo es, que los que estudian con los Theatinos no alborotan los puebros, ni apedréan los Santos, ni silvan los Rosarios, ni se juntan en las tabernas, ni embarran los vítores, ni se desvergüenzan contra los Flaires que estudian por otros libros. Allá en sus controversias y desputas vocéan, berréan y gritan hasta desgañitarse; pero dempues y acabado aquello, punto en boca, cortesía hasta el suelo, y tan amigos como d’ antes. Esto parece bien á Dios y á todo el mundo; lo contrario es mala crianza, y se conocen al vuelo los que estudian con unos y con otros.»

19. En estas conversaciones se passó la cena: llegó la hora de recogerse, y se retiraron todos, quedando despedidos desde la noche, porque los huéspedes pensaban madrugar mucho para librarse del calor. Assí lo hicieron, saliendo de Fregenal á las tres de la mañana y llegando á Pero-Rubio entre siete y ocho, ántes que, como se dice, comenzasse á calentar la chicharra.

20. No se puede ponderar el gusto y el agasajo con que fueron recividos del Licenciado Flechilla, en cuya casa se apearon derechamente, segun havian quedado de concierto al despedirse en Campazas. Era la víspera del dia en que se havian de celebrar las honras, y aquella tarde fueron concurriendo algunos parientes y amigos del difunto, no solo de los que vivian en los lugares circunvecinos, sino tambien tal qual que residia en poblacion algo distante. Entre estos llegó un Reverendíssimo Abad Benedictino, primo del Escrivano Conejo, varon verdaderamente respetable; porque, sobre ser Monge muy ajustado, de porte serio, de estatura heróica, de venerable presencia, de semblante magestuoso y al mismo tiempo apacible, era sugeto á todas luces sabio, no solo muy versado en todas las facultades serias que son proprias de su profession, sino admirablemente instruído en todo género de bellas letras, de erudicion amena y escogida, lo que, junto á un trato humaníssimo y urbano, hacia sumamente grata su conversacion y le constituía un sugeto cabal y redondeado.

21. Trahia por socio á un Predicador segundo de la casa, jóven como de treinta años y Monge de su especial cariño; porque, aunque era de genio abierto, festivo y desembarazado, se contenia siempre dentro de los límites de la modestia y de la urbanidad religiosa, sin que los chistes y gracias, de que abundaba, cediessen jamas los términos de la decencia, ni se propassassen á quemazones ó pullas, que pudiessen ofender ni aún levemente á los mismos con quienes se zumbaba. Por esto, porque era mozo muy pundonoroso, exactíssimo en el cumplimiento de su obligacion y en el desempeño de su oficio, rendido á quanto se le mandaba, y dócil á todas las advertencias que se le hacian, havia merecido la especial inclinacion y aún concepto del Abad, que esperaba formar en él un Monge á su modo y de su mano, capaz de honrar con el tiempo no solo á la Congregacion, sino á toda la Orden Benedictina.

22. Poco despues que se apearon los dos Monges, entró á visitarlos, como tambien al Padre Predicador Fray Gerundio, el Cura de Pero-Rubio. Era Arcipreste de aquel partido, Comissario del Santo Oficio, y hombre de singular fábrica en el cuerpo, y de no ménos singular estructura en las potencias del alma. Estatura algo ménos que mediana, cabeza abultada y un si es no es oblonga, con canas entre rucias y tordas, corona episcopal, pestorejo colorado y con pliegues, ojos acarnerados, y en la circunferencia unas ojeras ó sulcos que le havian formado los anteojos perdurables, que solo se los quitaba para leer y para escrivir, ó quando estaba solo; pero en visitas, en passéos, ó en funciones públicas, al instante los montaba. Era lleno de semblante, aunque se conocia no ser maciza la gordura; porque á veces fluctuaban los carrillos, subiendo y baxando como fuelles de órgano. Tampoco el color era constante: unos dias muy encendido, otros malignamente jaspeado, con unas manchas verdi-pardas, entre enjundia y apostema; la lengua muy gorda; el modo de hablar hueco, gutural y autoritativo, resoplando con frequencia para mayor gravedad. Sus letras eran tan gordas como la persona; pero al fin havia rebuelto algunos libros de moral, tenia bien atestada la cabeza de las noticias mas ridículas y mas apócryphas que se encuentran en los libros; porque para él, una vez que estuviessen impressos, todos eran á un precio y las vertia en las conversaciones de los páparos, assí de corona como legos, con una satisfaccion, con un coram-vobis y con unos resoplidos que no dexaban la menor duda de su certidumbre y de su authenticidad. Leía Gazetas y Mercurios, quando podia pillar algunos sin que le costassen un maravedí, porque en materia de gastar era strictioris observantiæ, y solia decir, no sin gracia, que para relaxacion bastábale la potra (era muy quebrado). Hablaba mucho de la Lusacia, de la Pomerania, de la Carinthia y de la Livonia, diciendo que estas provincias componian el grande Manzgrabiato de Westphalia, con que le oían como unos parvulillos todos los Curas de la redonda; y, como por otra parte era infinitamente curioso é indagador de todo quanto passaba en las chimenéas y en los rincones, cuchucheador y mysterioso, le miraban todos con un gesto equívoco, entre respeto y burla, entre desprecio y temor.

23. Aún estaban en los primeros cumplimientos del Señor Comissario, quando se entró á galope por la sala el Predicador Fray Blas en trage de camino y, sin saludar á nadie, se fué derechamente á dar un estrecho abrazo á su amigo Fray Gerundio, como si huviera veinte años que no se havian visto; y es tradicion, que aún se estaba componiendo los hábitos que trahia enfaldados, quando se dió recado de parte del Concejo, y entraron los dos Alcaldes, los dos Regidores, el Procurador de la Villa y el Fiel de fechos; porque aún no se havia provisto el oficio de Escrivano. Aquel dia no debió de acaecer sucesso considerable; por lo ménos se ha frustrado en su indagacion nuestra solicitud y diligencia, sin que en las memorias que hemos podido recoger se halle mas que lo sucedido en el mismo dia de las honras, cuya relacion pide capítulo aparte, y vamos á servir á nuestros Lectores con el capítulo siguiente.


CAPITULO VII.

Lo mismo que el otro.