11. El Licenciado Flechilla, que le havia encargado el sermon y aquel dia hacia de Diácono en las honras, enagenado y fuera de sí, se quedó sentado en el banco donde havia oído la oracion, á mano derecha del Preste, tanto que ya el Comissario, que oficiaba, estaba incensando el túmulo (calados sus anteojos) en el último responso, y todavía permanecia en su banco el bueno del Licenciado, llorando á hilo tendido de gozo y de ternura, sin advertir lo que passaba. Apénas entraron en la sacristía los del altar, quando el Comissario Preste, sin dar lugar á que le quitassen la capa, se arrojó violentamente al cuello de Fray Gerundio; túvole un gran rato estrechíssimamente apretado entre los brazos, sin hablarle palabra, y despues, retirando un poco el cuerpo y poniéndole las manos sobre los dos hombros, prorumpió en estas exclamaciones: «O gloria immortal de Campos! O afortunado Campazas! O dichosíssimos Padres! O monstruo del púlpito! O confusion de Predicadores! O pozo! O sima! O abysmo! Es un horror! Es un horror! Es un horror! O! O! O!» Y fuése á quitar la capa, haciéndose cruces.

12. No pudo articular mas palabra por entónces el Licenciado Flechilla que decir interrumpidamente: «Padre, Padre, Padrico! La semana santa, la semana santa del año que viene; la semana santa; no tiene remedio, no tiene remedio.» Y, como á este tiempo entrasse en la sacristía Anton Zotes, creyó que era llegada la postrimera hora de su vida, porque consintió morir allí ahogado, segun los abrazos que le dieron, no contribuyendo poco para añudarle las muchas lágrimas que le hacia derramar el gozo. Fray Blas estaba atónito, y solamente se explicó con las cejas y con los ojos. Al Reverendíssimo Abad le pareció, que no le permitia la urbanidad dexar de presentarse, y assí, dexándose ver en la sacristía, seguido de su Socio, solo dixo con afabilidad y con agrado, que havia tenido un rato muy divertido, y que era razon que el Padre Fray Gerundio descansasse; á que añadió el Socio: «Yo estaria oyendo á vuestra Paternidad otras dos horas; la erudicion á carretadas; el estilo, de lo que hay poco; y el modo de discurrir es original.» Con las expressiones equívocas de los dos prudentes Monges se confirmaron los otros paletos en que apénas un Angel podria predicar mejor.

13. Vueltos todos á casa y ya puesta la mesa, se sentaron á ella por su órden, menudeáronse los bríndis, repitiéronse las enhorabuenas, subieron de punto las expressiones, y solo no huvo décimas ni octavas, porque, como la funcion era de mortuorio, parecia importunidad. Con todo esso, no se pudo contener un estudiantillo legista, que aquel año havia comenzado los Vinios en Valladolid y tambien comenzaba á hacer pinicos de Poeta, echando sus quintillas y de quando en quando sus décimas en las porterías ó locutorios de las Monjas, quando havia funcion de hábito ó de professiones. Havia concurrido á las honras del Escrivano Conejo en nombre de su Padre, vecino de un lugar cercano y muy amigo del difunto, que por hallarse achacoso no havia podido venir personalmente. Pidió licencia para decir un epitaphio que se le ofrecia; y, como el assunto era tambien de requiem, fácilmente se le concedió, con que prorumpió en este disparate:

Yace entre estas dos losazas

Conejo: no yace tal,

Puesto que le hizo immortal

Fray Gerundio de Campazas.

Caminante, quando cazas,

No hallarás vivar mas guapo

Que este sitio en que te atrapo,