Pues con qualquier perro viejo

Cogerás aquí un conejo,

Y en el púlpito un gazapo.

Los dos Monges conocieron bien la insulsez de la décima, llena de ripio y sin mas sal que un equivoquillo ridículo que no tenia substancia; pero los demas, que no hilaban tan delgado y ni entendian ni atendian mas que al sonsonete, la levantaron sobre las nubes y hicieron sacar incontinenti muchos traslados para esparcirlos por toda la redonda, conviniendo todos en que el Licenciado era tan gran Poeta, como Fray Gerundio Predicador. Con esto se retiraron los Padres á dormir la siesta, y despues de ella sucedió lo que vamos á decir en el capítulo siguiente.


CAPITULO VIII.

Sálense á passear los quatro Religiosos, y el Padre Abad, en tono de conversacion, da á Fray Gerundio una admirable doctrina.

1. Dormida la meridiana, tomado un polvo, rezadas vísperas y completas, y ya adelantada un poco la tarde, que estaba muy apacible, dixo el Padre Abad á Fray Blas y á Fray Gerundio, que si gustaban de salir á espaciarse un poco al campo. Aceptaron gustosos el convite los dos amigos, y se salieron á passear en compañía de los dos Monges. Apénas se vieron fuera del lugar, (y no tuvieron que andar mucho para esso,) quando impaciente ya Fray Blas preguntó al Padre Abad: «Qué le pareció á vuestra Reverendíssima del sermon de esta mañana? No fué un assombro?» — «En su linea, respondió el Reverendíssimo, es de lo singular y de lo precioso que he oído.» A tal punto se incorporó con la tropa el Comissario, que venia con alguna acceleracion á cortejarlos, no haviéndolos encontrado en casa del Licenciado Flechilla. Era su trage de passéo, becoquin mocho, sombrero nuevo de castor, alzacuello con su esclavina, sobre-ropa con alamares, baston con puño de plata y buen recado de borla; en fin, parecia un Arcediano. Despues de los cumplidos ordinarios, prosiguió la conversacion entablada, porque Fray Blas repitió la misma pregunta, y el Padre Abad le dió la misma respuesta.

2. «No esperaba yo ménos de la profunda sabiduría de vuestra Reverendíssima, dixo el Comissario. Malo es que á mí me dé golpe un sermon, un libro, una obra, sea de la facultad y de la especie que se fuere, que lo mismo mismíssimo ha de parecer á todos los hombres sabios y discretos del mundo. Tengo mil experiencias de esso. Aquellas exquisitíssimas noticias, que dió el Padre Fray Gerundio del orígen de los elogios y de las oraciones fúnebres, como tambien de los diferentes ritos con que se han celebrado y se celebran las honras de los difuntos, comprobadas todas con testimonios de tanta multitud de Autores, no prueban un milagro de lectura y un abysmo sin suelo de sabiduría?»

3. — «Bien puede ser, respondió el Padre Abad, que al Reverendo Fray Gerundio le huviesse costado esso mucho sudor, mucho aceite y mucho tiempo; porque, como todavía es jóven, no puede tener grande noticia de los Autores, que tratan de propósito varios assuntos. Dionysio Halicarnasseo, célebre Historiador y uno de los mejores críticos de la antigüedad, tiene una bella, elegante y muy erudita dissertacion sobre esta única materia, intitulada: De origine et vario ritu Funeralium. Allí se encuentra todo quanto dixo el Padre Fray Gerundio, y mucho mas. En esta especie de escritos philológicos, dicen los críticos que están puestas en su lugar todas essas noticias; pero en los sermones las tienen por impertinentes y por una pueril vanidad de ostentar erudicion fuera de tiempo. A lo mas mas permiten, que se apunten muy de passo, huyendo mucho de recalcarse en ellas. Yo solo refiero lo que los críticos dicen, pero sin tomar partido; porque no es mi ánimo defraudar un punto el concepto que se merece el Padre Fray Gerundio.»