17. — «Vaya, dixo Fray Blas, que debia de ser muy escrupuloso esse Prelado. A mí, por lo ménos, un hábito bien puesto en una muger me gusta mucho: á todas las dice bellamente, pero, si son bien parecidas, las cae muy en gracia.» — «Santíssima razon! respondió el Familiar, y en boca de un Religioso no hay mas que pedir. Yo, Padre nuestro, por ahora no me opongo á que las mugeres, especialmente las solteras, percuren líncitamente agradar á los hombres y engalanarse por esto cada una segun sus pussibres. Su alma, su palma; y cada qual se componga con su conciencia. Ya vi lo que dice un Autor, que los hombres tenemos tres inimigos, el Dimonio, mundo y carne; pero las mugeres tienen quatro, el Dimonio, mundo y carne, y el deséo de parecer bien. Lo que digo es, que valerse de las cosas santas para parecer mijor, esso es lo que á mí me parece muy mal. Y en fin, fuesse ó no fuesse escripuloso el Perlado de quien vamos habrando, es cierto que no lo era otro Religioso mocito, aunque no tanto que no fuesse ya Letor de Thaulugía en aquella santa Comunidá, el qual s’ alló presente á nuestra convresacion, y cierto que tenia unos ojos tan vivos y tan aquellados, que se conocia á la legua que no era gazmoño. Este tal sabia muchas copras en latin y en romanze, y diz que tambien las hacia harto guapas. Con todo lo que convresamos se conformó tan lindamente, y aún me dixo que yo debia de tener güen entendimiento, aunque no me expricaba con la mayor escrecion. Quando relaté aquello del tontillo, se rió mucho y añadió, que esta moda siempre l’ avia parecido la mas grande mamarrachada en que podia dar la maginacion de las mugeres, aún en sus trages de gala; porque, como todos saben en qué consiste aquel balumbo, hacen de él la mesma bulra que de los Palitoques, que levantan hasta el tejado á los gigantones del Córpus, y de los cuerpos de paja con que se feguran los espantajos y los estafermos.»
18. «A este empropósito relató unas copras, primero en latin y despues golvidas en romanze por él mesmo, las que le contentaron mucho al mesmo Perlado; y, viendo que á mí tambien m’ avian gustado las segundas, aunque no entendia las primeras, le mandó que me diesse unas y otras escrividas. Hízolo allí súpitamente, y me las metí en el balsopeto, y por vida del hijo de mi madre que las ha de leer aquí ahora mi sobrino Fray Gerundio; porque, como yo no ascanzo el latin, no sé leerle con aquel sentido y con aquella enlegancia que se debiera.» Diciendo y haciendo, sacó del bolsillo un papel tan sobado y aceitoso, que parecia quarteron de encerado. Diósele á Fray Gerundio, que lo leyó en voz alta con bastante alma, y se sabe por tradicion de padres á hijos que decia assí:
Sunt hodie ... muliebria corpora, quæ, dum
Conclavi neglecta suo atque inculta morantur,
Macra videbuntur brevibusque simillima sardis.
Fac tectis prodire eadem expectanda per urbem,
Non eadem forma est: nam, cum peronibus altis
Incubuere pedes, cum tot redimicula frontem
Aedificant, circum et vestis sinuosa tumescit,
Prægnantem artifici defendens turbine ventrem,