Para encubrir gorduras y flaquezas.
Una muger, en fin, con guarda-infante,
Cátala convertida en elephante.
Haces ascos al símil? No te llena?
Pues por mí, mas que sea una ballena.
19. No obstante que ni Fray Gerundio ni Fray Blas eran los hombres del gusto mas delicado que se ha reconocido hasta ahora en el orbe de las tierras, como lo puede haver observado el curioso lector en la serie de esta exactíssima Historia, se sabe que aplaudieron bastantemente la trova, por ser lo que mas entendian; bien que Fray Gerundio, por saber sin comparacion mucho mas latin que Fray Blas, no dexó de hallar singular gracia en los versos latinos, y como que se inclinaba á que tenian mas que los castellanos. Assí lo dió á entender, y con esso se pelaba las barbas el Familiar, porque sus padres no le huviessen dado estudios, por lo ménos hasta que saliesse un inracionable gramático, que fué la phrase con que él se explicó.
20. Los que lo oyeron todo con una grande indiferencia, fueron Anton Zotes y la Señora Cecilia. Anton Zotes, porque casi desde el principio de la conversacion se havia medio dormido, á causa de estar algo alcanzado de sueño por haverse levantado aquella noche dos veces á dar un pienso á las cavallerías; la Señora Cecilia, porque del latin (ya se ve) no entendia palabra, y del romanze le sucedia con corta diferencia lo mismo. Solo percibió que allí se hablaba de tontillo, y esto bastó para que dixesse muy alegre: «Ahí me la dén todas; que yo ni para mí ni para m’ ija he pensado enjamas en tontillo, pues ni mi madre ni mi agüela usaron por enjamas de los enjamases de essas envinciones.»
21. Tú que tal dixiste! Tomó la taba el Familiar y la dixo: «Oyes, y tu madre ni tu agüela usaron jamas de los enjamases de galones d’ oro, de encaxes de prata, de telas de tiesú, de enguarinas, de trapacería, de mantos de tafetan de ilustre, con encaxe de media vara, de embanicos d’ á dobron, de manguito enforrado por de juera en terciopelo, de rosario de pisázuli ó de inventurina, engazado en prata ó en oro, ni de otras mil embusterías, (otra cosa peor iba á decir, pero la callo,) de qu’ usas tú y quieres tambien qu’ usen tus hijas? Unas sayas de estameña, una basquiña de cordellate, una enguarina de paño fino en los dias recios, una capa sobre la cabeza con su vuelta negra de rizo ó, á lo mas mas, de terciopelo, un embanico redondo de papel pintado con almagre encima de una caña, un rosario de lágrymas, y el mas pricioso de cachumbo: estas eran sus galas, y servitor. Ansina vivieron muy honradamente, ansina nos dexaron un pedazo de pan que comer; y no tú, que tienes traza de echarme por puertas, porque los dias de fiesta pareces una Condesa, y tus hijas unas Marquesicas, siendo ansí que no sois mas que unas probes y honradas labradoras, sin considerar que causais risa á las presonas de meollo; por qu’ al fin, por mas que la mona se vista de seda, mona se queda.»
22. Iria el sermon mas adelante, si en aquel punto no huviera entrado una criada á poner la mesa, porque ya era hora de comer, y, por la cuenta, ni en la comida ni en lo restante de aquel dia que se quedaron á descansar en Fregenal, no debió de suceder cosa remarcable; á lo ménos los Autores de aquellos tiempos tan retirados nada refieren, contentándose con decir que la mañana siguiente, muy de madrugada, despedidos todos cortesanamente unos de otros, Anton Zotes tomó el camino de Campazas, y Fray Gerundio y Fray Blas se fueron á comer á su Convento, donde Fray Gerundio fué recivido del Prelado con mucho agasajo, y de los demas, particularmente de la gente moza, con indecible alegría y aplauso, porque ya havia llegado al Convento la fama de sus sermones. Solo se sabe por un libro de becerro, escrito en letras góthicas y ya muy desgastadas despues de tantos siglos, que luego que llegó el Prelado le puso en la mano una patente del Padre Provincial, en que le hacia Predicador mayor de la Casa, dispensándole en los años de Predicador sabatino y de Predicador segundo que pedia la constitucion, por justas causas que le movian á ello, todo con acuerdo del Definitorio, en virtud de la facultad que le concedia para ello la Bula del Papa Eleutherio LII. que comienza: Ad promovendum. Al mismo tiempo recivió Fray Blas otra patente de jubilacion, en que se le declaraba Presentado por el púlpito para el Magisterio, con que los dos amigos del alma no se veían de polvo, de abrazos y de enhorabuenas.