Con este destino zarpó del puerto de Lepe por Octubre de 1515, y costeado el Brasil, entró el siguiente año en el magestuoso Paranaguazú: nombre que usaban los naturales para denominar al que despues se llamó Rio de la Plata, y por ahora, del nombre del su primer descubridor, Rio de Solis. Los Charruas, que entonces se dilataban por la costa septentrional del Paraná hácia el Uruguay, y tirando al oriente hasta las cabezadas del rio Negro, movidos de curiosidad, salian de sus chozuelas las manos cargadas con frutos de la tierra, que abandonaron sobre la playa, retirándose á la ceja de un monte inmediato.
Solis, que no conocia el génio pérfido de la nacion, confiado en las demostraciones, al parecer amigables, salió en tierra con pocos compañeros desarmados. Entonces los Charruas dejaron repentinamente los montes, mataron á Solis con su gente, y se los comieron á vista de los que estaban en la caravela, testigos del hecho y no vengadores del atentado. Recelosos de igual desgracia, retrocedieron en busca de la capitana que estaba sobre las áncoras en la isla de San Gabriel, y tomado acuerdo, volvieron á España, donde con la primer noticia del Rio de la Plata, comunicaron la infausta suerte de su primer descubridor.
Casi diez años pasaron, en los cuales el rio de Solis no mereció un recuerdo en la memoria de Carlos V. Pero, como en el rey de Portugal se trasluciese inclinacion de extender por esta parte sus dominios, dispuso prontamente una armada á cargo de Diego de Garcia, vecino de Moguer, acompañado de Rodrigo Area, piloto célebre de su tiempo: imponiéndoles la obligacion de repetir segundo viage, y de buscar con diligencia á Juan de Cartajena, y á cierto clerigo francés, que abandonó por sediciosos Magallanes, arrojándolos hácia la bahia de San Julian. La armada salió del Cabo de Finisterre á 15 de Agosto de 1526, pero las aventuras de la navegacion la demoraron tanto, que Sebastian Gaboto previno á Garcia embocando primero por el gran rio de Solis.
Era Gaboto veneciano de nacion, cosmógrafo inteligente, y práctico en la marina; sugeto verdaderamente hábil, de sagaz entendimiento y penetrativo discurso: despues de Colon inferior á ninguno en hidrografia y astronomia. Descubrió la tierra de Bacallaos, y de ella tomó posesion por Enrique VII, rey de la Gran Bretaña; del cual se prometió un prémio digno de sus afortunados servicios. Pero como la recompensa fuese inferior á la esperanza, se ausentó Gaboto de Londres para probar fortuna en servicio del rey de España.
Efectivamente, con el nuevo Soberano fué nueva su fortuna, y se le dió título y empleo de piloto mayor del Reino, con renta competente al oficio que profesaba. Entre otras expediciones se le ordenó el año de 1525, que pasara á las Malucas, y tentára el descubrimiento de Tharsis, Ophir y Catayo. La armada que se le previno constaba de cuatro navios: el equipage pasaba de seiscientas personas, fuera de mucha nobleza de hidalguia, y sujetos de crecidos méritos, atraidos con esperanza de enriquecerse en las tierras á que navegaban.
La armada levó anclas á principios del 1526, y tuvo algunos accidentes que demoraron la navegacion mas de lo que se persuadió Gaboto. Con la tardanza escasearon los viveres, y traslucidos algunos indicios de alzamiento, se recostó Gaboto al Puerto de Patos, en altura de poco mas de 31 grados de latitud austral, hasta donde los Guaranís, señores de las riveras marítimas por aquella parte, prolongaban sus términos.
Gaboto, imposibilitado á proseguir, ó con esperanza de progresos mas felices, abandonó el viage de Malucas, siguiendo por ahora el curso de su fortuna, que le encaminó á la espaciosa boca del rio de Solis, en cuyos confines bojaba la armada, y subió hasta una isleta no muy distante de tierra firme, hácia la ribera septentrional en la derecera de Barragan, que caia en la márgen opuesta. A la isleta llamó San Gabriel, y ancoró en su fondo las naves. Pero siendo el puerto poco reparado, avanzó con dos bateles hasta el encuentro del Paraná y Uruguay, y siguiendo la madre de este, descubrió á su oriente un rio, que desde entonces hasta hoy se llama de San Salvador, buen surgidero para poner en salvamiento la armada.
Así lo egecutó Gaboto: parte de la carga con alguna milicia dejó en San Gabriel, y parte con la armada pasó á San Salvador, sobre cuya embocadura levantó un fuerte contra los Charruas é Yaros, que observaban al descuido los movimientos del español. Guarnecido con milicia el fuerte, saltó en un bergantin y caravela al magestuoso Paraná, y surgió en el Carcarañal, pechero suyo por la márgen occidental: donde levantó segunda fortaleza, que denominó Sancti Espiritu, y que el vulgo llama de Gaboto, por algunas reliquias que el tiempo conserva para su memoria.
Habitaban las vecindades del Carcarañal los Timbus, gente humana, cariñosa, hospitalaria; buena para amiga, y pesima para enemiga. Con ellos hizo alianza Gaboto, y avanzó hasta la laguna de Santa Ana. Entabló comercio con los Apupenes, rescatando bastimentos por bugerias, que hacia estimables la novedad. Del Apupen retrocedió á la junta del Paraguay y Paraná, y tomando la madre de aquel, surgió cerca del sitio, donde se fundó despues la Asumpcion, capital de la provincia.
Señoreaban el rio los Agaces, los cuales salieron en trescientas canoas á presentar batalla á Gaboto, que acometieron orgullosos; pero vencidos facilmente, se retiraron fugitivos á sus ordinarias guaridas. De las vecindades concurrieron los Carios, á solicitar la paz del valeroso triunfador de los Agaces, y cambiar los frutos de su territorio. Adornaban su desnudez natural piezas de plata pendientes del cuello, y hermosos plumages la cintura, provocando la codicia española, á quien lisonjeaba el resplandor de aquellas alhajas.