1595-1597.

A Hernando Arias sucedió D. Juan Ramirez de Velazco, que habia gobernado la provincia de Tucuman con satisfaccion y crédito. No ocurrió cosa memorable en su tiempo: pero harto lo es el haber acreditado su prudencia en las dos provincias, manteniendo en paz á los españoles, y teniendo á raya á los indios.

La pacificacion del valle de Calchaquí, y el humilde rendimiento de estos guerreros esforzados, contribuyeron á la quietud de los demas, sugetándose y ofreciendo homenaje los menos fuertes con el egemplo de los mas animosos. En toda la provincia se gozó quieta tranquilidad, á expensas de su gobernador Juan Ramirez de Velazco; que el año de 1590 recogió un donativo que ofrecieron gratuitamente las ciudades á su Rey, cuyos tesoros estaban exaustos por los gastos de la infeliz armada de Inglaterra, y largas guerras de Flandes.

Al siguiente año de 1591 planteó una ciudad en el país de los Diaguitas en 30 grados de altura, á espaldas de la cordillera chilena, que le cae al poniente, sacando para la fundacion setenta españoles, soldados valerosos, y sugetos de caudal para costear los gastos de la conquista. A la poblacion denominó Ciudad de Todos Santos de la Nueva Rioja, cuyo principio, que despues la enriqueció, fueron numerosas encomiendas de indios para la labor y beneficio de los campos.

En el distrito de la Nueva Rioja cae Famatina-guayo, cerro famoso por las novelas que se cuentan, y por los metales de que, segun se dice, abundan su senos. Algunos hacen subir al tiempo de los Incas el beneficio de opulentísimas minas, que enriquecian los imperiales erarios de estos soberanos, en cuyo nombre ministros de exacta rectitud y probada fidelidad, velaban sobre los beneficios y atendian á la cobranza de los derechos.

Contribuyó á la prosperidad de la Rioja el alzamiento de los Tabasquiniquitas y Mogas, situados en la falda de la serranía que cae al poniente de Córdoba: porque vencidos y derrotados por Tristan de Tejeda, valeroso y afortunado capitan, pidieron la paz y ofrecieron vasallage. Con su auxilio se empeñó este gefe en nuevos descubrimientos, tirando mas al poniente, y arrimándose mas á la ciudad de Todos Santos con la conquista de los Escalonites y Zamanaes, que pretendió agregar á la ciudad de Córdoba. Pero el Gobernador Velazco, que miraba á la Nueva Rioja con particular cariño, le cedió los indios que pacificó el capitan cordobes, adjudicándole el terreno que ocupaban los Tabasquiniquitas, los Mogas, los Escalonites y los Yamanaes.

En 1593 emprendió la fundacion de otras dos poblaciones: la primera, que llamó San Salvador, fió á D. Francisco Algañaraz, noble Guipuzcoano, en cuyas venas corria la noble sangre de los Ochoas, señores de Algañaraz, y la de los Murgias y Vilasteguis. Era persona de valor y prudencia, cuyo especimen habia dado en varias operaciones, que á su valor y discrecion fiaron los gobernadores pasados, concluyendolas siempre felizmente y con aplausos. Para la fundacion alistó algunos pobladores de las ciudades, y la efectuó con suceso tan feliz, que ni en los tiempos pasados con las invasiones de los Calchaquís, ni en los presentes con la de los Chaquenses, degeneró de los espirítus de su fundador.

Está situada la ciudad en una quebrada que corta la serranía de Calchaquí en el valle de Xibixibe, entre los rios Jujuy y Siancas, casi en los veinte y cuatro grados de latitud. Goza temperamento poco saludable, expuesto á tercianas y á unos tumores que engendra la malignidad de las aguas en la garganta, que por acá llaman cotos. Tiene pocos vecinos, pero ricos y bien avenidos. Los primeros pobladores se aplicaron á sugetar los infieles rayanos, cuya altivez humilló el valor español; los Purmamarcas, los Osas, los Paypayas, los Tilcanes, los Ocloyas, y Tilianes, naciones sepultadas en eterno olvido, que parte habitaban la aspereza de las sierras, parte se dilataban á las márgenes del Bermejo, y que sin embargo no dieron mucho cuidado al animoso fundador. Mayor resistencia hicieron los Humaguacas, siempre indómitos y obstinados en inquietar con correrias á los castellanos.

La segunda poblacion que de órden de Juan Ramirez de Velazco se principió, es la villa de Madrid de las dos Juntas, sobre el Salado, donde este incorpora sus aguas con el rio de las Piedras. Su duracion fué de poco tiempo, y solo permaneció hasta el año de 1603, en el cual sus vecinos y los de Talavera, desamparadas sus ciudades, de comun acuerdo y hermanable sociedad fundaron otra, dos leguas de la villa de las dos Juntas, á la cual llamaron Talavera de Madrid. Nombre que borró el tiempo, y prevaleció el de Esteco, con el cual hasta el dia de hoy es conocida, aun despues que la arruinó un terremoto.