Hernando Arias, pues, sucedió inmediatamente á D. Diego Valdez, y como tenia ánimo guerrero, emprendió algunas operaciones militares. Entró, aunque no sé puntualmente el año, á la provincia del Estrecho de Magallanes, internándose desde Buenos Aires, doscientas leguas tierra adentro. El suceso no correspondió al valor del capitan ni á la fortuna de sus empresas: porque él y su gente quedaron prisioneros de guerra en manos de bárbaros. Tuvo Hernando Arias la fortuna de soltarse de las prisiones, y entrando segunda vez con milicia mas numerosa, libertó sus compañeros, y castigó los infieles.

Otras dos facciones emprendió en su gobierno, aunque no es averiguado á punto fijo el año:—la conquista del Paraná, y la del Uruguay. En la primera operacion, con parte de la milicia, tuvo que diferir la conquista: en la segunda perdió toda la milicia compuesta de quinientos soldados. ¡Tanto era el furor de los Paranás y Uruguayos, y la ciega obstinacion con que defendian el originario suelo!

Por este tiempo gozaba la iglesia del Paraguay un insigne Prelado, sobrino de mi glorioso Padre San Ignacio, el ilustrísimo Fray Martin Ignacio de Loyola, nobilísimo Guipuzcoano. Profesaba el seráfico instituto en la provincia de San José, y resplandecia en virtudes religiosas, humildad, despejo mundano, y celo apostólico, que obligó á abandonar primero el mundo, y despues la Europa, viniendo al Paraguay donde se egercitó como fervoroso misionero en la instruccion de los gentiles. En tan santa y loable ocupacion, le alcanzó la órden de restituirse á España, y como sus parientes eran nobles, consiguieron que se le hiciera propuesta de varias mitras, que no admitió su grande humildad, con edificacion de la Corte. Pero como á la propuesta se añadiesen órdenes terminantes, eligió entre los muchos que le propusieron el pobre y retirado del Rio de la Plata, para el cual fué presentado á 9 de Octubre de 1601, y consagrado en Valladolid, pasó luego á tomar posesión de su silla episcopal.

El año de 1603 celebró sínodo, en que el celo, prudencia y discrecion respladecieron sobremanera.

Concluido el sínodo, visitó el Ilmo. las ciudades de su obispado, con grande utilidad de sus ovejas: y le sucedió que navegando del Paraguay á Buenos Aires, halló náufragos en la orilla á los PP. Marciel Lorenzana y José Cataldino, que enjugaban la ropa á los rayos del sol, y los consoló con palabras llenas de amor y suavidad. A pocos meses de llegado á Buenos Aires, murió á principios de 1606.

Sucedióle el Ilmo. Fr. Reginaldo de Lizarraga, natural de Vizcaya en España, hijo esclarecido de la familia de Predicadores, lustre de su provincia limense, prior y definidor de ella, provincial de Chile, y despues Obispo de la Imperial, en cuyo tiempo (año de 1598) sucedió la fatalísima rebelion de los Araucanos de la Concepcion, adonde trasladó su cátedra episcopal. Fué promovido á la Asumpcion del Paraguay, y tomó posesión el año de 1608.

La conversion de los gentiles hizo muy señalada la época del año siguiente, que lo fué también de su muerte, dando los jesuítas principio á la conversión del Guayrá, Paraná y Guaycurús. Habíanse tentado varios medios, y el de las armas no produjo el efecto deseado. Sobre eso la Real Magestad tenia expedida una cédula, en que ordenaba á Hernando Arias que procurára efectuar la pacificacion de los indios por medio de la predicacion, y no por el estrago y ruido de las armas.

Efectivamente, el Gobernador Hernando Arias y el Ilmo. Lizarraga, suplicaron al P. Provincial Diego Torres que señalára misioneros para Guayra: y como en el P. Provincial ardia el celo de las almas, luego puso los ojos en los Padres José Cataldino y Simón Malzeta, italianos de nacion, y escogidos para la conversion del gentilismo guayreño.

Mas gloriosa por mas dificil, aunque no tan feliz en el suceso, fué la empresa de los Guaycurús, nacion la mas inculta, vagamunda y bárbara que conoce la América Meridional. Habitaban al occidente del Paraguay, fijando á veces su acampamento en la derecera de la Asumpcion sobre la márgen opuesta. Nada igualaba el atrevimiento de su ánimo, y el desprecio con que miraban los españoles, contra los cuales se hallaban en la sazon mas irritados que nunca: porque intentando asaltar la ciudad en la noche de la fiesta de la Asumpcion de este año, cuando divertidos con el regocijo pensaban en solazarse, los previno Hernando Arias matando algunos de ellos, é irritando los demas para la venganza. Tal era el estado de los Guaycurús, desesperado á juicio de los mas, é incapaz de admitir el yugo de la ley de Cristo.

A D. Pedro Mercado y Peñalosa, sucedió el año de 1600, en el gobierno de Tucuman, D. Francisco Martinez de Leiva, caballero del hábito de Santiago, mas memorable en las historias chilenas, por su valor contra los Araucanos que en las tucumanas por sus facciones militares; ó porque sosegados los indios no ofrecieron egercicio á su valor, ó porque la muerte aceleró los pasos y cortó antes de tiempo el hilo de su vida.