Ocupó su lugar D. Francisco Barraza y Cárdenas: pero su gobierno, mas breve que el de su antecesor, finalizó la muerte el año de 1605. Sucedíole Alonso Ribera, célebre en las campañas de Flandes, defensa de Cambray, sorpresa de Amiens en el ardid del carro de nueces, operaciones militares en Italia, y valor experimentado en Chile. Su gobierno en Tucuman por ahora solo ofrece de particular el haber humillado al orgulloso Calchaquí, al cual puso freno el año de 1607 dentro del valle de Londres, con una ciudad que llamó San Juan de Ribera. El año de 1609 deshizo la villa de Madrid de las dos Juntas, y la incorporó con la de Esteco, trasladando ambas á dos leguas de la villa de Madrid, de esta banda del rio Salado.
Proseguia en el gobierno de su iglesia el ilustrísimo Fray Fernando Trejo, ejemplar de prelados, celando con incomparable vigilancia el bien espiritual de sus ovejas, tan padre de los pobres en lo que repartía de sus rentas, como pastor amoroso en la defensa y proteccion de su rebaño, oprimido á la sazon con extorsiones indecorosas. Defendió los límites de su obispado contra la pretension del ilustrísimo D. Alonso Ramirez de Vergara, que se apropiaba el derecho á los pueblos de Humaguaca y Casabindo.
§. XIX.
GOBIERNO DE D. DIEGO MARTIN NEGRON.
1610-1615.
A Hernando Arias de Saavedra, cuyo gobierno terminó á fines de 1609, ó principios de 1610, siguió D. Diego Martin Negron, digno sucesor de varon tan esclarecido. Era D. Diego caballero de prendas sobresalientes: su cristiandad realzaba la heredada nobleza, su discrecion le hacia amable, y su entereza respetable á todos. Tuvieron en él los indios padre amoroso que se compadeciese de sus necesidades, y protector inflexible de los fueros de su libertad, desatendidos, ó atendidos solamente para que la codicia de los encomenderos no los traspasase mas culpablemente. Punto era este que inútilmente lamentaban y repetian con frecuencia desde el púlpito los predicadores, con aquel efecto que si predicáran á estatuas de mármol, sordas á los gritos del pregonero. Lamentábalo tambien el Gobernador D. Diego, y esforzábase como justo y compasivo: pero uno solo contra la multitud de poderosos encomenderos, no podia prevalecer. Arrojo fué, que no desmerece el nombre de cristiano, el intentarlo, pero el brazo que habia de vencer este obstáculo pedia superior movimiento y poder mas soberano.
Tal fué el que trajo el año de 1611 el Dr. D. Francisco Alfaro, Oidor de la Real Audiencia de Chuquisaca, persona benemérita y de conocidos talentos para el empleo. Pero antes que registre la historia sus operaciones, y el fomento que tuvo en nuestro Gobernador, será bien tomar de atras la carrera, y referir los pasos que sobre el asunto se habian dado para desterrar el servicio personal de los indios: punto que pide larga relacion; pero ceñida en pocos términos, es en sustancia como sigue.—Con el descubrimiento de las Indias empezó el uso y abuso de los naturales, privándoles, á título de conquista, de la amada libertad que Dios y la naturaleza les habia concedido, no menos á ellos, que á los que pretendian hacerse dueños y señores. ¡Quien dijera que por descubrirse en el corazon de la Europa un nuevo reino, incognito hasta nuestros dias, y admitir con humanidad los regnícolas á los descubridores, habian estos de adquirir derecho á cautivar y poner en mísera servidumbre á los naturales! Y como si fuera poco hacerse dueños de sus opulencias y ricos minerales, ponerlos tambien en miserable esclavitud!
Este infame abuso, que parece obra de una fantasía delirante, introdujo en América la insaciable codicia, poco ó nada satisfecha con los inagotables tesoros y minas de que abundan las Indias. Muy á los principios empezaron á tratar á los naturales cual esclavos, y como lotes de negros, se transportaban navíos enteros de unas provincias en otras para ser vendidos en públicas almonedas. Materia era esta de gran sentimiento para los Católicos Monarcas, cuya piedad celó de propagar la Fé; y su conmiseracion con los indios les hizo dictar medidas que juzgaron oportunas para remediar males tan graves, y á la nacion española indecorosos: expediendo á este fin varias cédulas á los señores Vireyes, Audiencias y Gobernadores. Pero la suma distancia debilitaba la fuerza, y atenuaba el rigor de mandatos tan severos.
No obstante, á esfuerzos de aprémios y severas penas, despues de algun tiempo se abrogó la envejecida costumbre de cautivar naturales, y de reducirlos á miserable esclavitud. Bien que en antiguos y recientes monumentos hallamos algunas malocas, (esto es, entradas á cautivar y apresar indios para venderlos, y servirse de ellos furtivamente en los domésticos ministerios). Verdad es que desde el tiempo del Señor Felipe II cesó casi del todo la infame profesion de las malocas entre los españoles; y si tal cual vez osó la codicia atropellar los reales mandatos, se buscó asilo de inmunidad en las tinieblas, para no ser descubiertos con el hurto en las manos.