Gobernador segunda vez D. Sebastian Félix de Mendiola, á 26 de Setiembre de 1705.

Gobernador, por muerte del dicho Mendiola, nombrado por la Real Audiencia, D. Baltazar Garcia Ros: se recibió á 9 de Febrero de 1706.

Gobernador y Capitan General por Su Magestad D. Manuel de Robles, entró á 10 de Octubre de 1707.

Gobernador por Su Magestad D. Juan Gregorio Bazan de Pedraza, se recibió á 5 de Junio de 1713.

Por muerte suya año de 1716, entró á gobernar el General D. Andres Ortiz de Ocampo.

Gobernador y Capitan General D. Diego de los Reyes Balmaceda, quien entró á gobernar por el Sr. D. Antonio de Victoria, y se recibió de este gobierno á 5 de Febrero de 1717. Por las quejas y recursos que tuvo la Real Audiencia de Charcas, á quien está sugeta esta Provincia desde que se separó la de Buenos Aires, nombró por juez pesquisidor al Sr. Oidor y Protector general de Indias

D. José de Antequera Enriquez y Castro; cuyo empleo egerció desde el dia 15 de Setiembre de 1721, hasta el 6 de Junio de 1722: en que entró, y fué recibido por Gobernador en propiedad, nombrado por tal, por el Sr. Virey Morcillo, como consta de su despacho dado en Lima á 24 de Abril de 1721. Es de notar y advertir, que estos ministerios los egerció este caballero, no simultaneamente, sino muy separados y divididos, como consta de las fechas dichas, para que el curioso que leyere los instrumentos, que sobre la tragedia de este Sr. inserto aquí, no se confunda, y pese bien como puede la emulacion y envidia denigrar y obscurecer tanto la fama del emulado, que haga creer ser intruso el que es legítimo. Recibido pues de Gobernador el Señor Antequera, que sé yo que servicios reales encontró dicho virey Morcillo en el Señor D. Baltazar García Ros, teniente de Rey de Buenos Aires, para mandarlo de Gobernador á esta infeliz y combatida provincia. Resistiósele el dicho Antequera, y la ciudad toda, al estrépito militar con que venia dicho Ros á tomar posesion de su gobierno; quien escapándose á uña de buen caballo, se retiró de esta intentona, dejando en las márgenes del rio Tebicuarí destrozado todo su ejército Guaraníco, que se componia de mas de 6000 indios, que habia sacado de las Misiones de los padres Jesuitas. Por pacificador de todos estos disturbios, mandó el virey al Señor D. Bruno de Zavala, Gobernador de Buenos Aires á cuya insinuacion se ausentó el Sr. Antequera, y fué nombrado por Gobernador de esta provincia, segun el despacho del dicho virey—

D. Martin de Barúa, que fué recibido como tal el dia 4 de Mayo de 1725. Este mismo año se habia recibido en Lima de virey el Sr. D. José de Armandarú, Marquez de Castel Fuerte, quien considerando las cosas del Paraguay, mandó por Gobernador suyo á D. N. Surueta. Este vino, pero no fué admitido, antes sí el comun ó comunidad, en que entraban nobles y plebeyos, á manera de las que se levantaron en Castilla en tiempo del Señor Carlos V, le mandó que se retirase (querian estos comuneros, que no los olvidase tanto la Corte, y que de su soberano les viniese su Gobernador): y discreto, ó bien aconsejado, se retiró. De aquí fueron las furias del dicho Armandarú, cuyos efectos tuvieron tan dolorosas consecuencias, que aunque no sean de este lugar, por no dejar pendiente la narracion las apuntaré tan solamente. Perecieron en Lima en público cadalso el Señor Antequera, y el enviado procurador de esta provincia, Mena con tres religiosos de San Francisco: es decir, el auxiliante de Antequera, y dos mas despues, por haber salido en busca del yerto cadáver de su difunto tio; con un negro que expuso su vida para libertar la del guardian á quien se acertaba el tiro. En el Paraguay pereció á manos de los comuneros, el segundo Gobernador Ruilova, enviado por el Virey, y admitido por tal en su cabildo, y con él un Veinticuatro, nombrado Juan Baez; y se insolentó tanto la gente, que no es decible los excesos que cometieron.

El Señor de Barica, luego que vió alterado el pueblo, y empeñado á no admitir otro Gobernador que él, se apartó con esfuerzo del gobierno, y ellos nombraron sus generales ó justicia mayor, hasta el año de 1733, en que recibieron al dicho Ruilova que solo gobernó hasta su muerte violenta, que fué el día 15 de Setiembre de dicho año de 1733. Continuó el dicho comun nombrando sus generales: de quien no hago mencion por ser una madeja sin cuenta. Pero no omitiré el nombramiento que estos hombres hicieron en el Ilustrísimo Sr. D. Fray Juan de Arregui, que sucedió así—

Este varon grande, luego que le llegaron las bulas y cédula de Obispo de Buenos Aires, pasó á consagrase en la del Paraguay. Ya concluida esta funcion, y aprestándose para volverse á su iglesia, acaeció el levantamiento y muerte del Sr. Gobernador Ruilova. A vista de este hecho, y otros que trae la insolencia de una república alterada, procuró atajar todo lo posible estos excesos, yendose á un país que llaman Guayaibití, donde sucedió la muerte, por estar su Ilustrísima en un un pueblo inmediato, que pertenece á nuestra religion, nombrado El Yita, en donde se estaba aviando, ya despedido de la ciudad. Aquí estorbó todo lo posible, que quitasen la vida á un D. Antonio Arellano, cubriéndolo con su manto, y á todos aquellos que llamaban contrabandos, que eran los que no seguian la parte del comun. Aquietados ya algunos, supo su Ilustrísima como iban á entrar á la ciudad para pasar á cuchillo á todos los contrabandistas que en ella encontrasen; y compadecido é instado de algunos piadosos, volvió de dicho pueblo, que dista doce leguas, y encontrando al comun en un vallecito, donde está fundada la recoleccion nuestra que llaman Buricao, se fué á dicho convento en donde los exortó á que mirasen lo que hacian, y que nunca se justificaba su causa con tomarse ellos la justicia, si alguna tenian, matando y robando, &c. Aquietáronse por entonces, y lo dejaron tranquilo en este retiro de la Recoleta. Pero una tarde de improviso fueron á decirle que solo de una manera se sosegarian, y era tomando él el baston de gobernador. Entróse el Santo Obispo á la pobre iglesia, que entonces teniamos, y ni con súplicas y exhortaciones que les hizo, pudo persuadirles que disistiesen, clamando todos á un tiempo, que la voz del pueblo era la de Dios. Viendo este empeño, se retiró su Ilustrísima á nuestro convento grande, por ver si allí le dejaban, cesando de un intento tan estraño: pero ni así, porque, como dicen, á tirones le sacaron de la iglesia de aquel convento y le entregaron el mando y el baston, que tuvo por bien admitirlos, por evitar mayores daños é inconvenientes, como en efecto así sucedió, por el mucho amor que le tenian todos. Gobernó su Ilustrísima desde el dicho mes de Setiembre de 1733, hasta que pudo conseguir con ellos su retirada á su amada iglesia y patria de Buenos Aires, dejando en su lugar á D. Cristoval Dominguez, que habia sido su padrino de consagracion, y hombre de toda satisfaccion, que mantuvo á todos en sugecion y obediencia: hasta que por órden del Virey, al mandato volvió segunda vez el Señor D. Bruno Mauricio de Zabala á aquietar y sosegar la tierra. Entró á esta comision el año del Señor da 1735; y hechas algunas justicias, se retiró á su presidencia de Chile, á donde pasaba promovido del gobierno de Buenos Aires, en cuyo camino murió; y segun sus poderes, y comision que traia para nombrar Gobernador, hizo el nombramiento en el capitan de caballos