D. Martin José de Chauregui, quien desde dicho año de 1735; gobernó con todo acierto, discrecion y prudencia, hasta que se dignó el Rey mandar desde Europa nuevo Gobernador y Capitan General, que fué el Señor
D. Rafael de la Moneda, que entró en esta ciudad, y fué recibido el año del Señor de 1741. Este solo caballero, digno en todo de los mayores respetos, por su integridad, juicio y demas prendas grandes, adquiridas y heredadas, que son patentes, porque aun vive avecindado en Buenos Aires, supo y se dió tanta y tan buena maña entre esta gente, que pudo acabar con las brasas de los levantados, que habian quedado ocultas entre las cenizas que dejó D. Bruno. Digo esto, respecto á que, no obstante estas buenas partidas, por las que hasta ahora le lloran, tuvo valor uno ú otro eclesiástico para sublevar ó intentar hacerlo, algunos de aquellos, que habian quedado comuneros, y como se dice á sombras de tejados. Mas Dios permitió fuese sabedor de todo el dicho Gobernador, quien con sagacidad y arte, fué prendiendo á los principales cabezas de esta conjuracion que se ordenaba á quitarle la vida, por haber celado la honra de Dios y refrenado en ellos, ó los principales de este alzamiento sus notorios, públicos y torpes escándalos. Concluida la causa y el proceso, que todo se hizo en breve tiempo, les mandó quitar la vida. Fueron estos los únicos suplicios que en todo su gobierno egecutó, porque no sé qué se veia en este caballero, que hasta los gentiles bárbaros, como son los Payaguás y demas que hostilizan esta república, á su voz é imperio le obedecian, y todos se sugetaban y rendian: siendo esto mas de admirar por estar ciego. Cegó este Señor luego que entró en el gobierno, y acaso la primera visita que hizo de toda la provincia fué el motivo, por los ardientes soles del país, á que no estaba acostumbrado. Empero así se mantuvo con la entereza dicha, hasta el año de 1747 en que entregó el baston, por orden del Rey, al Sr. Coronel
D. Marcos de Larrazabal, hijo y natural de Buenos Aires: poco gobernó este Señor, porque por motivos que la Corte tuvo, concediéndole la merced futura de teniente de Rey de Buenos Aires, le mandó sucesor, que fué el Señor
D. Jaime Sansust, quien se mantuvo con apacible económia, desde el año de 1750, basta el de 1761 en que le promovió el Rey á Gobernador de Potosí. Por esta promocion vino de Gobernador un teniente del presidio de Buenos Aires y vecino de allí, que nombró el Sr. Ceballos, con las facultades que este hombre tenia de la Corte: y ya aquí admitido, le vino la cédula del Rey de tal Gobernador y Capitan General, llamábase
D. José Martinez Fontes quien, no concluyó su gobierno, porque el año de 1764, dia 29 de Noviembre, murió de aire perlático; y quedó en su lugar su Teniente General
D. Fulgencío Yedros, hijo y natural del Paraguay, hombre noble y de bellísimas prendas naturales, y en grado benéfico, sumo y de gran valor y espirítu militar, que así en el empleo como antes se le notó en las entradas varias que hizo tierra adentro contra los infieles que hostilizan esta provincia. No tuvo en su gobierno los mejores aciertos, por la mucha emulacion de contrarios, y por causa de haber nombrado teniente de Curuguatí á D. Bartolomé Larios Galvan, que fué la piedra de escándalo de aquella villa. Faltóle á este Sr. aquella destreza política, que casi es imposible encontrar en los que no han salido de este país. Y por esto tuvo algunos sinsabores y disgustos, en menos de dos años desde la fecha dicha, hasta el 29 de Setiembre del presente año de 1766, en que entregó el baston á D. Carlos Morphí que hoy gobierna, admitido Gobernador segun sé, por una mera carta del Ministro en que le dá aviso de como el Rey lo tiene hecho Gobernador de esta provincia. No sé que sea de este gobierno con las novedades de la Corte, y haber el Rey proveido en otro el ministerio, que tenia el Sr. de Esquilache, mudado del gobierno al Sr. Cevallos, que patrocinaba al dicho Morphí, y otras cosas notables que nos comunican cartas confidenciales de España y Buenos Aires, que no son de este lugar.
PARTE TERCERA.
GOBERNADORES DE BUENOS AIRES,
DESDE QUE SE DIVIDIO ESTA PROVINCIA DE LA DEL PARAGUAY, EN 1620, HASTA LA ERECCION DEL VIREINATO.