70 ¡Y qué indios, ni qué servicio; si allí no había ni cuartel! Nos mandaba el coronel a trabajar en sus chacras, y dejábamos las vacas que las llevara el infiel.

71 Yo primero sembré trigo y después hice un corral, corté adobe pa un tapial, hice un quincho, corté paja… ¡la pucha que se trabaja sin que le larguen un rial!.

72 Y es lo pior de aquel enriedo que si uno anda hinchando el lomo se le apean como un plomo… ¡quién aguanta aquel infierno! si eso es servir al gobierno, a mí no me gusta el cómo.

73 Más de un año nos tuvieron en esos trabajos duros; y los indios, le asiguro dentraban cuando querían: como no los perseguían, siempre andaban sin apuro.

74 A veces decía al volver del campo la descubierta que estuviéramos alerta, que andaba adentro la indiada, porque había una rastrillada o estaba una yegua muerta.

75 Recién entonces salía la orden de hacer la riunión, y caíbamos al cantón en pelos y hasta enancaos, sin armas, cuatro pelaos que íbamos a hacer jabón.

76 Ahi empezaba el afán -se entiende, de puro vicio- de enseñarle el ejercicio a tanto gaucho recluta, con un estrutor… ¡qué… Bruta! que nunca sabía su oficio.

77 Daban entonces las armas pa defender los cantones, que eran lanzas y latones con ataduras de tiento… las de juego no las cuento porque no había municiones.

78 Y un sargento chamuscao me contó que las tenían pero que ellos la vendían para cazar avestruces; y así andaban noche y día dele bala a los ñanduces.

79 Y cuando se iban los indios con lo que habían manotiao, salíamos muy apuraos a perseguirlos de atrás; si no se llevaban más es porque no habían hallao.