100 Dios le perdone al salvaje las ganas que me tenía… desaté las tres marías y lo engatusé a cabriolas… ¡pucha…! Si no traigo bolas me achura el indio ese día.

101 Era el hijo de un cacique, sigún yo lo averigüé; la verdá del caso jue que me tuvo apuradazo, hasta que por fin de un bolazo del caballo lo bajé.

102 Ahi no más me tiré al suelo y lo pisé en las paletas; empezó a hacer morisquetas y a mezquinar la garganta… pero yo hice la obra santa de hacerlo estirar la jeta.

103 Allí quedó de mojón y en su caballo salté; de la indiada disparé, pues si me alcanza me mata, y al fin me les escapé, con el hilo de una pata.

IV - El pulpero. A buena cuenta.

104 seguiré esta relación, aunque pa chorizo es largo: el que pueda hágase cargo cómo andaría de matrero, después de salvar el cuero de aquel trance tan amargo.

105 Del sueldo nada les cuento, porque andaba disparando; nosotros de cuando en cuando solíamos ladrar de pobres: nunca llegaban los cobres que se estaban aguardando.

106 Y andábamos de mugrientos que el mirarnos daba horror; les juro que era un dolor ver esos hombres, ¡por cristo! En mi perra vida he visto una miseria mayor.

107 Yo no tenía ni camisa ni cosa que se parezca; mis trapos sólo pa yesca me podían servir al fin… no hay plaga como un fortín para que el hombre padezca.

108 Poncho, jergas, el apero, las prenditas, los botones, todo, amigo, en los cantones jue quedando poco a poco; ya me tenían medio loco la pobreza y los ratones.