206 El negro, después del golpe, se había el poncho refalao y dijo: vas a saber si es solo o acompañado.

207 Y mientras se arremangó, yo me saqué las espuelas, pues malicié que aquel tío no era de arriar con las riendas.

208 No hay cosa como el peligro pa refrescar un mamao; hasta la vista se aclara por mucho que haiga chupao.

209 El negro me atropelló como a quererme comer; me hizo dos tiros seguidos y los dos le abarajé.

210 Yo tenía un facón con s, que era de lima de acero; le hice un tiro, lo quitó y vino ciego el moreno;

211 y en el medio de las aspas un planazo le asenté, que lo largué culebriando lo mesmo que buscapié.

212 Le coloriaron las motas con la sangre de la herida, y volvió a venir jurioso como una tigra parida.

213 Y ya me hizo relumbrar por los ojos el cuchillo, alcanzando con la punta a cortarme en un carrillo.

214 Me hirvió la sangre en las venas y me le afirmé al moreno, dándole de punta y hacha pa dejar un diablo menos.

215 Por fin en una topada en el cuchillo lo alcé, y como un saco de güesos contra un cerco lo largué.