216 Tiró unas cuantas patadas y ya cantó pal carnero: nunca me puedo olvidar de la agonía de aquel negro.
217 En esto la negra vino con los ojos como ají y empezó la pobre allí a bramar como una loba. Yo quise darle una soba a ver si la hacía callar, mas pude reflesionar que era malo en aquel punto, y por respeto al dijunto no la quise castigar.
218 Limpié el facón en los pastos, desaté mi redomón, monté despacio y salí al tranco pa el cañadón.
219 Después supe que al finao ni siquiera lo velaron, y retobao en un cuero, sin rezarle lo enterraron.
220 Y dicen que dende entonces, cuando es la noche serena suele verse una luz mala como de alma que anda en pena.
221 Yo tengo intención a veces, para que no pene tanto, de sacar de allí los güesos y echarlos al camposanto.
VIII - El ser gaucho es un delito.
222 otra vez en un boliche estaba haciendo la tarde; cayó un gaucho que hacia alarde de guapo y peliador; a la llegada metió el pingo hasta la ramada, y yo sin decirle nada me quedé en el mostrador.
223 Era un terne de aquel pago que naides lo reprendía, que sus enriedos tenía con el señor comendante; y como era protegido, andaba muy entonao, y a cualquier desgraciao lo llevaba por delante.
224 ¡Ah pobre! Si él mismo creiba que la vida le sobraba; ninguno diría que andaba aguaitándolo la muerte. Pero ansí pasa en el mundo, es ansí la triste vida: pa todos está escondida la güena o la mala suerte.