343 Para prestar un socorro las mujeres no son lerdas: antes que la sangre pierda lo arrimaron a unas pipas; ahi lo dejé con las tripas como pa que hiciera cuerdas.

344 Monté y me largué a los campos más libre que el pensamiento, como las nubes al viento a vivir sin paradero, que no tiene el que es matrero nido, ni rancho, ni asiento.

345 No hay juerza contra el destino que le ha señalao el cielo, y aunque no tenga consuelo, ¡aguante el que está en trabajo! ¡Nadies se rasca pa abajo, ni se lonjea contra el pelo!

346 Con el gaucho desgraciao no hay uno que no se entone ¡la menor falta lo espone a andar con los avestruces faltan otros con más luces y siempre hay quien los perdone.

XII - Ansí estuve en la partida.

347 Yo no sé qué tantos meses esta vida me duró; a veces nos obligó la miseria a comer potro: me había acompañao con otros tan desgraciaos como yo

348 Mas ¿para qué platicar sobre esos males, canejos? Nace el gaucho y se hace viejo, sin que mejore su suerte, hasta que por ahi la muerte sale a cobrarle el pellejo.

349 Pero como no hay desgracia que no acabe alguna vez, me aconteció que después de sufrir tanto rigor, un amigo, por favor, me compuso con el juez.

350 Le alvertiré que en mi pago ya no va quedando un criollo: se los ha tragao el hoyo, o juido o muerto en la guerra; porque, amigo, en esta tierra nunca se acaba el embrollo.

351 Colijo que jué por eso que me llamó el juez un día, y me dijo que quería hacerme a su lao venir, y que dentrase a servir de soldao de polecía.