352 Y me largó una proclama tratándome de valiente; que yo era un hombre decente, y que dende aquel momento me nombraba de sargento pa que mandara la gente.
353 Ansí estuve en la partida, pero ¿qué había de mandar? Anoche al irlo a tomar vide güena coyontura, y a mí no me gusta andar con la lata a la cintura.
354 Ya conoce, pues, quién soy; tenga confianza conmigo: Cruz le dio mano de amigo, y no lo ha de abandonar; juntos podemos buscar pa los dos un mesmo abrigo.
355 Andaremos de matreros si es preciso pa salvar; nunca nos ha de faltar ni un güen pingo pa juir, ni un pajal ande dormir, ni un matambre que ensartar.
356 Y cuando sin trapo alguno nos haiga el tiempo dejao, yo le pediré emprestao el cuero a cualquiera lobo, y hago un poncho, si lo sobo, mejor que poncho engomao.
357 Para mí la cola es pecho y el espinazo es cadera hago mi nido ande quiera y de lo que encuentro como; me echo tierra sobre el lomo y me apeo en cualquier tranquera.
358 Y dejo rodar la bola, que algún día se ha de parar- tiene el gaucho que aguantar hasta que lo trague el hoyo, o hasta que venga algún criollo en esta tierra a mandar.
362 Todos se güelven proyetos de colonias y carriles, y tirar la plata a miles en los gringos enganchaos, mientras al pobre soldao le pelan la cucha- ¡ah, viles!
363 Pero si siguen las cosas como van hasta el presente, puede ser que redepente veamos el campo disierto, y blanquiando solamente los güesos de los que han muerto.
359 Lo miran al pobre gaucho como carne de cogote: lo tratan al estricote y si ansí las cosas andan, porque quieren los que mandan, aguantemos los azotes.