50 Sosegao vivía en mi rancho como el pájaro en su nido, allí mis hijos queridos iban creciendo a mi lao… sólo queda al desgraciao lamentar el bien perdido.

51 Mi gala en las pulperías era, en habiendo más gente, ponerme medio caliente, pues cuando puntiao me encuentro me salen coplas de adentro como agua de la virtiente.

52 Cantando estaba una vez en una gran diversión, y aprovecho la ocasión como quiso el juez de paz… se presentó, y ahi nomás hizo arriada en montón.

53 Juyeron los más matreros y lograron escapar: yo no quise disparar, soy manso y no había porqué, muy tranquilo me quedé y ansí me dejé agarrar

54 allí un gringo con un órgano y una mona que bailaba, haciéndonos rair estaba, cuanto le tocó el arreo, ¡tan grande el gringo y tan feo, lo viera cómo lloraba!.

55 Hasta un inglés zanjiador que decía en la última guerra que él era de incalaperra y que no quería servir, también tuvo que juir a guarecerse en la sierra.

56 Ni los mirones salvaron de esa arriada de mi flor, fue acoyarao el cantor con el gringo de la mona, a uno solo, por favor, logró salvar la patrona.

57 Formaron un contingente con los que del baile arriaron, con otros nos mesturaron, que habían agarrao también, las cosas que aquí se ven ni los diablos las pensaron.

58 A mí el juez me tomó entre ojos en la ultima votación: me le había hecho el remolón y no me arrimé ese día, y él dijo que yo servía a los de la esposición.

59 Y ansí sufrí ese castigo tal vez por culpas ajenas, que sean malas o sean güenas las listas, siempre me escondo: yo soy un gaucho redondo y esas cosas no me enllenan.