431 Se armó un tremendo alboroto cuando nos vieron llegar; no podiamos aplacar tan peligroso hervidero; nos tomaron por bomberos y nos quisieron lanciar.
432 Nos quitaron los caballos a los muy pocos minutos; estaban irresolutos; ¡quién sabe qué pretendían! Por los ojos nos metían las lanzas aquellos brutos.
433 Y déle en su lengüeteo hacer gestos y cabriolas; uno desató las bolas y se nos vino enseguida; ya no créiamos con vida salvar ni por carambola.
434 Alla no hay misericordia ni esperanza que tener; el indio es de parecer que siempre matar se debe, pues la sangre que no bebe le gusta verla correr.
435 Cruz se dispuso a morir peliando y me convidó. "Aguantemos", dije yo, "El fuego hasta que nos queme". Menos los peligros teme quien más veces lo venció.
436 Se debe ser mas prudente cuando el peligro es mayor; siempre se salva mejor andando con alvertencia porque no está la prudencia reñida con el valor.
437 Vino al fin el lenguaraz como a trairnos el perdón; nos dijo: "La salvación se la deben a un cacique; me manda que les esplique que se trata de un malón."
438 "Les ha dicho a los demás que ustedes quedan cautivos por si cain algunos vivos en poder de los cristianos, rescatar a sus hermanos con estos dos fugitivos."
439 Volvieron al parlamento a tratar de sus alianzas, o tal vez de las matanzas, y, conforme les detallo, hicieron cerco a caballo recostándose en las lanzas.
440 Dentra al centro un indio viejo y alli a lengüetiar se larga; ¡quién sabe qué les encarga! Pero toda la riunión lo escuchó con atención lo menos tres horas largas.