422 Déjenmé tomar un trago: estas son otras cuarenta mi garganta esta sedienta, y de esto no me abochorno, pues el viejo, como el horno, por la boca se calienta.

II

423 Triste suena mi guitarra y el sunto lo requiere; ninguno alegrías espere sino sentidos lamentos de aquel que en duros tormentos nace, crece, vive y muere.

424 Es triste dejar sus pagos y largarse a tierra ajena llevándose la alma llena de tormentos y dolores; mas nos llevan los rigores como el pampero a la arena.

425 Irse a cruzar el desierto lo mesmo que un forajido, dejando aquí en el olvido, como dejamos nosotros, su mujer en brazos de otro y sus hijitos perdidos.

426 ¡Cuantas veces al cruzar en esa inmensa llanura, al verse en tal desventura y tan lejos de los suyos, se tira uno entre los yuyos a llorar con amargura!

427 En la orilla de un arroyo solitario lo pasaba, en mil cosas cavilaba y, a una güelta repentina, se me hacía ver a mi china o escuchar que me llamaba.

428 Y las aguas serenitas bebe el pingo trago a trago, mientras sin ningún halago pasa uno hasta sin comer, por pensar en su mujer, en sus hijos y en su pago.

429 Recordarán que con Cruz para el desierto tiramos en la pampa nos entramos, cayendo, por fin del viaje, a unos toldos de salvajes, los primeros que encontramos.

430 La desgracia nos seguía: llegamos en mal momento; estaban de parlamento tratando de una invasión y el indio en tal ocasión recela hasta de su aliento.