470 En semejante ejercicio se hace diestro el cazador: cai el piche engordador, cai el pájaro que trina; todo bicho que camina va parar al asador.

471 Pues allí a los cuatro vientos la persecución se lleva; nadie escapa de la leva y dende que el alba asoma ya recorre uno la loma, el bajo, el nido y la cueva.

472 El que vive de la caza a cualquier bicho se atreve, que pluma o cáscara lleve, pues, cuando la hambre se siente, el hombre le clava el diente a todo lo que se mueve.

473 En las sagradas alturas esta el Maistro principal que enseña a cada animal a procurarse el sustento, y le brinda el alimento a todo ser racional.

474 Y aves y bichos y pejes se mantienen de mil modos: pero el hombre en su acomodo es curioso de oservar: es el que sabe llorar y es el que los come a todos.

IV

475 Antes de aclarar el día empieza el indio a aturdir la pampa con su rugir, y en alguna madrugada, sin que sintiéramos nada, se largaban a invadir.

476 Primero entierran las prendas en cuevas como peludos; y aquellos indios cerdudos, siempre llenos de recelos, en los caballos en pelos se vienen medio desnudos.

477 Para pegar el malón el mejor flete procuran; y como es su arma segura vienen con la lanza sola, y varios pares de bolas atados a la cintura.

478 De ese modo anda liviano no fatiga al mancarrón; es su espuela en el malón, después de bien afilao, un cuernito de venao que se amarra en el garrón.