556 Allí pasaba las horas sin haber naides conmigo teniendo a Dios por testigo, y mis pensamientos fijos en mi mujer y mis hijos, en mi pago y en mi amigo.

557 Privado de tantos bienes y perdido en tierra ajena, parece que se encadena el tiempo y que no pasara, como si el sol se parara a contemplar tanta pena.

558 Sin saber qué hacer de mí y entregao a mi aflición, estando allí una ocasión, del lao que venía el viento oi unos tristes lamentos que llamaron mi atención.

559 No son raros los quejidos en los toldos del salvaje, pues aquél es vandalaje donde no se arregla nada sino a lanza y puñalada, a bolazos y coraje.

560 No preciso juramento, deben creerle a Martín Fierro; he visto en este destierro a un salvaje que se irrita, degollar a una chinita y tirarsela a los perros.

561 He presenciado martirios, he visto muchas crueldades, crímenes y atrocidades que el cristiano no imagina, pues ni el indio ni la china sabe lo que son piedades.

562 Quise curiosiar los llantos que llegaban hasta mí; al punto me dirigí al lugar de ande venían: ¡Me horroriza todavía el cuadro que descubrí!

563 Era una infeliz mujer que estaba de sangre llena, y como una madalena lloraba con toda gana; conocí que era cristiana y esto me dió mayor pena.

564 Cauteloso me acerqué a un indio que estaba al lao, porque el pampa es desconfiao siempre de todo cristiano, y vi que tenía en la mano el rebenque ensangrentao.

VIII