547 Se le pasmó la virgüela, y el pobre estaba en un grito; me recomendó un hijito que en su pago había dejado: "Ha quedado abandonado". Me dijo, "Aquel pobrecito".
548 "Si vuelve, búsquemeló", me repetía a media voz; "En el mundo eramos dos, pues él ya no tiene madre; que sepa el fin de su padre y encomiende mi alma a Dios".
549 Lo apretaba contra el pecho, dominao por el dolor; era su pena mayor el morir allá entre infieles sufriendo dolores crueles entrego su alma al Criador.
550 De rodillas a su lado yo lo encomendé a Jesús. Faltó a mis ojos la luz, tuve un terrible desmayo; cai como herido del rayo cuando lo vi muerto a Cruz.
VII
551 aquel bravo compañero en mis brazos espiró; hombre que tanto sirvio, varon que fue tan prudente, por humano y por valiente en el desierto murió.
552 Y yo, con mis propias manos, yo mesmo lo sepulté; a Dios por su alma rogué de dolor el pecho lleno, y humedeció aquel terreno el llanto que redamé.
553 Cumplí con mi obligación; no hay falta de que me acuse, ni deber de que se escuse, aunque de dolor sucumba: allá señala su tumba una cruz que yo le puse.
554 Andaba de toldo en toldo y todo me fastidiaba; el pesar me dominaba, y entregao al sentimiento se me hacía cada momento oir a Cruz que me llamaba.
555 Cual más, cual menos, los criollos saben lo que es amargura; en mi triste desventura no encontraba otro consuelo que ir a tirarme en el suelo, al lao de su sepultura.