537 Esas fiebres son terribles, y aunque de esto no disputo ni de saber me reputo, "Será", decíamos nosotros, "De tanta carne de potro como comen esos brutos".

538 Había un gringuito cautivo que siempre hablaba del barco, y lo augaron en un charco por causante de la peste; tenía los ojos celestes como potrillo zarco.

539 Que le dieran esa muerte dispuso una china vieja, y aunque se aflije y se queja, es inútil que resista: ponia el infeliz la vista como la pone la oveja.

540 Nosotros nos alejamos para no ver tanto estrago; Cruz sentia los amagos de la peste que reinaba, y la idea nos acosaba de volver a nuestros pagos.

541 Pero contra el plan mejor el destino se rebela. ¡La sangre se me congela! El que nos había salvado cayó tambien atacado de la fiebre y la virgüela.

542 No podiamos dudar, al verlo en tal padecer, el fin que habia de tener, y Cruz que era tan humano: "Vamos", me dijo, "Paisano a cumplir con un deber".

543 Fuimos a estar a su lado para ayudarlo a curar; lo vinieron a buscar y hacerle como a los otros; lo defendimos nosotros, no lo dejamos lanciar.

544 Iba creciendo la plaga y la mortandá seguía. A su lado nos tenía cuiandolo con pacencia, pero acabó su esistencia al fin de unos pocos días.

545 El recuerdo me atormenta; se renueva mi pesar; me dan ganas de llorar; nada a mis penas igualo; Cruz también cayó muy malo ya para no levantar.

546 Todos pueden figurarse cuánto tuve que sufrir; yo no haciá sino gemir, y aumentaba mi aflición no saber una oración pa ayudarlo a bien morir.