527 A la voluntad de Dios ni con la intención resisto: el nos salvó…¡Ah, Cristo!, Muchas veces he deseado no nos hubiera salvado ni jamás haberlo visto.

528 Quien recibe beneficios jamás los debe olvidar; y al que tiene que rodar en su vida trabajosa, le pasan a veces cosas que son duras de pelar.

529 Voy dentrando poco a poco en lo triste del pasaje; cuando es amargo el brebaje el corazón no se alegra; dentró una virgüela negra que los diezmó.

530 Al sentir tal mortandá los indios, desesperaos, gritaban alborotados: "¡Cristiano echando gualicho!" No quedó en los toldos bicho que no salió redotao.

531 Sus remedios son secretos, los tienen las adivinan; no los conocen las chinas sino alguna ya muy vieja, y es la que lo aconseja con mil embustes, la indina.

532 Alli soporta el paciente las terribles curaciones, pues a golpes y estrujones son los remedios aquellos: los agarran de los cabellos y le arrancan los mechones.

533 Les hacen mil herejías que el presenciarlas da horror; brama el indio de dolor por los tormentos que pasa, y untandolo todo de grasa lo ponen a hervir al sol.

534 Y puesto allí boca arriba, alrededor le hacen fuego; una china biene luego y al oido le da de gritos; hay algunos tan malditos que sanan con este juego.

535 A otros les cuecen la boca aunque de dolores cruja; lo agarran allí y lo estrujan, labios le queman y diente con un güevo bien caliente de alguna gallina bruja.

536 Conoce el indio el peligro y pierde toda esperanza; si a escapárseles alcanza dispara como la liebre; le da delirios la fiebre, y ya le cain con la lanza.