518 Es para él como un juguete escupir un crucifijo; pienso que Dios los maldijo y ansina al ñudo desato: el indio, el cerdo y el gato redaman sangre del hijo.
519 Mas ya con cuentos de pampas no ocuparé su atención; debo pedirles perdón, pues sin querer me distraje; por hablar de esos salvajees me olvidé de la junción.
520 Hacen un cerco de lanzas, los indios quedan ajuera; dentra la china ligera como yeguada en la trilla, y empieza allí la cuadrilla a dar güeltas en la era.
521 A un lao están los caciques, capitanejos y el trompa tocando con toda pompa como un toque de fajina; adentro muere la china, sin que aquel circulo rompa.
522 Muchas veces se les oyen a las pobres los quejidos; mas son lamentos perdidos: al rededor del cercao, en el suelo están mamaos los indios dando alaridos.
523 Su canto es una palabra y de ahi no salen jamás; llevan todas el compás "Ioká-ioká" repitiendo; me parece estarlas viendo mas fieras que Satanás.
524 Al trote dentro del cerco, sudando, hambrientas, juriosas, desgreñadas y rotosas, de sol a sol se lo llevan: bailan aunque truene o llueva, cantando la mesma cosa.
VI
525 el tiempo sigue su giro y nosotros, solitarios; de los indios sanguinarios no teníamos qué esperar; el que nos salvó al llegar era el más hospitalario.
526 Mostró noble corazón, cristiano anhelaba ser; la justicia es un deber, y sus méritos no callo: nos regaló unos caballos y a veces nos vino a ver.